Realmente asombra la forma como discutimos acerca de un documento que presenta tantos vicios de lenguaje que resulta difícil de interpretar. Para contentar a varios grupos y lograr su aceptación, todo el documento presenta fallas de diversa índole que produce vergüenza ajena al que lo lee.

Comencemos con los vicios de lenguaje. Está plagada de pleonasmos y extranjerismos. La carta magna debe ser escrita en un solo lenguaje y respetando sus reglas. No es por lo tanto correcto que estén escritos párrafos en uno de los dialectos quichuas. Se podría reducir casi a la mitad la Constitución si no hubieran tantos pleonasmos. La repetición innecesaria de palabras (nosotros y nosotras, etc., como si el castellano no tuviera la aceptación universal que al decir nosotros o los nos estamos refiriendo a los dos y hasta a los tres o más sexos) es un vicio severo de lenguaje que puede dar lugar a interpretaciones erradas.

Aparentemente para el país sólo existen feministas y huaymiras, ya que parece que los únicos que tienen derechos son las damas que reclaman una igualdad de género que va en contra del lenguaje (¿les molesta la masculinidad?; en mi época era el complemento de la feminidad), y los homosexuales que anhelan expresarse su amor en media calle. Sobre la adopción cabe preguntarse si un transgénero que se opera y se registra luego como del sexo opuesto y se une a otro homosexual, cuyo matrimonio no es permitido, pero su unión, sí, ¿pueden adoptar? Creo que la adopción debe contar con algunas reglas morales que impidan la debacle moral.

Siembra vientos y cosecharás tempestades. Este refrán debe ser tomado en cuenta por el “polit bureau” del gobierno. Se está sembrando el odio entre hermanos y las consecuencias las estamos viendo: profanaciones, actos vandálicos, reacciones en contra, divisionismo. No es cuestión de quien logra la mayoría, porque esa es una victoria pírrica. El mal ya está hecho. La división se ha logrado. No hay ganadores y el gran perdedor es el pueblo y mientras más bajo su poder adquisitivo, más perjudicado quedará. Una carta magna aprobada por una mayoría ajustada será derogada luego de poco tiempo, al cambiar la cabeza del gobierno. Es preferible no imponer, sino consensuar, escuchar y razonar. Es una pena que la prepotencia haya destruido esta brillante oportunidad.

666 es el número de la gran Bestia, la que San Juan describe en el Apocalipsis 13: 4-5 “Y se postraron ante el Dragón, porque había dado poderío a la Bestia, y se postraron ante la Bestia diciendo: ¿Quién como la Bestia? ¿Y quién puede luchar contra ella? Le fue dada una boca que profería grandezas y blasfemias, y se le dio el poder de actuar durante cuarenta y dos meses” y 13:18: “Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666.”

Esta suma de 444 artículos que va a un referéndum, se parece al 666. ¿Será coincidencia? Rafael, Acosta y Corcho son 666, como también lo son Correa, Patiño y Larrea (internacionalmente Chávez, Correa y Ortega). Si ampliamos esa visión, las del 444 podrían ser Romo, Bety y Vela. Podríamos concluir que esta Constitución podría convertirse en “la gran bestia apocalíptica”.