20 julio, 2024

El portento de ser madre

De tanto caminar la vida, llevo ligeros los pies,
fueron muchos los caminos por los que emprendí mi andar:
Senderos llanos, fáciles de transitar,
caminos duros, de piedra y polvaredas;
que para salvarlos tuve los atajos que buscar.
Mas, todos los caminos me fueron fácil de andar,
porque tuve una madre, taumaturga natural
que convirtió en luz toda sombra
para que pueda avanzar:
en diamantes los guijarros,
el fango en laguna azul
Y los negros nubarrones me los enseñó a esquivar.
Me preparó un equipaje que nunca lo abandoné:
de alegría de vivir, sin odios y sin rencores,
de paciencia y esperanza ante toda adversidad.
de ver lo bueno en los hombres,
sin ninguna mezquindad;
más el tesón, para hacer todo sueño realidad.
Taumaturgia natural de la madre que yo tuve,
y me la dio en heredad, para cuando yo sea mujer,
pueda igual que ella, oficiarla
en cada hijo engendrado con el hombre de mi amor.
Portento maravilloso convertido en realidad
cuando ellos, uno a uno, saliendo de mis entrañas
¡en madre me convirtieron!

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Sor Juana Inés de la Cruz

Pido perdón a los fieles seguidores de esta serie, por la falla de la semana pasada. Se traspapeló la poesía y por eso, se publicó dos días luego de la fecha. Siguiendo la línea de la semana pasada, tengo que poner a continuación la hermosa defensa de la mujer, hecha por Sor Juana Inés de la Cruz, en su redondilla.

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (¿será descendiente del Marqués de Santillana?), nacida en Nepantla, Ciudad de México, México en 1651, fue una religiosa y escritora de la Nueva España del Siglo de Oro. Cultivó la poesía lírica, el autosacramental, el teatro y la prosa. Mujer de verso fácil y agradable. Por la importancia de su obra, recibió los sobrenombres de “la Fénix de América” y “la Décima Musa Mexicana”. Siendo de noble familia, a los 16 años (1667) ingresó a la vida religiosa a fin de consagrarse por completo a Dios y a la literatura. Su obra dramática incluye lo religioso y lo profano. Sus obras más brillantes en este género son “amor es más laberinto”, “Los empeños de una casa” y una serie de autos sacramentales diseñados para representarse en la Corte. Desde niña destacó por su afán de conocimiento. Se cuenta que en la escuela, si no aprendía bien una lección, cortaba un pedazo de su propio cabello. Siendo prohibido en su época que las mujeres fueran a la Universidad, intentó vanamente convencer a su madre que le permita estudiar vestida como hombre. A los ocho años ganó un libro por una loa compuesta en honor del Santísimo Sacramento.

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