25 mayo, 2024

¿Hasta cuándo seguimos en la trayectoria equivocada?

Hay la expectativa de que el actual gobierno cambie el curso de la trayectoria histórica que Ecuador ha tenido durante décadas. Tan cierto es que nuestro país se encuentra estancado que a continuación reproduzco un artículo que escribí hace más de un cuarto de siglo y seguramente el lector aceptará que la situación de Ecuador hace 25 años no es muy diferente a la actual:

La riqueza no sale de la nada, sólo a los políticos demagogos o incapaces se les ocurre que el país puede crecer sin producción ni inversión. Esta última no hay en Ecuador porque el Estado está quebrado al igual que la empresa privada. La Administración de Mahuad se engaña pensando que los 500 millones de dólares que pretende recaudar con la plétora de impuestos, sacará al país adelante. Lejos de fomentar la producción, la ley llevará a la economía ecuatoriana a un estado depresivo. Sería favorable si los tributos se utilizaran para hacer inversión pública, pero todos conocemos que se emplearán para ponerse al día en los gastos corrientes, pagar sueldos y egresos no productivos.

Aquellos que veneran al Estado y piensan que la reactivación económica provendrá de la inversión pública, están viviendo en otro país. La habilitación de los hospitales para que el enfermo ecuatoriano sea atendido dignamente y la educación, para que los ecuatorianos puedan aspirar a mejores días, demandarán de una gran inversión pero no hay el dinero por el eterno despilfarro de las rentas. En estas desafortunadas circunstancias, es fácil concluir que la inversión no provendrá del Estado y si lo hace vía nuevo endeudamiento, el costo hipotecará el futuro de las nuevas generaciones de ecuatorianos.

Entonces ¿cómo podrá el producto interno bruto aumentar sostenidamente en 5% anual, de acuerdo al programa que Mahuad expuso a la ciudadanía durante su campaña? El medianamente entendido sabe que esa tasa de crecimiento no sacará a nuestro país del subdesarrollo. Para lograrlo, necesitamos crecer entre el 8% y 10% En el supuesto de que pudiéramos crecer al 5%, Ecuador produciría cada año, 1.000 millones de dólares adicionales en bienes y servicios. De acuerdo con las estadísticas de la Superintendencia de Compañías, el promedio de venta anual por persona en 1997 fue 7.600 dólares, lo cual quiere decir que, para alcanzar el objetivo de crecimiento, 132.000 ecuatorianos se incorporarían a la economía. Esta cifra es una fracción de las legiones de ejércitos de desocupados y subempleados que buscan trabajo estable desesperadamente. Tengamos presente que la semana pasada, se presentaron 15.000 quiteños a buscar empleo en un hotel que abrirá sus puertas próximamente en nuestra capital. ¿Habrán conmovido las patéticas escenas de la televisión a los poderes ejecutivo y legislativo? La pregunta que hay que hacerse es, ¿podrá el sector privado crear el número de plazas de trabajo que se necesita para aumentar el PIB en 5% todos los años?

Los bienes se producen y venden cuando las empresas tienen liquidez para comprar las materias primas, materiales y cancelar servicios, sueldos y salarios para producir y cuando los consumidores poseen el dinero para adquirir los productos que necesitan. En los actuales momentos, este flujo económico, se encuentra interrumpido. Las empresas están mortalmente endeudadas, descapitalizadas por las enormes pérdidas cambiarias, sin liquidez y los consumidores y usuarios no tienen capacidad de compra y se encuentran tan pesimistas que prefieren no gastar.

El patrimonio de las empresas que reportan a la Superintendencia de Compañías al 31 de diciembre de 1998 se estima en 52 billones de sucres, de los cuales 19 billones corresponden a ajustes por corrección monetaria y el saldo a dinero de los accionistas y utilidades retenidas. La pérdida cambiaria que será no menos de 8.000 sucres por dólar durante el año en curso ocasionará una pérdida patrimonial de 26 billones de sucres, equivalente al 50 % del patrimonio. Como no todo éste fue aportado con efectivo, es fácil concluir que la devaluación del sucre habrá terminado con la poca liquidez que tenían las compañías.

Los efectos producidos por las equivocadas políticas de este gobierno, no se sentirán inmediatamente, los expertos en Estados Unidos estiman que toma entre 9 meses y un año, para ver los resultados positivos o negativos de toda medida económica. Hasta finalizar 1998, si bien una cantidad muy importante de empresas andaba mal, existían otras que, por el alto grado de eficiencia y reducido endeudamiento, seguían siendo rentables, aun en condiciones tan adversas, crecían y daban utilidades. Pero a partir de este año, estas compañías han sido contagiadas y comienzan a tener serios problemas. Algunas de ellas fueron por años verdaderas islas, estaban vacunadas contra las crisis, pero en la actualidad sus ventas han caído entre 30% y 50%.

El sector privado ecuatoriano día a día disminuye su dinámica. No puede cobrar porque nadie paga, no puede producir porque sus inventarios no rotan y no puede cancelar sus obligaciones porque el dinero está congelado, o porque las pérdidas se han comido el capital de trabajo. ¿Cómo pretende el gobierno cobrar impuestos bajo estas desoladoras condiciones?

En los países prósperos, el Estado publica una vez al año el balance general del país.
En éste se reflejan los activos y pasivos que tiene la nación. En Ecuador nunca he visto una publicación de esta naturaleza. Nuestro país tiene grandes activos, el problema radica en que el sector público no ha sabido administrarlos en el pasado, ni lo hará en el futuro. Entonces, alguien más debe hacerlo. Si el Estado quiere salir de la demagogia y hacer obras, tiene que entrar a un masivo plan de privatizaciones y concesiones. No me cabe duda alguna, que bajo estos mecanismos se podrían levantar 10.000 millones de dólares, monto suficiente para reactivar la economía ecuatoriana

Cuando la economía de un país ha caído en la magnitud que la del nuestro, su rehabilitación no se logra inyectando dinero con cuentagotas o aumentando el nivel de endeudamiento. Este problema también lo tiene el sector privado. La famosa línea de crédito para sacar a las empresas de la crisis se limita a renovar las operaciones crediticias. Si las compañías tienen el capital de trabajo negativo, es decir, si sus pasivos corrientes son superiores los activos corrientes, ¿cómo se pretende que puedan salir adelante? Por cierto, que las que no merecen vivir, deben morir.

China fue el país más avanzado del mundo hasta el siglo X. Para el siglo XIII, había retrocedido considerablemente, se encontraba sensiblemente más atrasada que Europa. Era tan grande el retroceso que en palabras del jesuita misionero Louis LeComte, “Los chinos tienen más simpatía de las cosas defectuosas de la antigüedad que de las modernas, diferenciándose así de nosotros los europeos, que sólo nos enamoramos de lo que es nuevo” Otro misionero, Hevariste Huc, agregaba que de acuerdo a la sociedad china “ Toda propuesta para mejorar era superflua e innecesaria…todo hombre con genialidad se paraliza inmediatamente al conocer que sus esfuerzos le merecen castigo en lugar de recompensa”. Ecuador, al igual que China ha tenido una inexplicable regresión. Al terminar el siglo XIX, el sucre era sólido, se había acogido al Patrón Oro, las exportaciones crecían al 10% anual y comenzaba a ingresar en pequeña escala, la inversión externa. Terminamos el siglo XX, con un sucre liquidado, sin inversión extranjera y con exportaciones declinantes. Fin de lo escrito hace más de un cuarto de siglo.

Veamos la realidad actual: China hoy es una potencia mundial, Deng Xiaoping se dio cuenta de que por siglos los gobiernos habían seguido la trayectoria equivocada. En Ecuador tenemos décadas de apagones, de empresas públicas ineficientes, de corrupción que se expande en toda la sociedad ecuatoriana, etc. Ecuador merece cambiar su trayectoria equivocada. ¿Podrá cambiarla el actual gobierno?

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Es el que se dio en Belén de Judea hace más de 2000 años. Tenía que ser como fue: ¡en medio de la extrema pobreza y de innumerables necesidades! Así, Dios establecía en el mundo la principal de todas las lecciones habidas y por haber: que el amor es satisfactorio SOLO. Sin rimbombancia. Sin la cuna de última moda. Sin la ropita para bebé de marca extranjera. Sin tapices de celeste o rosado para añadir ternura al momento. Sin cochinillo y cervezas para celebrarlo. Sencillamente, porque todo lo que hay para ser felices está en el corazón.

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