19 abril, 2024

Demoliciones y Monumentos

El gobierno militar –dictadura- del General Rodríguez Lara, se autodenominó “nacionalista y revolucionario”, cuyo objetivo fue controlar los ingresos producidos por la exportación de petróleo que se comenzaron a recibir en la década del setenta, coincidiendo esto con la crisis energética mundial que sucedió por aquellos años. Es decir abundó dinero fresco, se tuvo a disposición, gusto y gana el poder completo y las tres funciones del Estado eran una sola. La dictadura militar petrolera duró nueve años. Diríase que la situación era muy parecida a la actual. La gran diferencia está o estará en la que hay entre la personalidad, inteligencia y talla de Rodríguez Lara y Guillermo Durán Arcentales juntos, y la de Rafael Correa solito.

Entre los planes quinquenales de aquella época fue aquello de sembrar el petróleo, y dedicarse a desarrollar la agricultura. La SEMPLADES se llamaba Junta de Planificación en ese entonces. Para poder sembrarlo se levantó un monumento a la estupidez humana, que terminó siendo la construcción de ese elefante blanco que al parecer hoy Correa se alista a demolerlo. Muchos millones de dólares se invirtieron para construir ese edificio inmenso con la intención de rellenarlo de escritorios, y para demostrar engañosamente que Guayaquil sería la ciudad desde donde se manejaría el desarrollo agrícola. Alguna vez escribí al respecto y dije que debido a la idiotez de la idea, lo mejor era poner maceteros en las planificadas oficinas en lugar de aquello escritorios, y desarrollar mini granjas agrícolas, sembrando marihuana para que se autogestione. Claro está que en aquel tiempo también los Municipios dependían de la dictadura y eran designados los alcaldes y concejeros por la Gobernación del Guayas. Asi se trazaron planes para convertir la avenidas Quito en el centro burocrático de la ciudad, y se planeó un diseño urbanístico futurista, así más o menos como lo que es Dubái actualmente.

La construcción demoró una década y el correspondió nada más ni nada menos a Osvaldo Hurtado inaugurar el esperpento. Y ahí quedó a su suerte bajo las inclemencias del tiempo y de los absurdos.

Comparto la idea de demoler tres macro edificaciones que están ahí botadas sin que nadie atine que hacer con ellas. Eso realmente corresponde al Municipio. Pero estamos en tiempos revolucionarios. La principal demolición es la del edificio del cual estamos hablando, y creo que en ese espacio público debe crearse un área verde, con parqueos abajo, y arriba un monumento al agricultor y campesino de la Costa ecuatoriana. Le paso la idea a al Gobernador Cuero o a la chica Duarte para promover su elección a la alcaldía en el 2013. Claro está que debería evitarse que ese terreno no sea invadido por las huestes humanas al calor de los bonos de vivienda.

De las otras dos macro demoliciones hay también que ocuparse en aras al ornato. Al pie del puente de Urdesa está otro elefante blanco construido por unos banqueros fracasados. Lastimosamente este permiso municipal se lo otorgó al inicio de la alcaldía de León Febres Cordero, y causó a la larga la destitución de ese funcionario achinado, que fue por otra parte fue el único de las huestees del PRE que quedaron infiltradas por presión de empresarios de la construcción de ese entonces que tenían muchos desarrollos en plena fase de explotación en esas áreas y con lo que sucedía alrededo de la Francisco de Oreññana. A ese edificio también solo cabe la demolición completa, y en esa área por respeto al estero, devolvérselo engalanado con un monumento a las garzas blancas que todavía por ahí rondan en medio de las inmundicias negras y la contanimación existente.

La tercera demolición ya no es en nuestro Cantón, sino en la Puntilla. Otra estupidez bancaria. Un Centro Comercial mal ubicado y ocupando áreas muy difíciles de explotarlas comercialmente. Allí a Correa se le ocurrió hacinarlo con las Policía Judicial y toda la traumatología urbanística que eso conlleva. Parece que ya se le olvidó la idea. Ni para eso sirve. Allí se me ocurre crear otra área verde culminada con un monumento que nos recuerde al desastre bancario. Sugiero que ese monumento sea diseñado por Fernando Botero, pues a él le gustan los gorditos y si les damos una muestra, quizás nos haría una rebajita.

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