20 abril, 2024

Las huellas y la novedad

En la vida huellas; rastros; no lapidas que mencionan solo nuestras fechas de llegada y salida, como si eso hemos sido: llegar y partir, que hablan de lo que fuimos: “fue fulano de tal…”, que aquí estuvimos, poniéndonos una cruz como si eso importará, una cruz para el recuerdo, yo no soy cruz ni he seguido cruces. En las huellas estamos, soy, En la huella, estamos. La huella ES.

¿Quién soy? Y también ¿quién eres tú? Porque en el mundo: vivo, paseo, la tragedia, el aplomo, la alegría, la soledad, toda la vida estar vivo y luego tener y deber de morir, morirse, morirnos todos, ricos y pobres. Para el pobre la muerte es un descanso, para el rico tener que morir y no morir comiendo dinero.

¿Qué huella sigo? He buscado en piedras y en rocas, en cascadas y en la profundidad de los océanos, ese trajinar inclemente del hombre, sigue un camino, construye otro sendero, se pierde, se halla, enloquece, grita y maldice. El hombre es hacer. Pensar es hacer, la acción es hacer. Si yo hago algo genuino, verdadero, eso beneficiará a alguien en otro tiempo y lo ayudará en la titánica labor de liberarse de todo lo que no es él.

¿Es verdad que toda la existencia es vida? Tanta creación, ilimitada, sin forma, infinita, que abarca al todo y más allá del todo, y a todo esto lo llamamos: vida. Uno puede pensar que todo existió siempre, que existiremos siempre, que regresamos y venimos y nos vamos y también nunca más regresamos ni vamos a ningún sitio, ni lugar ni hay salvación ni condena, son nuestras oportunidades que terminaron, no logramos extenderlas más y fluimos desapareciendo en todas las formas y sombras del absoluto que nos ha tocado vivir nuestra experiencia. También puede ser que no exista un solo Absoluto, sino uno por cada nivel de experiencias, “a cada quien su Dios”, un Dios para cada reino.

Me atrevo con las ideas pero jamás me atrevo a interrumpir tu discurso por más que en él me dispares y me niegues a decir mis impresiones. La idea de la libertad es recurrente. Escribo lo que ustedes leen y no soy condenado, ni soy el elegido. Cuando me levanto en la mañana lo hago como cualquiera, reconozco que no soy libre, ni tengo que leer ningún texto sagrado sino escuchar las sagradas notas de mi mujer señalando y ordenando lo que hay que hacer en el día, lo que espera de mi; el pago de los gastos y consumos, los planes, su decir: “iremos para acá, para allá” al mismo tiempo que el café hierve en su corazón y en sus ansias. Es decir, el universo sigue su marcha mientras se inicia mi afán y pongo mis dos pies sobre el piso helado de mi marcha. No soy especial. No soy libre, los otros son libres. No soy libre.

Resultó que tan libre tampoco lo era el señor rey de Arabia, Don Abdala, a quien la muerte lo abrazo sin esperar que abdique. Ahora su único tesoro es estar muerto, rodeado de miles de vírgenes, en ríos de leche y yogurt que les espera a los fieles musulmanes. Ahora, ahora escribiendo, poniendo ideas, sentimientos, en este momento, sin esperar nada a cambio, siendo sincero, queriendo dar algo nuevo, que no sea triste, pero que tenga ironía, bien escrito para que no hablen de la forma sino de su contenido. La huella es nuestra contenido, o nuestros rastros son la generosidad cantada, servida, dada. Cuando hago me conecto aquí, y me expando por donde nunca pensé ni soñé. La huella es nuestro corazón. Mi corazón alguien lo tiene, posee, madura: lo siembra y lo cosecha.

Mi jefe de trabajo es un hombre poderoso, posee múltiples negocios alrededor del mundo: tiene comisariatos, cadenas de cines, supermercados de carne, leche, de flores de un día y de muchos días. En un examen médico de rutina le detectaron cáncer, luego de eso se lo veía recorriendo sus múltiples locales en silencio, saludando a sus colaboradores, su caminar reflejaba su preocupación y sus designios. Al final el cáncer no era maligno pero algo fuerte sucedió en él que se volvió más humano, menos competitivo y su interés paso a una voluntad de vivir con los suyos más tiempo más presente lo que no había podido antes. La riqueza es absolutamente buena, es resultado de nuestro trabajo, es exigente y viene con esfuerzos y riesgos. Ojala y todos entendiéramos la riqueza como la mejor forma de vivir la vida, es bueno ser rico, es bueno estar libre de pobreza,pero no se trata de entregar toda nuestra vida al dinero. Es bueno tener gobernantes y líderes fuertes, de palabra, inteligentes, interesados en que la gente viva mejor y prospera.

Descubro que mis ideas pueden ser nuevas si yo mismo me siento nuevo. Poseer un corazón vital que se manifieste en unidad con el pensamiento. Estoy vivo un día más. “Líbrame del mal, amen”.

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