La reunión entre Miguel Palacios Frugone, presidente de la Junta Cívica de Guayaquil, y Miguel Guatemal, vicepresidente de la CONAIE, ha sido el show del mes de marzo. Algunos incautos, como el suscrito, - que todavía mantiene despierto al idealista por dentro - se hubiesen tragado el pretexto de la unidad de la oposición, motivo de esa variopinta reunión, si tan solo Guatemal y Palacios hubiesen mantenido sindéresis en sus declaraciones sobre la reunión que mantuvieron y luego negaron.

Que la CONAIE haya sufrido la metamorfosis de convertirse en un vulgar partido político ecuatoriano de los años ochentas, no es de sorprendernos. Ya esos indios no son los mismos de antes. Su dirigencia se aburguesó y las bases ya no son tan borregas de fácil rebaño; o por lo menos ahora responden a otro pastor, de paso y para variar, nacido en Guayaquil.

Pero lo más ofuscante es que la Junta Cívica haya tenido que subir a Quito a buscar remiendos para sus propios descosidos. Aquí en Guayaquil ya no encuentra sastre que le repare la capa caída. Ni en Samborondón los hay. ¿Temor? ¿Incapacidad? ¿Cálculo político? ¿Todas las anteriores? Todas las anteriores.

Temor. Revitalizar la Junta Cívica de Guayaquil significa devolverle su esencia contestataria, mediante voceros entendidos en lo que hablan, convencidos de lo que dicen y sin temores, rabos de paja o esqueletos guardados en el armario. ¿Hay dirigentes así hoy en la Junta?

Incapacidad. Si entendemos la capacidad como la aptitud o talento que dispone alguien para el buen ejercicio de algo, la Junta no podrá definir nunca esa capacidad hasta que no defina lo primero. El qué hacer; el para qué fue creada. Sin objetivos se malgasta el dinero de los financistas, se agotan las energías de los poquísimos activistas y la gran mayoría de guayaquileños (nacidos o adoptados) sigue sin entender para qué está la Junta Cívica de Guayaquil.

Cálculo político. Si la agenda de la Junta Cívica sigue estando atada como accesoria a la de Jaime Nebot Saadi, la Junta seguirá atrapada en el mismo hedor partidocrático que le dio asiento en todas las fundaciones municipales de Guayaquil. La Junta se fundó para maltratarse como ariete que tumba las barreras que limitan el crecimiento de la ciudad, de la libre empresa, del libre comercio y la libertad de expresión. En ese maltrato constante, halla su razón de ser. Su particularidad como organización está en la polémica, en la oposición y en la protesta contra el estatismo, el eterno y rancio centralismo. Nebot es un gran calculista político, tal como lo pintó revista Vistazo en su edición No. 1021. Los amigos y adeptos de hoy para él en cualquier momento se pueden transformar en sumandos, sustraendos o minuendos de los cuales aplicar la aritmética de sus intereses y sumarlos cuando útiles o simplemente restarlos cuando se deslinden del libreto. La Junta Cívica de Guayaquil en esa ecuación ocupa un espacio limitado.

Así que mientras esto sucede a orillas del río Guayas, me preocupa que el Sillón de Olmedo está vacante. El senescal del M. I. Municipio de Guayaquil (otrora antesala a la Presidencia de la República) ya termina su periodo. Se oye desde la Santay hasta El Salado que Nebot pretende correr para una candidatura presidencial contra su hoy último rival. Y digo último rival porque va rumbo a una pelea que no podrá ganar. Buena suerte cid, que nuestra fortuna para desgracia está atada a tus muñecas… igual como la de la Junta Cívica de Guayaquil.