Viendo artículos de

Juan Pablo Neira

En nuestro país, para quienes escribimos o, mejor dicho, para quienes todavía tenemos el privilegio de expresarnos libremente, no hacerlo sobre temas de coyuntura se convierte en una empresa imposible.

Hago esta pequeña reflexión porque tenía la positiva intención de redactar una nota fresca, alejada de la tediosa realidad que nos oprime pero, al enterarme sobre la entrada en vigencia del veto presidencial al mal llamado Código de la Democracia, no puedo hacer otra cosa que tratar de explicar esta descarada, insolente y grosera agresión a derechos fundamentales como el de información y expresión, directamente relacionados a nuestro derecho de elegir en un ambiente democrático.

Parece una tomadura de pelo a todo el país, hecha con el descaro propio del que se siente intocable por el inmenso poder que ostenta, aquel que ha renunciado, ensimismado en su ego, a la obligación de responder no solo a sus mandantes, sino además a la historia.

No porque no haya querido, sino simplemente porque me parecía que era lo correcto; había decidido aceptar un compromiso y me fui a trabajar con un buen amigo, de esos hermanos que uno adopta en el transcurso de la vida, el cual tuvo un cargo temporal durante este régimen.

Mientras escribo advierto que ni siquiera le he puesto título a este escrito, que tampoco sé si pueda llamarlo artículo y del cual no decido aún si, una vez concluido, lo enviaré o no a que lo publiquen en el medio donde usualmente escribía.

Tengo varias razones para este sinsentido, me impulsa a escribir la indignación de contemplar como en este país se van desapareciendo las libertades individuales, progresiva y paulatinamente, sin que la gente tome real conciencia de este hecho y no reclame, ni luche por sus derechos. Me detiene el miedo, sí el miedo, a las reacciones de un gobierno intolerante y vengativo ante aquellos que se atreven a opinar en contra de sus excesos, abusos y agresiones constantes.

He querido, responsablemente, leer el nuevo proyecto de Constitución; para poder analizar imparcial y objetivamente su contenido, las circunstancias en que éste fue redactado, la técnica jurídica aplicada, así como la realidad nacional considerada y los principios filosóficos y doctrinarios plasmados en el mismo, para ponderar fundamentadamente los motivos de forma y de fondo por los cuales debería tomar mi decisión de apoyo o rechazo al proyecto de marras...

No he escrito desde hace algún tiempo en esta trinchera, porque al tratar de hacerlo, simplemente no he podido elegir un tema, son tantos, de tanta importancia y se han sucedido tan precipitadamente que, créanlo o no, me he sentido abrumado ante su número y decepcionado ante su magnitud y me ha provocado una especie de parálisis anímica, porque sentí por un momento, inútiles los esfuerzos de todos aquellos que escribimos aquí y en otros foros en contra de los abusos y desenfrenos del gobierno de la revolución ciudadana.

Sin embargo, superado el lapsus, me puse a pensar y a escribir nuevamente, sobre lo que nos ha tocado vivir los últimos 28 años de aparente democracia.

Desde que los ecuatorianos, tras un largo período de gobiernos dictatoriales, celebramos con esperanza la apertura al sistema democrático en 1979, hemos sido testigos del desarrollo de un proceso lento e imperfecto, lleno de vicios y errores que se han repetido constantemente hasta estos días...

Durante su inacabable campaña electoral, Rafael Correa y su apasionado discurso conquistó a la clase media alta y les vendió un proyecto ideológico-político fundamentado, principalmente, en la convocatoria a una Asamblea Constituyente que redactaría una nueva Constitución Política y, como resultado lógico, transformaría el marco institucional del Estado, terminando definitivamente con la politiquería, la corrupción y toda la inmundicia, propia del sistema imperante, a través de una revolución ciudadana que desvanecería para siempre nuestras frustraciones y desesperanzas;

Sin embargo, ya antes de llegar a Carondelet empezó a cambiar sus propuestas de campaña, tanto en la forma como en el fondo, traicionando su discurso y, lo que es peor, a todos cuantos creyeron en el, pues seguimos enfrascados en una lucha interna estéril, sin motivo o fundamento alguno, que no sea la pueril disputa de intereses particulares, lucha protagonizada por quienes defienden resuelta y enérgicamente los privilegios que brinda un sistema mas parecido a una corte real que a un estado democrático.

Pero, en todo caso, el motivo de este artículo no es volver a hacer un diagnóstico general de nuestra realidad, que no merece ni aguanta más diagnósticos ni discursos,  sino referirme de manera específica a un tema que me parece muy delicado y preocupante.

Una de las principales premisas del proyecto político de Rafael Correa, como ya lo manifesté anteriormente, fue la de desterrar la corrupción en las instituciones del Estado. Pacifictel S.A., en consecuencia, resultaba una de las más necesitadas de limpieza, pues la telefónica ha sido siempre uno de los principales botines políticos de todos los gobiernos que han precedido al de la revolución ciudadana. 

Lucha que es de la más plausible de todas, pues todos sabemos que la telefónica siempre ha sido presa del clientelismo político, invadida de miles de pipones, representantes de los principales partidos políticos, que se han enquistado cual parásitos para lucrar del muy rentable negocio de la corrupción, sin embargo, luego de las primeras gestiones de la actual administración, ya no se escuchan tantos escándalos, lo que resulta en sumo grado ponderable y plausible.

No obstante, en su afán de recuperar las pérdidas producidas por la corrupción que imperaba en la empresa, el Presidente Ejecutivo y su Directorio han decidido tomar correctivos que, si bien no puede llamárselos corruptos porque no lo son, personalmente los considero abusivos en contra de su principal sustento, los cientos de miles de abonados, y definitivamente, alejados de los más elementales principios del Derecho.

Me refiero específicamente al débito por transferencia de línea anulada que aparece en los estados de cuenta de algunos usuarios que, según la telefónica, mantienen valores impagos a su favor, teniendo en buena parte como único fundamento su base de datos, es decir no cuentan con facturas o, por lo menos, con estados de cuenta reales.

Pacifictel, actuando en contra de sus clientes y en contra del Derecho, pretende cobrar deudas que durante más de diez años no ha cobrado, por evidente ineficiencia propia, incluyendo en las facturas de sus usuarios, además del consumo telefónico y recargos de ley, un débito por valores correspondientes a deudas vencidas y, en muchos casos, prescritas, violando lo establecido en el artículo 40 de la Ley Orgánica de Defensa del Consumidor, creando deudas que legalmente no deberían existir, pues la telefónica, a través de sus funcionarios, a lo largo del tiempo y  violentando su propio reglamento, ha permitido que aquellos usuarios  que mantenían deudas puedan contratar otras líneas telefónicas;

Han dejado de prestar el servicio a las líneas anteriores, pero las han mantenido activas durante varios años, generando facturación por pensión básica e impuestos de ley, sin brindar servicio; no han comercializado aquellas líneas telefónicas, originando un perjuicio enorme a Pacifictel  y a aquellos clientes que no cuentan con una línea porque según la empresa no existen disponibilidad del servicio.

En algunos casos, estas deudas han sido generadas por líneas que no han sido solicitadas por los clientes, lo que hace entendible que muchos de ellos se quejen de no haberse enterado por varios años de la supuesta deuda; y, lo que es peor, no atienden sus justos reclamos  y se encuentran en la incómoda posición de sufrir nuevamente la pérdida de sus líneas telefónicas.

Lo que deberían hacer, de acuerdo con la Ley, es analizar responsable y detalladamente cada caso y demandar civilmente aquellas obligaciones que pueda demandar y aquellas que no, por encontrarse prescritas o por ser producto de la corrupción interna, deberían ser objeto de investigación profusa para encontrar a los responsables dentro de la empresa e iniciar las acciones legales que correspondan.

El Presidente Ejecutivo de Pacifictel, al parecer, no sabe contra que mounstro pelea y terminará perdiendo si no se da cuenta pronto.  Debe recordar que también es su obligación procurar que sus clientes, única fuente legal de sustento de la empresa que dirige, se encuentren protegidos contra atropellos, inequidades, posturas abusivas o engaños.

Espero que le vaya bien en su contienda Economista Guerra, lamentablemente, lo que está haciendo con la mano,  lo está borrando con el codo.   No se puede luchar contra la corrupción violentando la Ley,  es imposible en un Estado de Derecho.
Hace pocos días leí un artículo acerca de la importancia de los signos de puntuación en la escritura, su efecto transformador sobre una misma frase y como puede cambiarse totalmente el sentido de lo que se quiere expresar si se utiliza otra puntuación gramatical;

Me acordaba, mientras leía, de la frase más repetida en los medios de comunicación los últimos meses y que sirve de título a estas líneas;

Frase que se ha convertido en el principal instrumento de propaganda del régimen de Correa y que, en primera instancia, pudiera sonar conmovedora y hasta alentadora, pero que al pasar de los días y de las acciones presidenciales se ha ido convirtiendo en una frase equivocada y engañosa, por la utilización de los signos que la acompañan;

En efecto, la tan mentada frase aparece en la propaganda oficialista entre grandes signos de admiración, pretendiendo significar que los ecuatorianos hemos vuelto a tener patria, que el Presidente Correa nos la ha regresado, que se han terminado las malas prácticas políticas, que hemos desterrado finalmente la corrupción, la discriminación y las injusticias sociales, que estamos edificando las bases de una verdadera democracia participativa, que los derechos de nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, no volverán a ser conculcados… nada más alejado de la verdad;

El presidente y su errática forma de gobernar se han encargado solos de cambiar los grandes signos de admiración por unos gigantescos signos de interrogación ¿La patria ya es de todos?  Y me pregunto además ¿Cuál patria? ¿Cuáles todos?  

Pues me imagino que la patria que el Presidente irrealmente percibe o que distorsionadamente imagina y publicita sí es de todos, pero de todos los que piensan como él y que comparten su círculo íntimo de poder e influencia, el resto… no tiene cabida en esa patria de propaganda oficial.

Nosotros, los ciudadanos rasos,  somos dueños de la otra patria, la real, la de la injusticia y desigualdad social, la de la intolerancia, el abuso de poder y falsa democracia, la del cinismo, la revancha y politiquería, la del centralismo y la enjundia estatal, esa patria que siempre nos ha atormentado, esa que, a una gran mayoría de ilusos que le creyeron, el presidente – candidato, a pesar de sus promesas, no ha podido cambiar.

Por si acaso, previendo cualquier manifestación de intolerancia oficial, me permito recordarle al presidente una frase de alguien a quien el dice admira mucho, Simón Bolívar, que cobra enorme vigencia en nuestra patria, especialmente en estos días.

"El que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que produzcan los errores."
Simón Bolivar
 

Esto no es un artículo de opinión, no lo he querido así, realmente hoy no he podido escribir sobre temas nacionales y les ofrezco mis disculpas por molestarlos con cosas tan personales, no es una queja, ni un lamento, simplemente es el grito desesperado de mi alma que no puedo contener más. No es una carta romántica, pero habla de amor, tal vez del amor más puro e intenso que el ser humano puede llegar a sentir, el amor a sus hijos.

Desde hace un poco menos de cuatro meses mis hijos no están conmigo, por esas cosas que tiene la vida se han ido a vivir lejos, a otro país. Se que están bien, lo puedo sentir cuando los veo y hablo con ellos cada semana, pero es irrefrenable la angustia que me destroza el corazón al sentir su ausencia.

Desde que supe que existían, a cada uno en su momento, los ame con pasión, cada día les hablaba y sentía sus movimientos en el vientre de su madre, cuando los vi nacer perdí la razón, me enamoré con locura cuando aferraron su mano pequeña en la mía, y ese amor inmenso, incalculable, creció cada vez más con cada sonrisa, con cada llanto, con cada desvelo y cada consuelo, con cada paso que daban y cada palabra que pronunciaban, con cada sonrisa que me ofrecían, con cada abrazo que con amor me regalaban, con cada logro y con cada fracaso suyo, porque más que suyos eran míos también, porque reímos y lloramos los tres, porque disfruté cada instante que viví con ellos y para ellos.

El poder estar juntos y ver como crecían fue un bendición, el ser parte fundamental de su existencia, un privilegio; el verlos felices, una prerrogativa excepcional de la vida; el saberlos sanos, gracia divina; el contemplarlos al dormir confiados, sin preocupaciones, una muestra palpable del amor de Dios.

Trato de encontrar fuerza y esperanza es su recuerdo, pero es su recuerdo el que me aniquila, el que me destruye, el que me mata lentamente, me hacen falta sus gritos, necesito abrumadoramente su risa, sus olores, sus sabores, su amistad y complicidad, volver a sentir su respiración que disfrutaba cuando dormíamos juntos, sus chistes, sus ocurrencias, hasta sus pucheros, necedades, malacrianzas y rabietas.

Cada segundo con ellos fue una aventura, felicidad suprema, pero ahora no están más conmigo, se que están bien, lo puedo sentir cuando hablo con ellos cada semana, y aunque agradezco a Dios cada día por haberme bendecido con su presencia, hoy no puedo más y es irremisible la angustia que me destroza el corazón al sufrir cada vez más profundo en mi alma su ausencia.

No me cabe la menor duda que el aparato de distracción pública del eterno candidato no conoce límite alguno, no entiende de fronteras o barreras morales, éticas o filosóficas y no conoce de escrúpulos, pues sin ningún nivel de circunspección y bastante de insensatez ha puesto en discusión nacional el tema de la legalización del aborto, la unión de hecho homosexual y la inclusión o no de Dios en la Constitución.

Lo peor de todo esto es que, muy probablemente, cuando se publique este artículo el tema ya se encuentre solucionado; es decir, luego de desviar la atención del pueblo ecuatoriano, en su gran mayoría creyente de Dios y practicante de alguna religión reconocerán su error, reivindicarán el derecho al debate como garantía de las decisiones democráticas y todo volverá a su cauce, mientras tanto hemos olvidado el desprecio por parte de la Asamblea al mandato de Guayaquil, el grave problema de las inundaciones y de la, aún más grave, indolencia gubernamental al respecto.

Pero, siguiéndole el juego al régimen, voy a desviar mi atención, como muchos otros ecuatorianos lo han hecho, de asuntos verdaderamente trascendentales y me voy a referir exclusivamente a la chifladura esta de la despenalización del aborto, porque realmente me interesa dejar en claro ciertos aspectos fundamentales sobre el respeto a la vida.

Quien promueve el aborto es la asambleísta María Paula Romo, basada en la absurda tesis de la soberanía del cuerpo pretende vendernos la repulsiva idea de que existe una justificación para acabar con la vida de un ser humano en formación, sin detenerse a pensar que la criatura que se encuentra dentro del vientre materno es un individuo diferente de quien le brinda alojamiento temporal, con todos sus derechos fundamentales en plena vigencia y sobre los cuales nadie tiene derecho a disponer de forma alguna.

Una cosa es la libre opción a la maternidad, lo que implica más una responsabilidad que un derecho, y otra muy diferente la interrupción libre de la preñez, lo que implica un delito a un ser indefenso e inocente y no un derecho de la mujer.

Pero más allá de eso resulta realmente insultante que aquellos que se rasgaron las vestiduras y lloraron a los guerrilleros en pijamas y denunciaron el vil asesinato de indefensas personas durmiendo, proclamen tan fervientemente que el Estado permita el asesinato de una criaturita, esa si indefensa y durmiendo nueve meses, por parte de quien está llamada a procurarle alimento y protección.

En vez de estar promoviendo la ignorancia y el reconocimiento de derechos sin responsabilidad, el Estado debería preocuparse por educar al pueblo para que lleven su vida sexual con libertad, pero con sensatez, madurez y prudencia, de esta forma, únicamente de esta forma, podremos decir que gozamos de nuestro cuerpo soberano.

Esta breve reflexión inevitablemente me lleva a otra aún mayor y más grave: Estamos involucionando como sociedad. Cada vez más, las lúcidas mentes socialistas subyugadas al pensamiento de Rafael Correa, pretenden ahondar la dependencia del colectivo al gobierno y con una necedad propia del insulso se encuentran redactando una Constitución que durará lo que la popularidad del eterno candidato, así las cosas, nos encaminamos inevitablemente a sufrir las consecuencias de un aborto P.A.I.S.

Un método general y sencillo para realizar un análisis objetivo de gestión, en cualquier asunto o ámbito de la vida, es la comparación entre el estado inicial y el final, esto es, en que condición se empieza y en que condición, luego de nuestra gestión, se termina y advertir los efectos de nuestras actuaciones y si éstas han sido acertadas o desacertadas;

Con nuestro país podemos hacer algo parecido, analizando en el desenvolvimiento de este gobierno, además de los números, el efecto social de su gestión política; así las cosas, me pregunto, luego de un año de iniciada la revolución ciudadana,  ¿Qué ha logrado hasta el momento?

Políticamente no le ha podido ir mejor, ha exterminado toda oposición política,  absorbiendo todos los organismos de poder público, incluyendo peligrosamente los de control, ha barrido en dos elecciones consecutivas, instalando una Asamblea Constituyente que  terminó convirtiéndose en su Congreso de Bolsillo, lo que le ha permitido dictar leyes sin oposición alguna, concentrado más poder que ningún otro gobierno en los últimos 25 años de democracia;

Sin embargo de haber logrado tan buenos resultados políticos,  los  económicos son dudosos, a pesar de que Correa y sus acólitos defiendan vehementemente su gestión durante el primer año de la revolución ciudadana y de que muchos especialistas, no tan parcializados y de diversas corrientes de opinión, tengan varias observaciones al informe presidencial;

Es conocido el hecho de que se ha cambiado la metodología del cálculo de algunas áreas, lo que hace complicado realizar comparaciones, pero hay ciertos datos que son innegables, por ejemplo, nuestro crecimiento económico fue el más bajo de Latinoamérica: 2.5%, el año anterior fue de 3.9%; la balanza comercial reporta un incremento del déficit de alrededor del 15% en relación al año anterior, ahora bien hay que recordar que las exportaciones petroleras aumentaron en valor, pero disminuyeron en volumen, algo entendible tomando en cuenta los altos precios internacionales del crudo;



Otras actividades importantes han desacelerado su crecimiento, por ejemplo, la pesca ha bajado de 15.2% a 4.6%; la intermediación financiera se ha precipitado del 21.27% al 9%; y así en muchos otros sectores de nuestra economía, la inflación,  en términos anuales, cerró en 3.32%, el nivel más alto de los últimos cuatro años, todo esto mientras planean para este año un gasto cuatro veces mayor al crecimiento de nuestra economía, debiendo acudir, como resulta lógico para un gobierno con un evidente déficit de ideas,   al incremento de impuestos;

En definitiva, después de un año de gestión en la Patria de Todos, creo que se ha gastado más saliva que neuronas, se ha malgastado tiempo en confrontaciones estúpidas en lugar de invertirlo en un diálogo que genere consensos y acuerdos mínimos encaminados a una convivencia pacífica y productiva, en definitiva,  a un desarrollo sin conflictos;

Y me pregunto que ha hecho el Presidente Correa con todas esas mentes brillantes, corazones ardientes y manos limpias que decía que iban a colaborar en su gobierno, lo digo porque hasta ahora no las he visto actuar en nada, que desperdicio, no sólo de recursos humanos, sino de dineros que son nuestros, en lavarle el cerebro a la gente con la frasecita estúpida esa de que la patria ya es de todos, sin explicar dónde están las 50.000 soluciones habitacionales y los 25.000 empleos que prometió, o por qué  no ha sido capaz de reactivar el aparato productivo y detener la subida indiscriminada de los precios de la canasta básica, no creo que haya hecho nada más que hablar, insultar, prometer y no cumplir;

Lo peor de todo es que, como veo las cosas y ante su incapacidad manifiesta, su popularidad va a seguir en continuo descenso, perderá inevitablemente el referéndum aprobatorio, deberá renunciar como también prometió y habremos perdido dos años importantísimos,  que sumados a los que nos costará arreglar el desbarajuste demencial que dejó a su paso, se convertirán casi en una década esfumada en un pesadilla irresponsable, que desperdicio de tiempo, que desperdicio de recursos, que desperdicio de ideas, que desperdicio de poder, que desperdicio de país.
 
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