Educación y valores – Desde mi Trinchera
Opinión Sociedad

Educación y valores

¿Se educan los valores? o ¿Se educa en valores? Creo que ni lo uno ni lo otro. Los valores se inculcan.

La transmisión de valores, por ser bienes intangibles y espirituales, se realiza principalmente por medio del ejemplo que deben dar en primer lugar los padres de familia y luego los profesores, en todos los niveles de la instrucción formal. Además del ejemplo, y a mucha distancia de él, se comunican por medio de la palabra motivadora que destacará los beneficios de las virtudes sobre los vicios y presentará las actitudes probas como dignas de imitación frente a lo indeseable de la corrupción, la depravación, el libertinaje, la falsedad, el desenfreno, la lujuria, y la desmoralización.

Por último los valores se inculcan por la vivencia de los mismos, impregnando en la personalidad del estudiante, la íntima alegría y la satisfacción que brinda el vivir practicando el bien y llevando una existencia apegada a la moral.

Si consideramos que los profesores tienen bajo su custodia a los niños y jóvenes por trece años, con ciento cincuenta días de clases efectivas al año y con ocho horas diarias, significa que recibirán 15.600 horas-clase. En este prolongado tiempo, los maestros de vocación deberán ser capaces de dar un vuelco a la personalidad de sus pupilos, encaminándolos a ser ciudadanos probos y orgullo de la patria.

La asignatura que se dicta diariamente ha de servir de camino para llegar al objetivo de formar hombres valiosos para su familia y su patria. Gran parte de la materia se olvida, es lo normal, pero la formación con sus valores es el atesorado remanente que se impregna en la naturaleza de los educandos. 

Debemos formar en los estudiantes una estructura de principios que forje su carácter. 

Padres y maestros contagiarán a los niños y jóvenes con el ejemplo, la palabra y la práctica de valores como la veracidad, la honorabilidad, la autoestima, la puntualidad, la fidelidad, la alegría, la salud, la solidaridad…

Demás está aclarar que será un tremendo error pedagógico, dar una calificación o una nota a la práctica de valores. Estos están muy por encima de puntuaciones académicas.

Para los maestros, el inspirar valores es un sendero difícil de transitar, pero lleno de satisfacciones.

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