El Archivo Histórico del Guayas se encuentra realizando un estudio serio sobre el 10 de Agosto de 1809, y pese a que su final no es inmediato ya hay conclusiones que demuestran que el 9 de Octubre de 1820, aunque vinculado al 10 de Agosto, no es ni su continuidad ni su consecuencia. Todo lo contrario, pues los limitantes que impidieron el éxito de agosto, fueron la enseñanza que los condujo a aplicar una estrategia cautelosa y prudente, que a diferencia de la revolución quiteña, sí decapitó definitivamente al dominio colonial español.

Era preciso independizarse, era una necesidad social, política, económica e histórica, que solo podía concretarse en lo político y militar. Manuel de J. Fajardo, protagonista del 9 de Octubre de 1820, dice que: “Los fundadores de la Independencia siempre y por siempre combatieron contra expertos que disponían de ejércitos y escuadras, superiores en número, disciplina y recursos”. Esta clara comprensión de enfrentar un ejército profesional que tenía poder continental, los llevó a planificar bien su lucha e insertarla en el proyecto de liberación continental emprendido por los libertadores.

Con una visión distinta y mediante una meticulosa concepción de mucho tiempo atrás: Olmedo, Rocafuerte, Roca, Vivero, Marcos y una docena más de ilustrados, ligados a ideales y sociedades masónicas, a través de una larga planificación, conciben, buscan y con sus propias fuerzas y recursos, sin la intervención directa de otros pueblos, rompen con España todo vínculo administrativo, militar, económico, etc.

Así podemos decir que nuestra historia va más allá de la Fragua de Vulcano y de la tertulia-reunión que convocó a los próceres a concretar el proyecto político que buscaba la independencia del territorio de la Audiencia de Quito. Es un proceso iniciado el siglo XVIII por las élites guayaquileñas, contra el monopolio del cacao impuesto por empresarios peruanos radicados en Madrid, que en contubernio con virreyes y comerciantes piuranos y limeños, los obligaba a someterse a una intermediación perversa que les impedía disfrutar de los resultados de su habilidad y esfuerzo. Por eso, el odio a los peruanos era mayor que a los propios peninsulares.

Cuando Olmedo zarpa hacia España en 1812 a cumplir su diputación en las Cortes de Cádiz, ya era un republicano ilustrado. Sin embargo, al volver a Guayaquil en 1816, su pensamiento enriquecido por las enseñanzas de Rocafuerte y de los liberales españoles y americanos había alcanzado tal nivel, que no puede entendérselo sino como al genio de la independencia ecuatoriana y de nuestra contribución a la del Perú.

Alcanzada su libertad, el vecindario de Guayaquil fue convocado a celebrar un Cabildo Abierto que “por voluntad del pueblo y de las tropas” proclamó a Olmedo como Jefe Político. Tras este sencillo pero trascendental acto, Olmedo, el padre de la patria, celebró ante el pueblo el acto de libertad cumplido, y al día siguiente dispuso la organización de la División Protectora de Quito, y la convocatoria para elegir diputados y celebrar el Primer Colegio Electoral que crearía el instrumento que normó la vida jurídica y política de la provincia.

El 8 de noviembre de 1820, sesenta y un diputados reunidos como Junta Electoral designaron a José Joaquín de Olmedo para presidir la Asamblea. El 11 fue promulgado el Reglamento Provisorio de Gobierno, considerado como la primera Ley Fundamental dictada en territorio ecuatoriano libre. Y para dirigir la ciudad y la provincia en lo político, lo eligieron presidente de la Junta de Gobierno y del Cabildo guayaquileño. Confianza pública que lo ratifica como el líder de la independencia ecuatoriana y fundador de su democracia.2

Guayaquil había establecido su gobierno sobre verdaderas bases representativas; fue una obra del patriotismo y la buena fe. Pero estaba sentenciado a muerte. A escasos cinco meses antes que Bolívar la sometiera Manu Militari a Colombia, llenos de esperanza publicaron: “Auguramos pues un suceso feliz al meditar que nuestro Estado (el Ecuador), es la piedra sobre la que se funda la columna de los límites del Perú y de Colombia con tanta solidez como los cimientos del mundo”.