Opinión Política

Fanatismo y populismo

Siempre he hablado en contra del fanatismo. Fanatismo implica dejar de pensar y dejarse llevar por el fervor del momento y actuar irresponsablemente aún en contra de nuestros principios, de nuestras creencias, ética y criterios.

La manifestación que lleva a esta forma de actuar, es conocida. Se toma la punta del ovillo de un tema controversial, se lo acomoda para tratar de presentarlo, no como debate, sino como solución y se prende el fervor para aumentar la masa de reclamos o de insatisfacción, cerrando toda puerta al diálogo o a la búsqueda de alternativas o soluciones.

Para lograrlo es necesario encender la mecha de la rebelión. Todos tenemos insatisfacciones y todos queremos soluciones inmediatas para arreglar el mundo, el país y la situación actual de vida en cada parte del planeta.

La excepción de esta regla, son los países con dictaduras, los países comunistas y los países socialistas, ya que en ellos, con el poder de la fuerza, se impone el deseo del Gobierno, como lo estamos viendo en Hong Kong que, al ser adherido a China, país comunista, llevan ya más de 6 meses de lucha por lograr su libertad y terminarán con la muerte de todos los que se opongan a aceptar el cambio.

El populismo es ya un sistema político, que ha dado ventajas muy grandes sobre el criterio e incluso sobre la filosofía de los partidos políticos. En los momentos actuales, la gran masa de votante se mueve, no por ideologías políticas, pues el 90% de la población no entiende de eso, se vota por la simpatía que despierta el candidato, ya sea con sus payasadas, con sus ocurrencias o bailes, o por lo repetido del nombre (por eso Abdalá decía” que hablen de mí, no me importa que hablen bien o mal, lo que importa es que hablen), así mismo, por eso es el éxito de los futbolistas, periodistas, etc., que son electos porque son nombres conocidos. Por eso también las personas que tienen apellidos conocidos y apreciados (en general, los que tienen que perder si su apellido se mancilla), no buscan promoción política, porque no quieren ensuciar su apellido, a menos que ya estén ya estén rendidos ante la vorágine de la corrupción.

¡Fanática es la persona que ha perdido la capacidad de razonar! El populismo se aprovecha de esa debilidad humana para que el hombre se vaya en contra de sus propios principios y creencias y actúe en contra de su moral y sus valores.

Debemos estar conscientes de este riesgo para no caer en la trampa del populismo, que puede hacernos caer en actuaciones indignas de nosotros, como seres racionales y pensantes.

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