15 abril, 2024

Celos divinos

Por José Fernando Gómez

Tengo celos de Dios, celos divinos
porque quiere llevarte de mi lado
siendo Él, el que unió nuestros destinos
y ahora quiere dejarme desdichado.

¿Será porque encontré en tus amores
la paz que tiene el cielo reservada?
¿Será porque en la tierra los temores
aprisionan el alma enamorada?

Tengo miedo, mi amor, de que me dejes,
tengo miedo de verme solitario,
sufro del desamor cual los herejes
que no hayan el consuelo en el rosario.

Si Dios me puso a ti de compañera,
si has sido para mí toda mi calma,
si has sido tú, sin última, primera
en mi vida, en mi sueño y en mi alma,

No puede Él apartarte de mi vida
no puedes tú dejarme solo y triste,
porque eres para mí la más querida,
sólo recuerdo cuanto me quisiste.

Pero si Dios te quiere, yo te adoro
y a Él le pido te deje junto a mí;
si quiere Dios quitarme mi tesoro
que me lleve primero, antes que a ti.

 

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Hablar de Buesa es hablar de amor, es hablar de ensueño, es usar el idioma para expresar lo que se siente. Por eso él nos dice:

Con la simple palabra

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Con la simple palabra de hablar todos los días,
que es tan noble que nunca llagará a ser vulgar,
voy diciendo estas cosas, que casi no son mías,
así como las aguas, casi no son del mar.

Con la simple palabra con que se cuenta un cuento,
que es la vejez eterna de la eterna niñez,
la ilusión, como un árbol que se deshoja al viento,
muere con la esperanza de nacer otra vez.

Los consejos

“…Cualquiera tiempo pasado fue mejor.”

Jorge Manrique

Fuera de nuestro nunca bien ponderado Prócer de la Independencia, poeta eximio, hombre público brillante y orador de extraordinarias cualidades, Don José Joaquín de Olmedo y Maruri, han habido varios grandes poetas y autores que han llenado miles de páginas de consejos, de escritos edificantes, destacando la moral ya sea en la forma de fábulas o cuentos, versos, y varias otras expresiones artísticas, los que sirvieron, en esa ya lejana época cuando la gente que aspiraba llegar a ser algo por esfuerzo propio, pudiera enriquecer sus mentes con lecturas morales, o con escritos y poemas románticos, caballerescos, espirituales, reflexivos, así como ahora buscan desesperadamente las noticias del Extra, las novelas escabrosas y tantos otros escritos basura que no dejan nada positivo para el alma (hay, por supuesto muchas obras extraordinarias, de verdadero valor, pero cada vez es más difícil escoger lo que vale la pena y lo que no vale la pena ser leído).

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