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Karyna Arteaga García

Las mujeres de Guayaquil, conscientes de su trascendental papel en la historia de la sociedad guayaquileña y que concierne a todo el Ecuador declaran en su manifiesto:

Reafirmar la fe en Dios y el compromiso con la fuerza cívica, con el valor de la mujer como pilar de la familia y de la sociedad.

En los Cien Años del Día Internacional de la Mujer

Rescatar el rol de la mujer como base fundamental en la formación de ciudadanos valientes, honestos, emprendedores, trabajadores y patriotas. Pero sobre todo como formadora de seres humanos coherentes consecuentes y valientes, llamados a la excelencia para trabajar con espíritu de servicio por el progreso de nuestra ciudad, provincia y país.

(CC) por Luis Iturra - Flickr

“Papi…” escribí en Facebook esperando que mi papá responda. Un día después había ya una respuesta: “Estoy bien, no te preocupes”.

Facebook era mi esperanza. Algunas personas se comunicaron usando internet, ya que la comunicación por teléfonos convencionales y celulares no fue posible a raíz del terremoto. El sábado veintisiete de febrero fue un día para no olvidar. Me desperté por la insistente vibración del celular, que suelo tener sin sonido. Cuando acerque el celular a mis ojos, encontré mensajes de mi hermana Manena que decían, despiértate, no sabes lo que ha pasado en Chile, un terremoto, ¿mi papi está en Santiago, qué sabes de él? Mientras leía los mensajes una sensación de impotencia se apoderaba de mi inconsciente. Conscientemente experimente cierto malestar. Me comenzó a doler el estómago. Luego sentí náuseas.

Era yo una adolescente cuando conocí a Madre Paloma Gutiérrez y ahora que me pongo a pensar, era ella una mujer joven. Habrá tenido no más de cuarenta. Recuerdo el primer sentimiento hacía ella: temor. Autoritaria, seria, estricta, de pocas pulgas. En pocas palabras ¡bravísima!

También recuerdo que un día no sé cómo ni cuándo apareció el sentimiento mayor, el que cubre a todos los demás: un inmenso cariño. Por qué tan grande ese cariño. Porque son muchas cosas las que aprendí de ella. Son muchas cosas, si se pueden llamar cosas las que ella me enseño. Las que debo agradecer porque me han servido para sobrevivir en un mundo que no siempre ha sido de lo más apetecible.

Yo te quiero regalar palabras, ser tu red para cuando caigas, cogerte de la mano al andar… Por ti mi vida empeño, por un momento de verte sonreír, por ti mi alma vendo, a cambio del tiempo que necesites para ser feliz…Dejo todo por un beso tuyo, quiero ser tu espada y tu escudo, decirte que te quiero una vez más…

Palabras de la canción Por Ti, de Ella Baila Sola. La primera vez que ensayamos la canción en casa de Corina de Ginatta no pude cantarla, se me trababa la lengua, tenía un nudo en la garganta mientras me contenía para que mi llanto no fuera muy notorio. Todo lo que dice la canción es tan cierto. Por Ti, fue una de las dos canciones que los padres del Torremar cantamos a nuestros hijos el día de la fiesta de graduación, pero esa no es la historia. La historia es otra, la que recordé cuando Mario Monteverde nombró al primero de la lista, el día anterior a la fiesta, el día de la ceremonia de graduación. Mientras se escuchaba el nombre de mi hijo, una foto de Victorino Antonio cuando era chiquito salía en la pantalla junto a otra cuando ya era más grande. Le dije a mi esposo, párate y aplaude, aplaude fuerte. Mientras los dos aplaudíamos emocionados, Jorge Coronel le entregaba el título de bachiller, luego nuestro hijo caminó hacía donde estábamos, me dio un beso, me entregó su título y me dijo: Gracias má.

(CC) Por Alberto Montt - www.dosisdiarias.com

La prudencia es virtud hasta lo debido. Si va más allá ya no es prudencia, es cobardía.

Todos los ciudadanos tenemos el derecho y el deber de opinar acerca de cualquier acontecimiento. Sobre todo si tal acontecimiento implica un impacto social importante. Si el que calla otorga y callar cuando se deben decir las cosas, hace daño. Más daño hace la intolerancia. La misma que no debe intimidarnos. CADA OPNIÓN MERECE RESPETO. El valor de opinar honestamente, haciendo uso del deber individual pero respetando el derecho colectivo, es de pocos.

(CC) por Charlie Perez - Flickr

Ni insultos, ni prepotencia, ni necedad. Sólo la lógica aplicada a una realidad que a mi criterio es cada vez más caótica. Inseguridad, retroceso, enfrentamiento ciudadano, desempleo, desconfianza, delincuencia, desperdicio de recursos, despilfarro de dinero, aumento de la burocracia, falta de ética y oportunismo. Ese es el saldo en contra de un gobierno que para algunos soñadores como yo, en apariencia prometía días mejores a la patria.

¡Es una lástima!, me repito. Las cosas no van bien. ¡Que pena! Un hombre que tenía todo para ser grande, se hace cada día más pequeño.

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