18 julio, 2024

Los países asesinos.

Con excepción de los países que aún usan la pena de muerte, para los asesinos inveterados, los demás países respetan la vida humana. Con una salvedad que, aunque increíble, existe. ¡Los países que permiten el asesinato de los niños dentro del vientre materno!

Lo peor del caso es que se condena a muerte a un ser completamente inocente de ningún crimen. Aún no ha tenido siquiera la posibilidad, ni de pecar, peor aún, de haber matado a nadie. Es más, ni siquiera ha sido juzgado, menos aún ha sido condenado a muerte.

Él paga por el pecado de sus padres, a quienes, ni siquiera aún conocía, y de todos los que conocían la situación, ninguno salió en su auxilio. Ni siquiera un “enterradito, te vez más bonito”. Simplemente al basurero, o peor aún, a pasar a ser parte de una crema cosmética, para enriquecer aún más, a los autores de ese asqueroso negocio.

Trágico y fatal destino, que produce nauseas, sólo por pensarlo.

Quién sabe si entre los millones de estos niños que han sido asesinados criminalmente, no está el que iba a crear el remedio que hubiera sido la cura de la madre o la abuelita, o el único que iba a poder curar la enfermedad de su hermanito que morirá en unos cuantos meses más.

Creo que debemos dejar el orgullo y la prepotencia y recordar que absolutamente todos, somos necesarios en este mundo.

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Con los 43 estudiantes de la localidad de Iguala del estado de Guerrero, desaparecidos por obra y gracia de una estructura organizada del crimen, amén de los muertos de ese mismo 27 de septiembre, con promoción y apoyo de los altos niveles de la política gubernamental mexicana, el verdadero rostro de México está otra vez al descubierto. No, este suceso no es algo inesperado. Algo ocurrido sin saber porqué. Algo que jamás podría imaginarse que sucedería… Este suceso es, únicamente, uno más de una interminable cadena de asesinatos, raptos, estupros, desapariciones… Es un suceso de todos los días que, por suerte o turno, sucede en una u otra comunidad de México. Pero que por un lado, está protegido cada acto criminal por el miedo convertido en carne y sangre de la población civil y por otro, encubierto por la administración gubernamental de turno. El soporte de la operatividad de delito tan macabro está manejado y vigilado por fuerzas armadas (federales, estatales, municipales y paramilitares) guardianas de la VIOLACIÓN, FRANCA Y AUTORITARIA, de los derechos humanos y sociales en cada rincón de México. Ahora, claro está, se ha destapado la cloaca con este abominable crimen de lesa humanidad, contra los jóvenes normalistas de Iguala. Y, al destaparse, han aparecido, literalmente, fosas comunes que muestran viejas incineraciones…

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