En junio 5 de este año, se llevó a cabo el IV concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil (OSG), en homenaje al centenario del natalicio del distinguido hombre de letras, historiador y diplomático, el guayaquileño don Jorge Pérez Concha.

El evento, que tuvo lugar en el Teatro Centro de Arte, nos mostró una vez más a una orquesta que ha logrado posiciones estelares en su accionar tanto nacional como internacionalmente y que la ha convertido en la primera orquesta sinfónica del Ecuador bajo la acertada conducción del director armenio David Harutyunyan.

El concierto en mención tuvo en su primera parte y en los inicios de la segunda lo que siempre esperamos de la sinfónica, esto es, una gran ejecución, en la que se destacó –como no podía ser de otra manera- la interpretación del concierto No.1 en si bemol menor para piano y orquesta Op.23 del compositor ruso Piotr I. Tchaikovsky.

Considero procedente acotar que la superficie del escenario del teatro está resultando insuficiente para las presentaciones de la OSG dadas la cantidad y calidad de los músicos y su instrumental, lo que se ha hecho ostensible en las últimas presentaciones en que los solistas de los conciertos fueron pianistas en donde el espacio asignado al piano resultó estrecho. Por un momento imaginemos a la Sinfónica de Guayaquil, o a cualquiera otra sinfónica invitada, interpretando conciertos para 2 pianos tales como los originales de Mozart, Clementi, Poulene o Bach; o el concierto No.7 en fa mayor para 3 pianos y orquesta que en 1772 compuso W. A. Mozart.

Es de justicia mencionar la satisfactoria ejecución del joven solista invitado Mangfred Mora quien estuvo a la altura de las circunstancias toda vez que se encontraba frente a una orquesta de los quilates de la Sinfónica de Guayaquil, lo que nos lleva a iterar que merece todo el apoyo de las entidades pertinentes, al igual que muchos otros jóvenes a quienes he tenido la oportunidad de escuchar. Me quepa la satisfacción de indicar a los lectores que dentro del programa de acción de la comisión cultural de la Societá Italiana di Assistenza Garibaldi, nos proponemos dar apoyo a valores que afortunadamente están surgiendo en nuestro medio.

No debo dejar de manifestar que en la segunda parte del programa, las 3 primeras piezas musicales fueron bien interpretadas; lo que llegó después, en mi opinión, fue decepcionante; los arreglos distaron bastante de estar a la altura de una orquesta sinfónica, y menos de la OSG.

Especial comentario merece la interpretación del poco afortunado arreglo del director Harutyunyan sobre la canción “Guayaquil de mis amores”, la que al través del tiempo ha dejado de ser una melodía más en el repertorio musical guayaquileño para convertirse en la canción emblemática de la ciudad. Bajo mi punto de vista, el pasillo en mención fue interpretado con ingredientes que componen un acto irrespetuoso, asaz tergiversado hasta convertirlo en un jazz de mal gusto, ejecutado con una percusión que ofende incluso a oídos insensibles. Podría extenderme en este comentario negativo, aunque necesario, más quiero dejarlo solamente en esos términos y mantener en mi fuero íntimo la pena y el disgusto que me produjeron el presenciar y escuchar el irreverente arreglo de nuestra querida canción, y lo que es peor, interpretado por nuestra también querida orquesta sinfónica.

Que no se malinterprete lo expresado en el párrafo anterior; el comentario negativo es dirigido a la desaconsejada versión del pasillo guayaquileño, el que conceptúo que deberá interpretarse tal y como fue escrito …”ni una nota más, ni una nota menos”… Sea quien fuere su arreglista o su intérprete. Esto supuesto, me es grato evocar al célebre director italiano Arturo Toscanini quien inició una nueva era en la conducción orquestal al ser siempre fiel a lo escrito por el compositor; hizo justicia a la partitura, pues era un convencido de la fidelidad hacia la obra rechazando las diferenciaciones, actitud por la que, en más de una oportunidad, fue motejado como esclavo de la partitura.

La Orquesta Sinfónica de Guayaquil, desde hace largo tiempo –dal troppo tempo- esta para cosas más importantes; en la interpretación de la música de los grandes maestros nos tiene acostumbrados a actuaciones dignas de los mejores comentarios en razón de sus acertadas presentaciones, tanto con su atinado director, como con directores invitados, que no han sido pocos, lo que me lleva a declarar mis más fervientes deseos por que cada día se encumbre más la que es nuestra sinfónica.

Por lo demás, y refiriéndome por última vez al mal arreglo del pasillo, estimo oportuno concluir con la sentencia inicial del presente artículo, el que nuestra madre solía repetirnos con alguna frecuencia: LAS COSAS SE HACEN BIEN O NO SE HACEN.