20 abril, 2024

Ser Dios debe ser bastante aburrido…

No tener la posibilidad de aprender nada porque se sabe todo, debe ser frustrante.

Una de las maravillas de haber nacido humanos, radica en la posibilidad de almacenar conocimientos y basado en la experiencia del uso de ellos, poder mejorar las cosas y aprender.

Otra cosa que debe ser fatal, es ser un Dios único.

Lo que Dios hace no lo puede comparar con lo que otro Dios hace.

Si esto no es posible porque supuestamente hay uno solo, como puede entonces Dios saber que está bien lo que hizo.

Dios no tiene una referencia igualitaria para comparar. No puede rectificar o mejorar lo que ha hecho.

El universo se maneja bajo leyes y principios que han nacido de sus propias entrañas.

Lo de aquí abajo, es lo mismo que lo de arriba.

La teoría de la evolución de las especies de Darwin es el mejor ejemplo evolutivo de que los seres que habitan el planeta tierra, han tenido que adaptarse y cambiar para sobrevivir.

Lo mismo sucede con el Universo, pero a mayor escala.

De la nada nace el todo.

Antes del comienzo del tiempo y la presencia de la materia, eran los gases o su contenido lo que estaba presente en el ambiente.

Algo tuvo que pasar para que el bombardeo hecho por los núcleos de los protones existentes, produjeran una explosión y apareciera la materia.

Visualicemos este hecho.

¿Dios era quien estaba observando todo y dejaba que pase todo o intervenía en todo?

¿La presencia de Dios era activa o pasiva?

¿Participó o permitió todo?

¿Conque propósito hiso Dios el universo y contra que otro universo lo comparó?

Dentro de las funciones mentales que hemos evolucionado a través del tiempo desde que todo comenzó, el razonamiento y la disquisición han sido dos de las más importantes actividades mentales que hemos evolucionado.

Estas no solo nos permiten, sino que nos obligan a cuestionar la presencia de un creador o la negación o aceptación del mismo.

Como empezó todo y porque comenzó, son preguntas humanas que carecen de respuestas divinas.

Podrá algún día la tecnología inventada por las creaturas pensantes darnos las respuestas a todo o seguiremos con las mismas interrogantes de siempre, adjudicándole a dios la paternidad de todo.

Hay quienes piensan que dios hizo todo y otros que dicen que dios fue creado por la inteligencia del hombre.

Los animales desconocen esta dicotomía y simplemente viven lo que les toca vivir.

Dios entonces es una necesidad humana creada por los humanos para justificar lo que no puede explicar o lo que no comprende.

De donde venimos y a donde vamos, son las dos grandes preguntas que nadie ha podido contestar.

Lo que si sabemos todos, es que estamos aquí para aprender.  

 

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A mi madre

Esta es la primera carta que te escribo en mis casi 32 años de vida. No sé cómo pude perder tanto tiempo y oportunidades para manifestarte cuánto valoro que estés al frente de mi familia. Por eso ha sido muy importante para mi pensar bien lo que en estas líneas quiero decirte, sobre todo porque estoy seguro de que estás viviendo momentos muy especiales en un fantástico encuentro con Dios en el que todo se transforma en susceptibilidades. En realidad lo que menos quiero ahora es que llores o que te desconectes de la paz y del gozo que muy seguramente ha tocado tu corazón en las últimas horas. Pero no encuentro más palabras para dirigirme a ti que las que causan sentimiento porque también estoy muy emocionado.

Tengo un mar de agradecimientos para ti. Te agradezco primero por haberme deseado mucho desde antes de mi concepción (así me lo repites cada madrugada de mi cumpleaños después de cantarme las mañanitas). Te agradezco por haber sido valiente y haberme dado la vida. Te agradezco por haber tolerado y sufrido con paciencia todas las cosas malas de tu época de esposa en el afán de que la figura del padre no me falte mientras crecía. Te agradezco por la devoción con la que educaste mi conocimiento y mi espíritu, pues tú has sido la inspiración y el talante para no dejar de ser católico cuando otras iglesias me tentaban en los momentos en los que erróneamente creí Dios me había abandonado. Te agradezco por el amor y la obsesión con los que me has cuidado y has procurado hacer de mi una persona de bien. Te agradezco por el inmenso sacrificio físico y mental al que te has sometido durante toda tu existencia por darme, incluso en la actualidad, el pan de cada día. También te agradezco por tu fortaleza y carácter fuerte porque con él me has hecho reaccionar cuando he estado desorientado. Pero muy particularmente te agradezco por la paciencia y resignación con la que me has aceptado tal como soy.

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