Quedé perplejo cuando escuché esa frase , eructada por un Fiscal para “describir el “delito” que habrían cometido aquellos jóvenes representantes de una Junta Cívica , quienes declararon a Correa como persona no grata a los guayaquileños.

¿ Qué diablos quiso decir ese Fiscal ? ¿ Es esa la garantía que los ecuatorianos tenemos respecto al grado de certeza y veracidad que deben tener esos funcionarios al momento de incriminar a supuestos infractores de la ley ? Me pasó por alto su nombre y no quise saberlo después ni ahora, porque me distraería de lo nuclear del caso: se ha apresado a dos jóvenes dirigentes que expresaban civilizadamente su opinión del Presidente de la República .Habían dicho que Correa no es de su “agrado” , que no les es “gustoso”, que no les resulta “placentero” ni “dulce” , ateniéndonos -como es lógico – a los significados que consignan la Real Academia de la Lengua y otros diccionarios de importancia internacional.

Pero el Fiscal del cuento, recitando incoherentemente alguna orden que aceleradamente le fue soplada, creyó justificar su ignorancia jurídica hablándonos de un “separatismo del orden público”( transcrita otra vez entre comillas para reafirmar a usted que no soy el autor de tal disparate ).

Así, pues, expresar que Correa no es de nuestro agrado ; opinar que Correa no está haciendo una buena labor , equivale desde ahora a incurrir en el inventado delito de separatismo. ¿ Debemos opinar sobre Correa y emprender la huida al exterior como “balseros” o a nuestros domicilios si somos ancianos , adelantándonos a los fiscales al servicio de una dictadura cada día más evidente ? Puedo disgustar a Correa o serle absolutamente indiferente, carente de importancia ; invisible. Ninguna de tales opciones me interesa conocer. Simplemente opino, como un ciudadano más, que no es un gobernante de mi agrado. Y que, luego de su gobierno, el país quedará muy maltrecho , con gravísimos problemas internacionales, con desorientadas, demagógicas y electoreras conquistas sociales y sumido en la estupidez de un armamentismo insensato.

Al opinar así, sólo hago uso y ejerzo un derecho humano que consta impreso e inserto en la Constitución. Mas, si la narrada actitud fiscal responde a una política gubernamental, concluyamos entonces que se avecina una etapa de represiones virulentas y tan torpes como la acontecida con esos jóvenes. Una etapa en la que se confirmará que las declaraciones que dicen respetar los derechos humanos en el Ecuador, son lamentablemente abstractas y están contradichas por las violaciones concretas por parte de esta revolución ciudadana.

El mensaje es claro : todo ciudadano a quien Correa le “caiga” mal o estime que ha defeccionado , deberá ser privado de su libertad. No habrá necesidad de los Comités de Defensa de la Revolución, llenos de delatores. Bastará que los fiscales lean los periódicos, escuchen sus radios o vean televisión , elaboren luego un listado de quienes emitan sus opiniones sobre la actuación presidencial e inicien las instrucciones penales respectivas. La Policía y los autónomos jueces de la autónoma función judicial se encargarán del resto y el gobierno de la revolución ciudadana se afianzará sin flaquear nunca más.

La superpoblación carcelaria se resolvería poniendo en libertad, a través de cualquier artificio jurídico, a los reales criminales, asesinos, violadores, narcotraficantes y demás “víctimas del sistema” inventado durante la larga noche neoliberal. Y nos preguntaremos : ¿Dónde quedó la libertad de expresión y, en especial, la de expresar nuestra opinión? ¿ Por qué debe gustarnos Correa, obligadamente, o morder nuestras lenguas para así mantenernos al margen de la ley penal ?

Quienes derrocaron a Bucaram, Mahuad y Gutierrez no fueron separatistas. No se limitaron a describirles como no gratos , sino que consumaron hechos en escenarios callejeros que culminaron con sus derrocamientos. Hubo violencia y fracturas legales en los tres casos, pero a nadie se le ocurrió que tales acciones implicaran una intención separatista, triste recurso semántico al que hoy se apela para jodernos la vida y acallar nuestras voces.

García Márquez narra en su obra “ La Aventura de Miguel Littin clandestino en Chile”, que siendo Allende Presidente, un obrero desfiló frente a él con una pancarta que decía : ESTE GOBIERNO ES UNA MIERDA. Pero es mi gobierno.” Allende, sonriente, le aplaudió y descendió para estrecharle la mano, respetando en ese individuo su libertad de ejercer, sin trabas, un derecho constitucional que en el Ecuador se sigue exaltando como un logro de la revolución “profunda y ciudadana” y que solo revela la hipocresía con que se maneja el tema de los derechos humanos .

Lo que no será grato al gobierno es comprobar que el deseo de aquellos jóvenes guayaquileños de expresar su opinión en alguna barriada guayaquileña, se vio cumplido con creces : la tonta acción represiva se encargó de divulgar el mensaje a nivel nacional . La pancarta ya es de todos.