Debo reconocer antes que nada que Fabricio Correa, a quien no lo conozco personalmente, me cae bien. No es arrogante, más bien naif, y tienes las ideas más ordenadas que las de su hermano. Ambos son iguales en aquello de no saber tener la boca callada.

Y me cae bien Fabricio, porque ha dicho expresamente que él no cree en el socialismo del siglo 21, porque es un hombre de trabajo y no un maestro con sueldo, y también le ha dicho a su hermano Presidente, que nunca ganará electoralmente en Guayaquil mientras mantenga ese discurso, pues esta ciudad trabaja bajo normas liberales, y no cree en el taita Estado como empleador y dueño del destino de cada uno de nosotros.

Palabra más o palabras menos, el lío está armado y así de pronto Fabricio se ha quedado sin trabajo, posiblemente porque se le ocurrió incursionar en el área petrolera, reservado para quienes arrastran las eses y treinta años de experiencia y monopolio en esos menesteres. El soplo vino desde adentro. De eso estén seguros.

Panamá es un paraíso fiscal y así se ha desarrollado como país. Su nervio y motor es el comercio internacional mediante la simplificación de su legislación en cuanto a la constitución de empresas, y se encuentran relativas facilidades para mantener cierto anonimato a la hora de defenderse contra la agresividad fiscal de otros países que atemorizan el desarrollo de la inversión.

Los empresarios han acudido a Panamá, mas por sentirse algo protegidos de las inseguridades jurídicas que existen en la legislación como las ecuatorianas donde el reglamento prevalece por encima de la ley, y, además, las leyes son mal redactadas, no perduran y son improvisadas. Ante un discurso chavista ¿Qué quieren que pase? Fabricio tuvo un abogado empresarial y siguió el rol que le correspondía.

Y así asesoraron a Fabricio, quien no entiende porque por ser hermano del Presidente no podía trabajar en lo que sabe y en lo que ha trabajado, según dice toda su vida. Pero finalmente eso es más leal que ejercer influencias a favor de transnacionales como ha sido lo tradicional y típico. Si fuese serrano se las arregla cobrando comisiones, depositadas en un paraíso fiscal, y basta. Pero finalmente es imposible dejar de ser hermano de un presidente, y sin duda que si el presidente es de rasgos totalitarios, el parentesco se potencializa y es más eficaz como palanca.

Si Fabricio realmente fuese un hombre maligno, como hay otros en el régimen, sin duda que en vez de ir a Panamá, debió instalarse en Venezuela o en Irán. Pero eso supongo que está reservado para los auténticos socialistas del siglo 21. Quiero decir con esto que en materia de contratación pública poco se logra con esa prohibición de no contratar con el Estado simplemente por ser pariente del Presidente o de un funcionario. Ojalá lleguemos a expedir una correcta ley de contratación pública para dar real transparencia a este crónico problema del Ecuador y del tercer mundo.

El problema está en que a la hora de la hora los comités de licitación comparan peras con naranjas, porque cada contratista ofrece una alternativa diferente, y a la hora de poner las bases ya se suelen amarrar el contrato. Los contratistas elevan sus costos para incluir las comisiones que son perpetuas y vitalicias en nuestro sistema. Nadie se escandaliza de eso. Fabricio tiene un real problema: no es socialista.

Fabricio me cae bien, mucho mejor que aquellos que detrás del Presidente se frotan las manos de dicha. El ala serrana de la revolución ciudadana calcula y juega sus fichas filtrando información cuando les da la gana. Posiblemente esta situación contenta al ala de la conexión venezolana. Si Fabricio en vez de contratista, solo fuese palanqueando a destajo, nada le hubiese pasado y posiblemente hubiese ganado mucho mas… y sin trabajar. De eso si entienden los socialistas del siglo 21 a quienes les gustan que les sirvan en manteles, comer lo que está encima de la mesa y luego cambiar de salonero.