22 mayo, 2024

La marca de un reloj

Shakira sorprendió al mundo, hace más de un año, con la canción Sesión #53 que compuso junto a Bizarrap, la cual superó los récords de audiencia en pocas horas. Hasta el momento, solo en el canal oficial del reconocido DJ argentino, se registran casi 712 millones de reproducciones, dato importante para la industria musical, aunque no tanto para los detractores que han realizado cuestionamientos sobre cómo la cantante dio un giro a su favor, sobre la tan comentada ruptura sentimental con el padre de sus hijos, aplaudo esa creativa manera de desahogarse, aún más válida si ha facturado con éxito. Pero al escuchar la melodía es la comparación que realiza en una estrofa: «Cambiaste un Rolex por un Casio…» lo que me hizo cuestionar si el valor de un ser humano depende de los objetos de alto o bajo precio que utilice, por lo que centraré este artículo solo en cuanto al reloj, ya que existe un sinnúmero de cosas, lugares, alimentos, vestimenta y vehículos, posicionados en el mercado como medidores de status social.

En la versión que hizo Netflix sobre la novela de Claudia Piñeiro «Las viudas de los jueves», uno de sus protagonistas coleccionaba relojes de marca que, obsesivamente, los relaciona con cierto nivel de poder. Jaime Bayly cita en su último libro «Los genios» una anécdota entre Gabriel García Márquez y Joaquín Sabina; la noche que se conocieron en un bar de Londres, el primero llevaba un reloj Cartier, obsequio de su editora, después de una amena charla entre ambos, Gabo decidió regalárselo al cantautor, desconocido y de escasos recursos económicos en ese entonces, como símbolo de la amistad que había surgido en medio de los tragos, la música y poesía. Una fotografía de Fidel Castro es utilizada por la marca Rolex en una de sus tiendas en Alemania, según un video que una oponente al régimen de La Habana subió a la plataforma de X, en el cual cuestionaba la retribución económica que se debió pagar a la familia Castro por los derechos de imagen.

Si a usted, estimado lector, le interesan los temas políticos, no solo de Ecuador, sino en la región, estará al tanto que en Perú, la presidenta Dina Boluarte, ha sido señalada por la dudosa posesión de un lote de relojes, investigación denominada como «Caso Rolex», y que podría costarle su permanencia en el poder.

En nuestro país, es de conocimiento público que en los allanamientos de los últimos casos se han encontrado, entre otras cosas, relojes de valor, y uno de los investigados llegó al punto de falsificar los originales para impedir ser despojado de su mal habida adquisición.

Son pocos casos que he citado, en ellos vemos el reflejo de un grupo, no minoritario de personas, que conforme escalan, ya sea de manera honesta o no, dentro de la comunidad, reafirman su status social con la compra de objetos de alto costo.

Apoyo lo expresado por Shakira en su melodioso desahogo emocional, solo refuto que usar un objeto de marca no define que una persona sea mejor que otra. Recuerdo cuando al recibir mi primer sueldo compré un reloj Citizen que aún conservo porque, a pesar de que en alguna ocasión me regalaron un Cartier, nada más gratificante que apreciar lo adquirido con el fruto del trabajo. 

Desde hace unos años no uso relojes, decidí no dejarme presionar por el tiempo, además, considero que el valor personal no depende de ninguna marca que se lleve puesta, existen muchas cosas intangibles que nos convierten en mejores seres humanos.

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Todo ser humano tiene derecho a que su nombre sea limpio y a que nadie pueda enlodarlo con una calumnia o una mentira. Como bien advierte Rubén Darío en su verso “La calumnia”: “Puede una gota de lodo sobre un diamante caer; puede también, de ese modo, su fulgor obscurecer. Pero aunque el diamante todo se encuentre de fango lleno, el valor que lo hace bueno no perderá ni un instante, y ha de ser siempre diamante por más que lo manche el cieno.”

Hablar mal de otro es uno de los vicios más arraigados del ser humano. No hay vicio que dañe más el alma del ser humano que lo practica, que éste. La suspicacia, el creerse dueño de la verdad, hace que el hombre piense que es real el dicho: “Piensa mal y acertarás”. Es muy difícil que otorguemos el beneficio de la duda. Recuerdo una anécdota que leí hace un tiempo, de un chico que tenía su novia y un día, al ir a visitarla llevando la sortija de compromiso, para pedirle matrimonio, al llegar a la esquina, la vio en la puerta de su casa abrazando y besando a otro chico. Fue corriendo a su casa a escribir una carta grosera de rompimiento y al ir a entregársela, ella le contó feliz que su hermano acababa de regresar de la guerra y estaba en la Sala. No sabía luego, como romper esa carta.

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