12 julio, 2024

Poema de la culpa (Respuesta de ella)

No la tengo en un libro, como tengo el poema de la culpa, pero encontré en Internet como de la autoría de José Ángel Buesa, la respuesta de ella, al “poema de la culpa”

A continuación, la respuesta de ella, al “Poema de la culpa”

Respuesta al poema de la culpa (de ella)
José Ángel Buesa

Señor, yo no soy digna siquiera de rogarte:
mi corazón ignora de la palabra el arte.

Sólo vengo a decirte que no me han comprendido,
porque los hombres hablan con el orgullo herido.

Cubren con bellas frases su más vulgar deseo,
… y a veces me turbaron, pero que ya no les creo.

Sin embargo, a los dos me di con alegría.
Lo comprendo, Señor: ¡toda la culpa es mía!

En los brazos del uno me entregué plenamente,
y en los brazos del otro… ¿Sabes lo que se siente?

Pregúntale a la Virgen, cuando ella era mujer,
todo lo que nosotras llegamos a querer.

Perdóname la audacia, pero aquella María,
no supo del abrazo viril que me rendía.

No miró aquellos ojos fijos en mi hermosura,
como dedos ardientes sobre mi carne impura.

Y no escuchó aquel canto de amor en sus oídos
que pudo abrir en música la flor de mis sentidos.

Tú bien sabes que el hombre se acerca a la mujer,
ebrio por la promesa de su propio placer.

Pero la mujer llora, se resiste, Señor,
y cuando al fin se ofrece, sueña con el amor.

Pues, mientras en el hombre la vida se hace fuerte,
la mujer se desmaya con un poco de muerte.

Quizás tuve un amante que me sedujo un día,
¡tan malo que, por eso, lo quiero todavía!

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Solo puedo percibir tu percibir…

Si te quisiera hoy como te quise ayer,
Sería menos de lo que te podría querer mañana,
Porque mañana te voy a querer,
Mucho más de lo que te he querido hoy.

Necesito tu vivir para vivir,
Lo invariable es mi invariable amor por ti.
Tú eres mi destino; cariño,
Estás ligada a mí sino; mi bien.

Los consejos

“…Cualquiera tiempo pasado fue mejor.”

Jorge Manrique

Fuera de nuestro nunca bien ponderado Prócer de la Independencia, poeta eximio, hombre público brillante y orador de extraordinarias cualidades, Don José Joaquín de Olmedo y Maruri, han habido varios grandes poetas y autores que han llenado miles de páginas de consejos, de escritos edificantes, destacando la moral ya sea en la forma de fábulas o cuentos, versos, y varias otras expresiones artísticas, los que sirvieron, en esa ya lejana época cuando la gente que aspiraba llegar a ser algo por esfuerzo propio, pudiera enriquecer sus mentes con lecturas morales, o con escritos y poemas románticos, caballerescos, espirituales, reflexivos, así como ahora buscan desesperadamente las noticias del Extra, las novelas escabrosas y tantos otros escritos basura que no dejan nada positivo para el alma (hay, por supuesto muchas obras extraordinarias, de verdadero valor, pero cada vez es más difícil escoger lo que vale la pena y lo que no vale la pena ser leído).

2 comentarios

  1. No la tengo en un libro, como tengo el poema de la culpa, pero encontré en Internet como de la autoría de José Ángel Buesa, la respuesta de ella, al “poema de la culpa”

    A continuación, la respuesta de ella, al “Poema de la culpa”

    Respuesta al poema de la culpa (de ella)
    José Ángel Buesa

    Señor, yo no soy digna siquiera de rogarte:
    mi corazón ignora de la palabra el arte.

    Sólo vengo a decirte que no me han comprendido,
    porque los hombres hablan con el orgullo herido.

    Cubren con bellas frases su más vulgar deseo,
    … y a veces me turbaron, pero que ya no les creo.

    Sin embargo, a los dos me di con alegría.
    Lo comprendo, Señor: ¡toda la culpa es mía!

    En los brazos del uno me entregué plenamente,
    y en los brazos del otro… ¿Sabes lo que se siente?

    Pregúntale a la Virgen, cuando ella era mujer,
    todo lo que nosotras llegamos a querer.

    Perdóname la audacia, pero aquella María,
    no supo del abrazo viril que me rendía.

    No miró aquellos ojos fijos en mi hermosura,
    como dedos ardientes sobre mi carne impura.

    Y no escuchó aquel canto de amor en sus oídos
    que pudo abrir en música la flor de mis sentidos.

    Tú bien sabes que el hombre se acerca a la mujer,
    ebrio por la promesa de su propio placer.

    Pero la mujer llora, se resiste, Señor,
    y cuando al fin se ofrece, sueña con el amor.

    Pues, mientras en el hombre la vida se hace fuerte,
    la mujer se desmaya con un poco de muerte.

    Quizás tuve un amante que me sedujo un día,
    ¡tan malo que, por eso, lo quiero todavía!

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