La farsa del sueldo mínimo vital. – Desde mi Trinchera
Economía Opinión Política

La farsa del sueldo mínimo vital.

A partir de enero próximo, los trabajadores recibirán un incremento en sus remuneraciones, respecto a lo que ganaban hace un año. 

Indigna y causa desazón la declaración de los voceros oficiales cuando manifiestan que el Estado tiene financiando  el incremento. Y la empresa privada ¿no cuenta?  

La autoridad de turno prometerá también el control de precios y lo ejercerá dando el show acostumbrado. Poco tiempo después el control se suspenderá porque no es posible mantenerlo. Todos sabemos que la obra de mano es parte de costo. Y si ésta aumenta, el precio de venta al público de los productos subirá.

Entonces los trabajadores recibirán más dólares. ¿Podrán adquirir más para vivir mejor? Definitivamente no.  Así comprobamos que el incremento del salario mínino vital por decreto, nunca ha significado mejor calidad de vida. Los precios aumentarán  en mayor proporción.

Y es que mientras no haya el respaldo productivo, esta política  salarial, lejos de reportar beneficio social, acarrea inflación, desempleo, hambre, descontento, desinterés por invertir y desorden laboral.

Los únicos beneficiados son los politiqueros  y dirigentes sindicales, que presentan el incremento como una conquista laboral conseguida por ellos y digna de votos en lo futuro. Farsantes. En realidad lo que hacen es hundir más en la desgracia y pobreza a quienes dicen salvar.

En tal virtud, si los políticos fuesen sensibles a la angustia de los más necesitados, no propiciarían estos reajustes sin sentido. Porque el efecto es contraproducente. Y siempre lo ha sido.

Es hora, pues de desarraigar este mito de las clases populares. Y tanto los colegios como los medios de comunicación colectiva tienen aquí un fundamental papel. Maestros y periodistas, cada uno en su área, deben decir la verdad al respecto  para que las generaciones futuras entiendan que la prosperidad es una consecuencia de la planificación, trabajo intenso, orden y ahorro. Hay que olvidar los desacertados paternalismos estatales.

Si la historia y la  realidad  circundante están puestos para ejemplo, es hora de aprender a vivir bien.

0 Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *