Historia

El acoso a Guayaquil

Olmedo, al aceptar el mandato del pueblo y de las tropas en 1820, había jurado respetar y guardar el Reglamento Provisorio Constitucional, y por encima de todo, cumplir con la decisión popular de iniciar, avanzar y culminar la liberación de Quito y Cuenca. Evidenciando que Guayaquil con generosa solidaridad buscaba extender la libertad que ella había conquistado. Pero como al mismo tiempo eso la enfrentó a Bolívar, pues la buscada libertad de Cuenca, Quito y otros tuvo ese efecto. Esto explica la actitud de conciliadora tolerancia con que llevó su relación frente a las ambiciones de Bolívar, a quien llama “Mi respetable amigo y paisano” (13/06/1821) dando a entender una colombianidad que sabía no poseer.

En 1820 también halaga a San Martín en su vanidad, diciendo: “Entre tanto, V.E. prepara el hermoso día del opulento Perú; y, ardiendo en amor patrio, nos enseña la senda que debemos seguir. Ya la Patria tiene en sus manos, destinada a las sienes de V.E., la corona que han tejido la Ninfas del Rimac” (22/11/1820).

La noche del 21 de diciembre de 1821 fue denunciado a Francisco Salazar representante de San Martín en Guayaquil, que algunos Jefes de Colombia habían promovido incidentes que indicaban una maquinación contra el orden. Igual cosa se informó a Sucre para que impidiese la repetición de tales hechos y las palabras vertidas en contra del Gobierno, pero su respuesta solo fue de protestas en contra de la especie para borrar toda impresión.

Sin embargo, el 28, se repitió una extensa denuncia pues la agresión continuaba: “el Batallón de Vengadores había dejado sin Cuarteles y la ciudad, y que en el Campo inmediato había jurado las banderas de la Republica (…) El Cuartel de Cívicos dio parte de que algunos oficiales de Colombia montados, habían atropellado y dispersado la guardia; dos Ayudantes del Comandante General habían sido arrestados en el dicho Batallón al comunicar sus ordenes y el uno de ellos por intimación de un Coronel de Colombia (…) Pero sea lo que fuere del plan que se habían propuesto los seductores que se pinta hoy con diversos colores, en el que no cabe duda es que mirándose como un impedimento a la concensión (sic) de la agregación establecido, establecido existe una pugna fuerte y continua entre el deseo de absoluta dominación que les amina, y los derechos de estos pueblos, que aparentan por lo que no es dudoso que a lo menos continúen la seducción principiada, a la que nunca faltan parciales entre los ambiciosos o corrompidos.”

En diciembre de 1821, el Libertador, que daba por descontado que él estaría presente en la toma de Quito, autoriza a Sucre para que obrase contra esa plaza por la ruta que mejor le pareciese, a fin de cooperar con el ejército bajo su mando personal, “y para hallarse sobre Quito del 20 al último de febrero para cuya época estaré yo sobre aquella capital con el ejército”.

Bolívar, que ya sentía la inmediatez de la culminación de sus ambiciones, escribe a Olmedo (02/01/1822): “No puede Vd. imaginarse con que placer me acerco a la patria de Vd., más por conocer a su digno Jefe que por otro motivo alguno (…) Mucho me duele tener al mismo tiempo que molestar a un amigo que ya amo (…) exijo el inmediato reconocimiento de la República de Colombia, porque es una Galimatía la situación de Guayaquil. Mi entrada en ella en tal estado sería un ultraje para mí y una lesión a los derechos de Colombia. (…) Vd. sabe amigo que una ciudad con un río no puede formar una Nación: que tal absurdo sería un señalamiento de un campo de batalla para dos estados belicosos que la rodean. Vd. sabe los sacrificios que hemos hecho en medio de nuestros propios apuros para auxiliar a Guayaquil, que Colombia ha enviado allí sus tropas mientras que el Perú ha pedido auxilios a ella. Quito no puede existir sin el Puerto de Guayaquil, lo mismo Cuenca y Loja. Las relaciones de Guayaquil son todas con Colombia. Tumbes es el límite del Perú y por consiguiente la naturaleza nos ha dado a Guayaquil (…) me he determinado a no entrar en Guayaquil, sino después de ver tremolar la bandera de Colombia, y yo me lisonjeo que Vd. empleará todo el influjo de su mérito, saber y dignidad, para que no se dé a Colombia un día de luto, sino por el contrario sea Guayaquil para nuestra Patria el vínculo de la libertad del Sur”

Era evidente que Bolívar recurría a varios artificios y rumores para crear y ampliar los objetivos para su proyecto de sumar y someter a Guayaquil. Por eso fueron variadas las manipulaciones y elucubraciones de Bolívar, para justificar su empeño de anexar la Provincia Libre bajo la dependencia colombiana, porque no tenían otra finalidad que aquello, pues hemos visto que el paso del tiempo le quitó piso a su pronóstico. Por el contrario: la amenaza de los vecinos tanto del norte como del sur, que él consideró y estimuló en su carta, sirvió para unir a los ecuatorianos. La posibilidad del surgimiento de la que él más adelante admitiría como república de Quito, sin que haya sido previamente sugerido por persona o facción alguna, constituía un peligro para su proyecto de la Colombia Grande de su obsesión. Obviamente esto le resultaba inadmisible. De allí sus amenazas e intervenciones con la fuerza para evitarlo. Como finalmente lo hizo, subordinando por la fuerza a una comunidad que buscaba ser respetada por su independencia y proyecto autónomo.

Olmedo se sentía obligado a evitar, por todos los medios los motivos de división, y recurrir a su ingenio e inteligencia para sostener la unión de los guayaquileños. Esta ambigüedad y falta de definición, sobre todo ante las exigencias de Bolívar, con seguridad se debe a que requería la ayuda de ambos. Olmedo, tenía en fin la esperanza que, una vez liberados los territorios de Quito y Cuenca, unidos con Guayaquil, se plantearía la formación de un cuerpo político mayor que la “republiqueta”. Ilusiones vanas, porque los dos líderes interesados y definidas sus geopolíticas, no permitirían, como en efecto no permitieron, el surgimiento de una nación independiente, situada entre Colombia y Perú.

Más tarde, Bolívar escribe a Santander (05/01/1822), y le expresa su preocupación por el estado de cosas en Guayaquil, lo cual lo había determinado a llevar la Guardia a esta ciudad para garantizar su sumisión: “Las cosas de Guayaquil exigen mi persona con la Guardia: aquel es un caos de ingratitud y mala fe. Lord Cochrane parecía pronto a servirnos, pero el gobierno de Guayaquil lo ha disuadido de este designio (…) Yo he tomado mi partido y les he escrito, como Vd. verá por la comunicaciones lo que hace al caso. Sucre está autorizado para obrar abiertamente si aquellos señores se oponen a mis órdenes. Las razones de política que nos autorizan a exigir la reunión a Colombia, están consignadas en mis cartas y notas.”

Carta que solo por la determinación de Olmedo de respetar el juramento de lealtad a la autonomía de Guayaquil que demandaba el Reglamento Provisorio de Gobierno, promulgado en noviembre 11 de 1820, es tomada en silencio y con paciencia. Si las cartas de Bolívar eran el termómetro de su actitud, no cabe duda que su presencia sería terrible para el Guayaquil autonómico.

Efectivamente ya estando en Quito, el 21 de junio escribe varias cartas a muchas personas, en las cuales no silencia ni disimula su obsesión por someter a Guayaquil. No podía este hombre grande, acostumbrado a la dureza de las campañas, a vencer, a imponer su voluntad sin réplica alguna, admitir que toda una región se hubiera independizado sin su concurso, y peor que pretenda mantenerse autónoma. En esa fecha escribe al general Juan escalona diciéndole ”ya estamos en Quito, libre y Colombiana. Todo está por nosotros en este vasto país, sin que nos falte más que Guayaquil, para donde parto a llevar la ley de Colombia”.

Mientras más próximo estaba Bolívar a Guayaquil, su empeño y determinación por anexarlo cobraba mayores dimensiones. Se evidencia con mayor fuerza su idea fija por someter, a toda costa a Guayaquil, aunque fuere ocupándola militarmente, como a poco tiempo lo haría. Y a Sucre, había ordenado obrar con toda energía. Que debía exigir a los guayaquileños cuanto necesitase, y de no lograrlo, debía tomarlo por la fuerza. Además, no permitir que la Provincia Libre se incorporase a otro gobierno que no fuese el colombiano.

Después de haber estado entrampado desde abril, por las tropas españolas que dominaban las alturas de Pasto, y luego de la capitulación del coronel Basilio García, gracias a las tropas subidas desde Guayaquil por el sur, con lo que se cumplieron las palabras proféticas de Febres Cordero, Bolívar escribe gozoso a Santander una extensa carta: “la capitulación de Pasto es una obra extraordinariamente afortunada para nosotros, (…) su país es una cadena de precipicios donde no se puede dar un paso sin derrocarse. Cada posición es un castillo inexpugnable.”

San Martín y Bolívar tenían estrategias distintas, el primero quería llevar la guerra por el oeste, trasmontar los Andes, ocupar Chile para dominar el mar y atacar al Perú por el flanco. Bolívar, en cambio desarrolló una estrategia andina que no contaba con el mar en lo absoluto. Tanto es así, que en la entrevista de Guayaquil el Libertador insistió en marchar al Perú con toda la fuerza disponible, a lo que objetó San Martín, pues sabía que las provincias del Perú no tenían los recursos suficientes para mover una gran fuerza al través de los Andes”.

4 Comentarios

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    EN ESTA FRASE DE SU ESCRITO «Olmedo, al aceptar el mandato del pueblo y de las tropas en 1820, había jurado respetar y guardar el Reglamento Provisorio Constitucional», PREGUNTO Y AGRADECERE UNA RESPUESTA: PARA PRECISAR SOBRE «EL MANDATO DEL PUEBLO» EN QUE SE BASAN LOS HISTORIADORES? NOS HAN ACOSTUMBRADO A PENSAR QUE EN UNA NACION TODO LO POLITICO SE DEBE «A LA DECISION DEL PUEBLO» YO CREO LO CONTRARIO.

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    J.J. Catilinarias

    quo vadis?

    Simón Bolívar, Simón,
    caraqueño americano,
    el suelo venezolano
    le dio la fuerza a tu voz.
    Simón Bolívar, Simón,
    nació de tu Venezuela
    y por todo el tiempo vuela
    como candela tu voz.
    Como candela que va
    señalando un rumbo cierto
    en este suelo cubierto
    de muertos con dignidad

    Simón Bolívar, Simón,
    revivido en las memorias
    que abrió otro tiempo la historia,
    te espera el tiempo Simón.
    Simón Bolívar, razón,
    razón del pueblo profunda,
    antes que todo se hunda
    vamos de nuevo Simón.
    Simón Bolívar, Simón,
    en el sur la voz amiga,
    es la voz de José Artigas
    que también tenía razón

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    EDUARDO VARAS ARTEAGA

    COMO GUAYAQUILEÑO TENEMOS LA OBLIGACION DE TENER ESTOS BUENOS CONOCIMIENTOS DE UN HISTORIADOR DE FUSTE. GRACIAS

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    Josée Antonio Gómez Iturralde

    Gracias por su opinión. Cuando descubrí en 1995 que historiadores sectarios habían distorsionado y tergiversado la historia de Guayaquil y tuve la oportunidad de incorporarme como director del Archivo Histórico del Guayas, siguiendo los trabajos de Julio Estrada me dediqué a ponerla en su lugar real. Y a ponerlo a Bolívar, por sus propias cartas y actas del Cabildo guayaquileño, como el hombre que nos atropelló y sometió con la fuerza de las armas, desoyendo las propuestas de Olmedo y la Junta de Gobierno, que aceptaban la incorporación sin con la única condición de aceptar nuestra autonomía. Él es el causante, junto a Flores del centralismo excluyente que nos ha aplastado a lo largo de la historia.

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