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Con la finalización de la primera década del siglo XXI, es preciso traer a la memoria el por qué hoy los ecuatorianos ya no se guardan sucres sino dólares en sus bolsillos. Algunos chicos tecnológicos de hoy sólo dan cuenta de la existencia de los próceres americanos en sus billeteras, sin que algunos sepan siquiera que Espejo, Olmedo, Bolívar, Rocafuerte y uno que otro monumento nacional, eran imágenes de los sucres ecuatorianos, otrora moneda nacional.

Ecuavisa, en esos típicos esfuerzos suyos de ser la televisión del Ecuador, ha venido publicando en Televistazo especiales periodísticos sobre la quiebra financiera, el congelamiento bancario y la crisis política en que devino. Bien por la cadena televisiva que reproduce escenas, discursos y declaraciones de banqueros, ministros y de personajes políticos de ese entonces, vinculados directa o indirectamente con el crack criollo financiero.

Fueron horas turbulentas. ¿Quién podía imaginar que luego del estentóreo discurso de las siete armonías, el elocuente Jamil Mahuad Witt sería el presidente que decretó el famoso salto al vacío? El presidente congelador se le dijo. ¿Calificarlo de confiscador no hubiese sido lo correcto, tal vez? ¿Tuvo el Dr. Mahuad cómo saber que la hecatombe financiera se avecinaba? Con tanto banquero a su lado (Guillermo Lasso Mendoza, Banco de Guayaquil. Alvaro y Fernando Guerrero Ferber, Banco La Previsora. Medardo Cevallos Balda, Bancomex. Ana Lucía Armijos, de la Asociación de Bancos Privados) integrantes de la Administración Pública Central como funcionarios de libre nombramiento y remoción, parece que información económico – financiera no le faltaba al señor Presidente de la República. Todo parece indicar que a Mahuad sólo le pasaron los papeles con números negros guardando los números en rojo para el 9 de enero de 2000.

Se ha repetido en numerosos foros que el origen de la quiebra era complejo y de imposible señalamiento de culpables directos. Sea que la famosa ley champaña le haya permitido ciertos usureros sacar de manera legal más manteca de la que ya biológicamente sus cuerpos producían, el factor ético bancario (como negocio de confianza que es per se) fue sepultado sin miramientos ante la voracidad de unos pocos de tener siempre más y mejor. El Banco Continental fue el primero en arruinarse y pasar a manos del Banco Central del Ecuador. Con la ficción jurídica (o pértiga para salto de audaces, que es lo mismo) de que las personas jurídicas son un patrimonio distinto al de sus constituyentes, el Continental quebró pero los socios que le dieron vida, los de carne y hueso, no. Igual sucedió con otros bancos y con otros socios.

Algunos administradores de bancos fueron grandes caballistas sin necesidad de ser jockeys ni montar corceles. El jineteo del efectivo se fue evidenciando poco a poco, primero por la prensa corrupta (revista Vistazo a la cabeza), luego por medios políticos y casi que tangencialmente, por medios judiciales. Piramidación de capitales; velos corporativos; pasivos desaparecidos; garantías sobrevaloradas; activos depreciados y destruidos. Toda una gama de circunstancias y enredos engendrados por las mentes jurídicas más brillantes, tingladas que luego no permitieron encontrar responsables.

A pesar del artículo 308 de la Constitución de Montecristi y su prohibición del congelamiento bancario, nada está dicho en este país donde una resolución administrativa cerró el Congreso Nacional o las patadas del MPD destituyeron al Tribunal Constitucional presidido por el Dr. Santiago Velázquez Coello. El 2010 se presenta sombrío. Que la década de dolarización y su memoria de voracidad humana de acaparar más sin cortapisas, recuerden a los banqueros que los dineros que administran no son propios; y hagan memoria a los mandatarios políticos que los destinos por los que velan son los nuestros, de los ciudadanos.