8 mayo, 2024

Cuando me domesticaron los Palacio

Hace años recibí una llamada de mi amigo el Dr. Alfredo Palacio. Su madre había sido internada en la clínica Guayaquil para un chequeo médico y le había encontrado un severo cáncer pulmonar.

Por esa razón Alfredo me solicito que siendo yo Psiquiatra, sea yo el que le diera la noticia a su madre.

Afuera del cuarto7 en el segundo piso de la clínica había un gentío. Abrí la puerta y entre.

La dulce cara de la mujer que estaba frente a mi me impacto y a pesar de haber ido para dar la noticia debido a mi ecuanimidad, me puse a llorar.

Al ver mi llanto, Anita me abrazo y se puso a consolarme. Tomo la noticia con una sonrisa y su fortaleza le permitió dar consuelo y tranquilidad a todos los que la amaban.

Desde ese momento la visite una vez por semana. Cada vez le llevaba un clavel. Un día le regale un ejemplar del libro El Principito y le subraye el capítulo donde le zorro “domestico” al Principito y se hicieron amigos.

Paso el tiempo entre mis visitas, los claveles y el cariño que me brindaba.

Una vez para navidad recibí una tarjeta que decía: Y si vinieras, por ejemplo, todos los días a las 5 de la tarde… yo te esperaría y de repente estarías domesticados. Tu me has domesticado te quiere, Anita.

A los pocos meses murió.

Palacio fue mas intensa y profunda que nunca. Existía un vinculo que nos unía química y espiritualmente.

En una ocasión hice una exposición de pintura en el Club Rotario a la que el maestro asistió. En el momento de los discursos, pidió la palabra y al comenzar a decir cosas inmerecidas de mí, enmudeció y se quebró en un llanto profundo. Corrí hacia el y me fundí en un profundo abrazo.

Posteriormente me lo encontraba por casualidad. No hubo exposición mía a la que no concurriera y el vinculo de cariño y respeto se hizo mas profundo al paso del tiempo.

Alfredo Palacio se ha ido igual que Anita. Sin embargo, en mi mente, memoria y mientras viva, seguiré por siempre domesticado por los miembros de la familia Palacio.

 

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Desde el punto de vista evolutivo, históricamente se decía que los hombres eran los más predispuestos a la infidelidad, por esa necesidad inexplicable de querer dejar “su semilla en la mayor cantidad de hembras posibles”, para así aumentar su “virilidad”, a diferencia de la mujer, que lo que buscaba siempre era estabilidad y seguridad.

1 comentario

  1. Me ha conmovido mucho su escrito. Hay personas que dejan huellas en nuestras vidas y son parte de ella desde el momento que entran.
    El libro “ El Principito”, tiene muchas lecciones; es uno de mis favoritos. Debería ser leído a corta edad y tal vez seríamos “ domesticados” desde niños.
    Saludos
    Alba

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