23 abril, 2024

Entre el Cáncer y el Sida (Final)

En segundo lugar, quizás por los ímpetus de sus juveniles 35 años, la noche de la primera vuelta, precisamente en el momento en que más tenía que comenzar a atraer a los opositores a su padre, se dio el lujo de proclamarlo desde un balcón del antiguo Hotel Bolívar como “el mejor Presidente de la Historia del Perú”, frase que ha generado los inevitables y abundantes comentarios en contra. No hay que olvidar que se la acusa de representar la tendencia de un golpista, en alusión al “auto – golpe” de Estado que protagonizó su padre cuando en 1992 “disolvió” ,(tal fue el término que utilizó en su célebre cadena de televisión), el Congreso para luego llamar a una Constituyente que le fabricó una Constitución casi a la medida y que aún sigue vigente.

Lo cierto es que hoy por hoy y ante la aparente y quizás momentánea debacle del APRA, el fujimorismo aparece quizás como el único partido político más o menos estructurado y disciplinado a nivel nacional. Los demás son simples “movimientos”, tan momentáneos como las elecciones.

Ciertamente podrá efectuar alianzas, pero difícilmente serán alianzas abiertas y francas, lo que representa impide que nadie quiera salir en la foto con ella y por ende lo máximo a lo que puede aspirar es a apoyos “bajo la mesa”, ocultos y timoratos.

En cuanto al candidato Humala, su posición ideológica es clara, radicalmente opuesta al modelo imperante, y así ha sido conocida desde su primera candidatura, en las elecciones anteriores. El plan de gobierno que presentó al momento de inscribir su candidatura así lo refleja con indiscutible claridad. En eso no hay discusión, sus esquemas son básicamente estatizantes, es crítico de cierta prensa, (cualquier parecido con nuestra realidad “es pura coincidencia”…), y su pasado tampoco es tan democrático que digamos pues no hay que olvidar que su popularidad nace de un intento de Golpe de Estado que protagonizó al final del Gobierno de Fujimori, intento que por cierto fracasó en 48 horas pues apenas si logró la adhesión de unos pocos oficiales y elementos de tropa. Por esas debilidades de nuestros sistemas democráticos, (también calificables como incongruencias), no due dado de baja, luego fue indultado y terminó su carrera ejerciendo de Agregado Militar en Francia y Corea del Norte.

Además nunca fue suficientemente aclarado si apoyó o no la insurrección armada conocida como el “Andahuaylazo”, protagonizada por su hermano Antauro, (también militar retirado), contra el Gobierno de Toledo, en el que fueron cruelmente asesinados cuatro policías y por lo cual guarda prisión el mismo Antauro Humala y alrededor de 80 de sus seguidores.

Mucho se ha hablado en sus dos campañas, de vínculos con el chavismo, incluso en ambas ocasiones se ha hablado de financiamiento venezolano a su candidatura que en ambas ocasiones ha hecho gala de contar con grandes recursos económicos que por más buenos gestores que haya tenido, es difícil creer que haya provenido del empresariado peruano. A la fecha, éste es uno de los misterios mejor guardados de este país.

Con o sin financiamiento, esta vez ha logrado que los integrantes del “eje” Caracas – Quito – La Paz, no hablen mucho a su favor y la única vez que Chávez se permitió un comentario favorable, hace muy pocos días, le respondió el propio Humala para pedirle que no intervenga. Los asesores brasileños que tiene, (esto es un dato confirmado por el mismo Humala), se supone que son enviados por o con la venia de Lula, y aparentemente habría un precio a pagar por ello: alejarse de Chavez y acercarse a Brasil. Por lo pronto, se conoce localmente que entre los financistas de su campaña, hay varias empresas brasileñas con importante presencia en el Perú.

Estos asesores serían los mentalizadores de un cuasi desconocimiento por parte de Humala del Plan de Gobierno ya mencionado, presentado por él ante las autoridades electorales, y de que en las últimas semanas el candidato prácticamente haya ignorado lo que hace no mucho firmó para asumir una posición mucho menos radical con un lenguaje mucho más cauto, casi centrista en lo ideológico, con el cual prácticamente promete “no cambiar nada sino solamente hacer más énfasis en lo social”. Incluso ha dejado un tanto en suspenso su promesa de campaña de convocar a una Constituyente para elaborar una nueva Constitución, promesa acompañada de otra en el sentido de que él “no buscaría una reelección”…

Para muchos, el lobo, como buen lobo, se ha vestido, temporalmente, de oveja.

Este posible acercamiento al “modelo brasileño” es uno de los argumentos que se vienen utilizando para justificar por parte de muchos o el voto en la segunda vuelta o incluso, aprobar ciertas posibles alianzas como la que se rumoraba insistentemente se estaba gestando con Toledo, pues la idea sería de hacer un pacto que viabilice una mayoría en el Congreso para tener gobernabilidad, a cambio de que Humala acepte una plataforma de Gobierno que no toque lo fundamental del modelo. El concepto que se maneja, es “ponerle candados” a Humala, para que en su gestión no pueda realmente cambiar muchas cosas ni imponer un sistema radical. Evidentemente la gran pregunta es si, abocado a ésas circunstancias, si es que aceptara pactos semejantes, (lo cual tampoco está dicho), su palabra sería confiable.

Finalmente Toledo ha hecho público un “Pronunciamiento” el cual da a entender que por ahora “evalúa” la posición de ambos candidatos, aparentemente hasta conocer más a fondo las “precisiones” que espera hagan a sus respectivos Planes de Gobierno originales. Parecería ser que en el caso de Humala, cualquier alianza que pueda hacer, al igual que en el caso de la otra candidatura, no podrá ser abierta, muy posiblemente también tenga que contentarse con apoyos ocultos que de poco o nada sirven.

Habría que tomar en cuenta que en términos generales, los “outsiders” latinoamericanos de los últimos 20 años han tenido un mal récord en materia de defensa de la democracia: Fujimori, Chávez, Correa, etc. Un importante articulista local, de ideología claramente derechista y por ende opositor a Humala, recordaba hace pocos días como la derecha alemana quiso “domar” a Hitler e igualmente como los liberales y conservadores italianos quisieron hacer lo mismo con Mussolini. Al consolidarse ambos en el poder, descartaron a los aliados iniciales y de ahí en adelante gobernaron solos. Quizás la comparación de este articulista es un tanto exagerada en cuanto a los personajes cuya memoria trae a colación, pero el principio es válido: la historia está llena de alianzas en las que los unos utilizaron a los otros y cuando éstos ya no fueron necesarios, fueron descartaron sin miramientos ni consideraciones de ninguna clase.

Cuando, al calor de las discusiones, se habla de esto y se recuerda lo sucedido en otros países como el nuestro, Venezuela y Bolivia, algunos piensan sincera y honestamente que “eso no puede pasar acá porque ya pasó”, en alusión a la hecatombe del período 1967 – 1992 con el Gobierno Militar, el terrorismo de “Sendero Luminoso” y el primer gobierno de Alan García. ¿Será válido tanto optimismo?

Si hubiera lógica en esto de la política, por simple afinidad ideológica, no debería hacer dudas sobre quién va a ganar la segunda vuelta: la mayoría de los votantes de los tres candidatos perdedores se deberían decantar a favor del fujimorismo. Pero muchos se preguntan, pensando en la historia reciente, cómo hará una joven y casi inexperta política como Keiko Fujimori para ganar si el político de lejos más experimentado y carismático del país como lo es Alan García, apenas pudo hacerlo por alrededor del 4%.

En la política, especialmente en circunstancias como esta, prima lo emocional sobre lo lógico, y al final se dan resultados en apariencia sorprendentes. Nada está escrito en estas elecciones, quizás el único pronóstico que se puede aventurar es que el ganador obtendrá un margen no muy amplio sobre el segundo, repitiéndose así casi seguramente lo sucedido en la elección anterior. Inevitablemente el anti – voto o “voto contra” será el que defina estas elecciones y ciertamente, la votación del 5 de Junio, muy posiblemente, para bien o para mal, definirá el futuro de este país, por lo menos para las dos o tres décadas venideras.

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