28 mayo, 2024

Historias de terror

Halloween es conocido como el mes de las historias del terror, los disfraces y mucha azúcar. Esto me ha llevado hacerme la siguiente pregunta: ¿Qué sucesos de la vida real me aterran? Si fuera a conversar con mi psicóloga del tema, creo que comenzaría contándole que envejecer me da miedo, dicen que a partir de los 50s el cuerpo solo va de debacle, motivos por el cual nos volvemos adictos al bótox preventivo, al ejercicio y las barritas proteicas sin azúcar. Llega la menopausia junto con los sofocos, estos nos encienden como si fuéramos focos. La sequedad, ni hablemos de las caídas, se cae el pelo, las chichis, la nalga, la piel…   

Para muchos lo anteriormente mencionado podría ser banal, pero para mí es totalmente válido. Ojo, si, estas cosas me dan miedo, ahora les contaré lo que realmente me aterra.

Me paralizo al pensar que puedo dejar de ser fiel a mí misma, porque todos hemos flaqueado por “el qué dirán” en algún momento de nuestras vidas. También me espeluzna saber que seguimos viviendo en una cultura donde el machismo sigue siendo aceptado. Donde las mujeres continúan siendo presas, las marcas se repletan de publicidad inclusiva, pero son muy pocas las que realmente brindan apoyo a las minorías.  

Callar nos vuelve cómplices, callar nos atora hasta que terminamos vomitando porque el cuerpo no sabe mentir. 

Me asusta saber que la sociedad nos quiere obligar a tener hijos porque eso “nos realizaría” como seres humanos. Cuando no todo el mundo quiere, ni debe tener hijos. 

Al mismo tiempo uno de los peores sentimientos es ver sufrir a un hijo, es un dolor indescriptible. 

¿Qué pasa cuando esos niños no son nuestros, pero son víctimas del tráfico infantil? Me asquea saber que muchos miran hacia un lado, piensan que eso no podría suceder en su círculo, hasta que simplemente pasa. Porque nadie está exento. 

Las historias de terror existen, por desgracia muchas se vuelven realidad. 

¿Cuántas veces nos hemos apropiado de las máscaras y de los disfraces?

Es momento de ponerle un fin. 

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