1 marzo, 2024

Washington espera por Cueva

Las verdades o falsedades en políticas públicas se pueden intentar esconder según la discrecionalidad de los actores; unas más arcaicas o menos estructuradas que otras, al final nada se puede ocultar. El pánico escénico en el lenguaje corporal del ministro Cueva durante su reciente entrevista en Ecuavisa* exteriorizó su incapacidad para articular una aceptación política de algo que era innegable. El responsable de la cartera de Economía y Finanzas no pudo evitar que el Gobierno claudique en su promesa de campaña de no subir impuestos. El proyecto presentado no fue nada innovador, asemejándose más al de un régimen de izquierda haciendo un guiño a la derecha. ¡Tamaña sabiduría de equipo sirvió para tan poco!

Las evidencias apuntan a que Cueva no aprendió ni un ápice de manejo político al interior del FMI. Quizás no lo necesitó entonces como burócrata internacional, pero vaya que como kikuyo domesticado era imprescindible. Lasso, por su parte, buscó en el fondomonetarista Cueva una respuesta de mercado, o quizás no. Lo que obtuvo, sin embargo, fue un grillete tributarista sin clave. Craso error de cualquier manera.

Cuando algún ministro falla, los golpes los recibe el mandatario, salvo que tuviese un excepcional ministro de Gobierno. La articulación política está siendo la gran debilidad del régimen en su necesidad por aglutinar apoyo popular ante la falta de una formidable base legislativa que respalde sus iniciativas. La consulta popular se ve más clara hoy que ayer, aunque su resultado sea aún por demás incierto.

* Entrevista realizada por el periodista Lenín Artieda el viernes 24 de septiembre.

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Para considerar seriamente la concepción de moral deberíamos remitirnos primeramente a las definiciones de bien y mal, pero nos topamos con el problema de cual es el limite de esos conceptos. El problema central esta en cual es el limite de “mi bien” y de “mi mal”. Es probable que los límites individuales varien de persona a persona. Pero entonces estamos ante la realidad de la inexistencia de una moral colectiva.

Los difusos limites de estos conceptos hacen que los seres avancen unos mas allá y otros se queden de esta vereda, pero entonces, ¿quienes están mal y cual es el máximo permitido de esa concepción?, el “hasta donde puedo avanzar” o el “hasta donde debo avanzar”, se convierten en posiciones antagónicas dependiendo de cuando se consideran posibles una de ambas situaciones.

2 comentarios

  1. La cuestión parece centrarse en si hay aumento o no de impuestos a la clase media. Cuestión importante sin duda, pero lo que más me molesta es lo complicada y confusa del sistema tributario. A tal punto que en las redes sociales nadie sabe con claridad no que si hay reducción o no de las exenciones sino de las bases imponibles, nadie sabe con claridad el impacto de reducción de impuestos a ciertos (¿?) rubros. Un sistema tributario debería ser lo más simple posible. Por ejemplo: Que la declaración sea: Gané tanto, mi tasa es (e.g. 15%), mi impuesto es …
    Nada de exenciones, ni prebendas tributarias, ni subsidios. La tasa podría ser 10% para los que ganen más de 24 mil al año y 15% para los que ganen más de 100 mil. Inclusive se podría pensar en un impuesto «negativo» a la renta, es decir, el gobierno entrega cada mes una cierta cantidad a los que ganan menos de 24 mil. A esto podría compañar la eliminación de subsidios al gas, al diesel, a los agricultores, etc.

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