14 abril, 2024

Pista de obstáculos

Cuando era pequeña me encantaba ir al supermercado con mi mamá. Me emocionaba cada vez que de su boca salía un: “voy al super, ¿me acompañas?… Claro, yo aprovechaba. Me ponía mis mejores galas para ir al pasillo 8, caramelos y chocolates, pasillo 9, jugos, y, mi favorito, pasillo 5, donde estaban las papitas fritas y todos los procesados que tapan las arterias.

El carrito se llenaba con la mitad de mis cosas. Mi madre me hacía escoger entre los productos, pero yo me las ingeniaba para que todo pase por la registradora. Papá siempre se quejaba que la lista del super cada vez aumentaba de precio. Mami viraba los ojos y le respondía que ella no entendía por qué todo estaba tan caro.

La vida pasó, crecí, me casé, me reproduje, llego la bendición y definitivamente ir al super ya no es tan agradable. Ahora pienso que uno de los lugares donde la gente es más agresiva es el supermercado, también en los bancos. Las personas van sin tiempo a ponerse en filas eternas, mientras maldicen al que está adelante. He visto a señoras peleado por el mismo pepino, y ni se diga los vivarachos que se ponen en la caja de personas con discapacidad.

Esto puede sonar super odioso, pero también para muchos es un mega PLAN ir al super con toda la familia. ¡Maldición! padre, madre, y tres niños en un pasillo estrecho tratando de decidir que pan comprar. Al mismo tiempo, esto se vuelve una especie de pista de obstáculos donde con una falsa sonrisa, tengo que esquivar. Permiso, cuidado el niño, disculpe. Vayan al parque, pienso por dentro.

Hay otras cosas incomodas como toparnos con alguien que no nos cae muy bien en cada pasillo. ¿Será karmático? No termino de responderme esa pregunta. También estar con la peor facha y tropezar con tu ex. Ni se diga, si es que toca llevar a tu hijo que te tortura por esos nachos que le dijiste que no comprarías.

Pero la peor parte viene cuando nos toca pagar, ¡ah caramba! ¡es un remesón!, ya que esto solo nos demuestra que hemos crecido y que ya tenemos una mega responsabilidad. Pienso ¿cómo volver placentera la ida al supermercado? Ya sé… ¿Pidiendo todo por la aplicación? A muchas les ha funcionado, pero luego me acuerdo que soy muy piqui y no tan tecnológica. Me da un ataque si pido leche deslactosada y mi llega entera. Soy una quejona, no se diga más… Tengo otras virtudes.

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¡Desarrollar la inteligencia!

Existen tantas definiciones de inteligencia como conceptos de los seres humanos acerca de la misma. Busco, a través del presente ensayo, compartir con mis lectores los puntos de vista de un educador fascinado como yo con las neurociencias y por tanto, listo con estos conocimientos para implicarme cabalmente en el tema del desarrollo de la inteligencia. Después de todo, el pensamiento, la inteligencia humana son herramientas indispensables si se trata de educar a los más jóvenes. Definir la inteligencia y luego explicarnos cómo se desarrolla en los seres humanos será importante así como relacionar los procesos educativos con los procesos operativos del cerebro para lograr como resultado “gente inteligente”.

¿Cuáles son las definiciones más conocidas del vocablo “inteligencia”?. Suelo escuchar a mis compatriotas cosas como éstas… “habla bonito, no se le entiende nada, debe ser muy inteligente”, “esta persona resuelve problemas con gran facilidad”, “admiro a quienes con pocos recursos pueden lograr grandes cosas”, “su verbo convence al pueblo, es inteligente”, y otros tantos más…

Una Fábula de Ricos

En una mesa redonda siete comensales ricos sentados comiendo dinero. Miles y miles en billetes, montones de billetes nuevos, rosados. Perfumados a riqueza, con el signo de su abundancia; listos y ordenados para ser devorados por la poderosa avaricia. La riqueza del dinero en papeles amontonados en todos los sitios del lugar. Regados en el piso, sobre la mesa, debajo, colocados sobre los escritorios. Bailando en el aire, pegados sobre el tumbado de mármol, en forma de columnas dividiendo las paredes y las paredes llenas de dinero sosteniendo las distancias y el tiempo, de los enriquecidos sin límites. Sentados sobre sillas de oropel y pergamino, en una mesa formando un abismo negro de oro para ser ingeridos por los siete exclusivos millonarios reunidos, quienes al no saber qué hacer con tanta riqueza en vida, han resuelto gastarlo todo comiéndoselo, tragándolo, sin importarles cuánto ni porqué ni para qué. Porque es lo único que hasta ahora nadie había intentado hacer y ellos decidieron lograrlo: sentarse a comerlo hasta morir. Del plato a la boca, sin mediar nada más, sin importar la digestión ni algún malestar que pueda ocurrir. Es más: morir comiendo dinero, eso es lo que quieren, eso es lo que van a hacer, eso es lo que están haciendo. Nada más les ha importado en la vida: hacerlo, ganarlo, multiplicarlo, quedárselo, guardarlo y ahora ya viejos y exóticos, sintiendo la ironía de la muerte cerca y al no poder vivir para siempre, ante la imposibilidad de ordenar que les metan su ambición en el cofre mortuorio y llevárselo al más allá, para contarlo y volverlo multiplicar, entonces morirán comiéndolo, para que a nadie les sirva, para no repartirlo, para que se pudra con ellos.

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