14 abril, 2024

Fe ciega y Ojos bien abiertos

“Alguno dirá: “Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe”. – Carta del Apóstol Santiago. Cap. 2, v. 14-18.

Estoy convencido que el éxito del Ecuador es realmente posible. Estoy más que convencido que si ajustamos un poco la mira, apuntamos a objetivos concretos, cuantificables, no pasaría mucho tiempo para vernos alcanzándolos. Tengo fe en que el éxito es posible en el Ecuador. Varias naciones se han alzado hacia el triunfo que significa mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

El éxito no lo vamos a conseguir porque alguien nos lo dé. Tampoco llegaremos a este porque un político o líder invente una estructura, institución o mecanismo a nivel de nación que nos libere de repente de la mediocridad, la baja autoestima generalizada, tantos actos de corrupción o incluso del alto índice delincuencial. No. La única manera de alcanzar el éxito como nación no es poniendo o sacando a determinada persona en el poder ni tampoco con algún mandato que este ordene. El único camino es la unidad, la integración, el trabajo en equipo y generar un torrente de ideas o capital intelectual, una idea que ya esta clara que debemos aplicar es las autonomías de regiones.

Y es que cuando hablo de unidad estoy diciendo que el camino a la victoria tiene dos frentes: uno que consiste en mí como persona y otro que consiste en mí como parte de la sociedad. Cada persona debe manejar esos dos enfoques, sentir que tiene una responsabilidad sobre sí mismo y sobre el medio que lo rodea.

Fe es la palabrita clave. La fe ciega nos guía hacia un estado de seguridad y paz interior. Y porque tengo fe, tengo que hacer obras. Tengo que conseguir mi objetivo. De esta manera el éxito del Ecuador llegará. No antes.

Los ecuatorianos necesitamos ser como un puño cerrado para darle un duro golpe a nuestro enemigo: la pobreza y los que la ocasionan. Si no tenemos fe, no tenemos nada. Así no vale la pena ni empezar a caminar. Un pueblo sin fe es un pueblo triste, deprimido, que proyecta su desesperación a través de acciones irracionales que pueden resumirse en crímenes como robos, , asesinatos, corrupción, etc.

Los exhorto a actuar. Buscar obras positivas, movilizarnos en pos de nuestras metas. Hay que vencer la mediocridad a través del estudio y el trabajo constantes. Cada uno de nosotros debe sobresalir por su propio esfuerzo.

Si trabajamos con valor y decisión; si concretamos nuestras acciones y la transformamos en realidades; si somos capaces de construir; y si entendemos que tenemos fines y caminos comunes; estoy convencido que todos los habitantes de nuestro querido Ecuador encontraremos ese bienestar que tanto anhelamos.

Invito a todos a unirnos en esta misión, que no es pública. Es íntima. Pero a la vez es colectiva, persigue un fin social. La educación que le impartimos a nuestros jóvenes (tanto en las escuelas, colegios y universidades, como en el hogar y en el trabajo) dirijámosla hacia este norte: a vivir como ecuatorianos con una fe ciega y los ojos bien abiertos para hacer obras por nuestro país y de esta manera que se una al conjunto de naciones que a través de la historia han sido semilla donde crece la felicidad y calidad de vida para sus habitantes que por sus obras demostraron su fe.

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  1. Muy estimulante su artículo, que llegará sólo a unos pocos ecuatorianos de buena voluntad que intentamos en este medio poder aprender y también manifestar nuestras inquietudes. Yo sólo añadiría que se necesita una buena dosis de generosidad, de desprendimiento, de trabajar para el interés delos demás antes que para el nuestro. Si así pensaran nuestros políticos, todos, incluídos los de oposición al actual gobierno, qué distintas serían las cosas. Como consuelo, debemos alegrarnos que una parte de los venezolanos parecería que leyeron su mensaje. Gracias por su colaboración.

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