14 abril, 2024

La corrupción es global, como cortarla (1/6)

Muchos de nosotros pensamos que servidores públicos y gobiernos están envueltos en casos de corrupción, y, en mayor cuantía en nuestros pequeños países o mal llamados tercermundistas, no es así. Agreguemos el escaso periodismo de investigación e instituciones de análisis serios que puedan establecer patrones similares de corrupción con gobiernos de otros países. Entonces concluiremos que no somos los únicos malaventurados. Es hora de que la ciudadanía se organice y con civismo elimine el modelo donde gobernantes hurtan, malgastan nuestros recursos, hieren la fe de sus votantes y lapidan el sistema democrático.

Como ciudadanos de bien tenemos: 1) La obligación de estar informados; 2) Exigir medidas correctivas para solucionar problemas urgentes. 3) Estar alertas y demandar medidas precautelarías que nos impactarán en el mediano y largo plazo. 

Que quede claro….La corrupción existe desde hace mucho tiempo, es herramienta vital para un grupo siniestro de oligopolios y sectas globales que aprendieron a manipular procesos democráticos e imparten normas desde  organizaciones supranacionales, para secuestrar nuestros recursos, usando a nuestros propios gobernantes. Hoy están incrustadas en potencias mundiales como Estados Unidos hasta países como Haití. No esperemos que Ecuador sea una excepción.

El pueblo vive la ilusión de estar votando por un presidente que haga realidad sus promesas de campaña, vota por diputados que elaboren leyes y reglamentos que los beneficien. Pero una vez éstos en el poder llega lo inexplicable, algunos con extensa carrera política o exitosos profesionales empiezan a tomar decisiones que nadie se explica, hacen exactamente lo opuesto de lo que esperábamos 

«En los Estados donde la corrupción está tan incrustada es difícil que el funcionario público sea el que persiga la corrupción si en mucho de los casos son parte de la misma corrupción» – Santiago Basabe, analista.

Si escuchamos con profunda atención sus discursos notaremos que nosotros sus mandantes, pasamos a un segundo plano, pues existe alguien más u otra organización que les exige el camino a tomar, no es una opción, es una orden. Aquel que nos representa pasó a ser el representante de otros, bajo la ilusión democrática del voto.  

Estas sectas supranacionales dictan las políticas a seguir, brindan protección mediática, económica y santificará cualquier acción que su representante tome frente a foros internacionales, pues él ya pactó. Si el representante no fue corrupto, se lo tentará y ahora lo será. Como provisión se lo amenazará e incluso se le buscara algún indicio que pueda manchar su honor.



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