(cc) por El Tecnorrante - Flickr

Parece que todo el escándalo que se armó sobre el nuevo aeropuerto de la capital se hizo humo con las “negociaciones” llevadas a cabo por el flamante alcalde de Quito. Ya no parece que fue un “asalto” como expresó el presidente Correa o un peculado como dijeron las “rectas cortes” de Quito

Pero saltan algunas preguntas. La primera ya la han hecho innumerables sectores de la prensa y defensores del proceso de concesión: ¿Cómo es posible que la “recta justicia de Quito” implique con la acusación de peculado solo a Moncayo, Vallejo y compañía y se olvide de otros ex ediles entre los cuales se encontraba el mismo Barrera usando la absurda justificación de que ellos “nos estaban bien informados”? ¿Es que esos ediles son idiotas, retardados mentales o totalmente irresponsables como para votar a favor de algo sin conocer los detalles? Pero nada sorprende con esta nueva justicia que ha inaugurado la Revolución Ciudadana.

Todo parece arreglarse con la negociación que hasta ahora se explica claramente a la ciudadanía. Solo se conoce que el Municipio de Quito recibirá 9,1 millones de dólares anuales cuando antes solo recibía 1,5. ¿Cómo se entiende esta “exitosa negociación” cuando Guayaquil recibe anualmente de su concesionario casi 20 millones de dólares anuales con un tráfico aéreo aproximadamente 25% menor que el de Quito?

¿Qué dirá ahora el Contralor Polit de su denuncia de un sobreprecio en la construcción del aeropuerto? ¿Se habrá resuelto ese sobreprecio con la negociación o fue una manifestación precipitada de parte de la Contraloría como aseguran Moncayo y Vallejo?

¿Qué pasará ahora con los juicios contra Moncayo, Vallejo y compañía? ¿La “recta justicia quiteña” seguirá con los procesos? Digo recta porque según el presidente Correa solo la justicia de Guayaquil “socialcristiana” es corrupta y sobre la de Quito nunca ha dicho nada a pesar de ciertos pronunciamientos por demás extraños que se han dado en esa ciudad.

Por otro lado, como todo está en paz y el proyecto sigue adelante, ¿dejaran los señores Moncayo, Vallejo y compañía de absurdamente acusar a los socios quiteños de la concesionaria de Guayaquil de orquestar la oposición a la construcción del aeropuerto de Quito porque de esa manera su negocio en Guayaquil se beneficia?

Nadie desea que el aeropuerto de Quito no se construya. El actual es un peligro constante para la ciudad y a pesar de todos los malos augurios de la DAC sobre las condiciones del nuevo y de los ligeros estudios de aeronavegabilidad que la Municipalidad de Quito realizó, con los adelantos y técnicas actuales, ese aeropuerto será mucho más seguro que el Mariscal Sucre.

Pero de que ha sido un proyecto mal llevado, lo ha sido. Desde el famoso “Swiss Challenge” que no es otra cosa que el montubio “ven tu” hasta las condiciones del contrato de concesión que no parecen ser favorables en absoluto a la Municipalidad de Quito y que algo han mejorado con la actual negociación.

Si algo parecido hubiera pasado con la concesión de Guayaquil ya estuvieran encima todas las fuerzas que domina Alianza País: Fiscalía, Jueces, Contraloría, Procuraduría, Asamblea Constituyente, Veeduría Ciudadana, Defensor del Pueblo, Comisión de la Verdad, y el Presidente Correa hubiera hecho participar a la misma Corte Celestial acusando a Nebot y sus “socialcristianos, neoliberales y apátridas” de todo tipo de fechorías.

Pero se trata de Quito, ciudad a la que Correa huyó por su odio a Guayaquil que ahora tiene un alcalde de Alianza País que como gallinita ciega aprobó todo lo que era antes pecaminoso pero que con su sola presencia y arduo trabajo de negociación ha tornado la concesión de Quito en un contrato hecho en el mismo cielo.

Como hace el gato, se echara tierra encima de todos los errores. Todo quedara en nada y el General Moncayo tendrá después de unos años algún nuevo remordimiento y volverá a escribir otra carta con reminiscencias y añoranzas.