14 abril, 2024

¡Qué bien usan el celular!

Un mundo globalizado y altamente digital precisa de una educación que incluya el desarrollo del pensamiento computacional y de competencias digitales. Las generaciones jóvenes llamadas nativas digitales tienen habilidades, intrínsecas a su crecimiento, para reconocer y manejar los ambientes amigables de los celulares y de muchas redes sociales, situación que para muchos padres es fuente de alegría ya que consideran que sus hijos son plenamente “tecnológicos”.

Desde mi experiencia docente considero fundamental diferenciar las competencias digitales de la habilidad de utilizar herramientas digitales, por ello les comparto tres definiciones de pensamiento computacional para clarificar esta diferencia:

Desde la Universidad de Carnegie Mellon, Jeannette Wing define el pensamiento computacional como un conjunto de competencias universales que consisten en la solución problemas, diseño de sistemas y entendimiento del comportamiento humano aplicando los conocimientos elementales de la informática. 

De similar manera, Jan Cuny, Oficial de Programas en la Fundación Nacional de Ciencias (USA), lo considera un proceso de pensamiento que interviene en la formulación de los problemas y sus soluciones, de manera que las soluciones se representen de tal forma que puedan ser realizadas por un procesador de información.

Steve Furber, ingeniero informático de la Universidad de Manchester, lo sintetiza como el proceso por el cual se reconocen aspectos de la informática en el mundo que nos rodea y que permite aplicar herramientas y técnicas de la informática para comprender sistemas y procesos naturales y artificiales.

De aquí tenemos que el pensamiento computacional inicia con la comprensión del entorno, la clara percepción de los problemas y la generación de soluciones que pueden ser aplicadas desde los procesadores de información. Queda claro que no tiene relación con manipular celulares o redes sociales a corta edad.

Para que nuestros niños, nativos digitales, sean competentes digitales y desarrollen pensamiento computacional debemos trabajar en el desarrollo habilidades de pensamiento:  el análisis, el pensamiento lógico, el pensamiento algorítmico, la descomposición, la abstracción, la depuración, la validación de soluciones y el reconocimiento de patrones.

Es decir, deben desarrollar actividades como deportes, la lectura, los paseos, la lectura de mapas, recitar, seguir instrucciones de legos, pintar mandalas, bordar, hacer artesanías, cocinar, jugar palabras cruzadas, caras y gestos, aprender maquillaje, electricidad, gasfitería, ebanistería y muchas otras actividades manuales; pues en ellas aprenderán orden lógico, síntesis, expresión, toma de decisión, reconocerán patrones, organizarán secuencias, etc.

Al aplicar este aprendizaje en entornos digitales o de programación, verán desarrolladas habilidades de pensamiento computacional que lograrán que nuestros hijos no sean únicamente manipuladores de artefactos, sino que realmente se transformen en creadores de tecnología.

Los invito a consumir menos aparatos tecnológicos, a retomar actividades y juegos olvidados y a generar así más posibilidades de pensamiento computacional, formemos jóvenes que no consuman lo que unos pocos proponen en el cyber-espacio o en las tiendas tecnológicas, recuperemos espacios de calidad en familia.

Esta reflexión la comparto porque estamos en época de vacacionales y actividades extracurriculares; y, como docente, deseo invitarlos a que las actividades de sus hijos estén encaminadas a conocer el entorno, la naturaleza y su funcionamiento; a desarrollar la habilidad de solucionar situaciones, a ser creativos, a disfrutar de sus logros, en resumen, a que sus mentes sean libres para imaginar, para tomar decisiones desde otras perspectivas y crear un mundo más hermoso y mejor. 



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He decidió compartir mis reflexiones de por qué votaré NO en cada una de las preguntas que en mayo se nos consultará en urnas. A saber:

1. Creo es la menos inocente de las preguntas, pues a todas luces aquí se quiere reparar un olvido de los asambleístas constituyentes en Montecristi. Al redactar la Constitución del año 2008, olvidaron incluir este inciso que ahora se nos propone aprobar. El problema no está sólo en las argucias empleadas en los procesos judiciales penales para conseguir que el calendario caduque la prisión preventiva. El problema va más allá, pues la caducidad de la prisión preventiva es resultado del sistema penitenciario y judicial – penal que no sabe de tiempo, eficiencia, y objetivos claros. Muy aparte de nombres simpáticos para las nuevas dependencias públicas, la política penal sigue siendo la misma: el hacinamiento de presos, de procesos, de indagaciones previas, de informes policiales. El agregado que se nos pide aprobar no nos dará la solución que necesitamos.

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