25 mayo, 2024

“Buses, taxis, busetas amarillas, camioncitos, volquetas y un camión” (1)

(Buenos infractores son)

Ninguno respeta el límite de velocidad, -ni la Metrovía-, son un peligro permanente, a cualquier hora del día, y por supuesto también, las camionetas 4×4 (privadas). Estos infringen la ley, y si se les reclama, te insultan.

Los buseros, creen que mientras mas grande es la unidad que manejan, mas derechos de vía tienen.

Se supone, que son profesionales, pero, para virar a la derecha, encienden la señal izquierda y viceversa, cuando reducen la velocidad, encienden las luces intermitentes, desorientando al conductor que va detrás de ellos.

Generalmente son, -los conductores intercantonales e interprovinciales-, los que mas accidentes tienen al año, con la secuela de dolor o pérdidas humanas y heridos. ¿No se los entiende, se supone que son Profesionales?.

En alguna época, prefería viajar en estos pullman, que en avión. Salía del terminal a las 12 m. y llegaba a las 6 am a la capital. El último tramo era el mejor, sin neblina, aire purísimo, la escarcha congelada, cubría como un manto blanco la carretera hasta la Capital.

Al dia siguiente, hacia mis tramites abogadiles, me alojaba en un hostal bastante aceptable, manejado por unos profesores uruguayos, (cónyuges), que habían abandonado su país, por causa de la dictadura que gobernaba en ese entonces al Uruguay. Al día siguiente, regresaba en otro pullman, a las 10 am y llegaba a Guayaquil a las 18pm.

¿Que pasaba en el trayecto, después de la bajada de la Cordillera?.

El ayudante, un joven mal vestido y sin ropa abrigada, se bajaba cada vez que recogían pasajeros en el camino y guardaba los maletines en el área inferior del bus, por supuesto, regresaba a su puesto, (junto al chofer), muerto de frío y sacaba la (caminera) para calentarse; sentado junto al chofer con una música estridente.

Este ayudante, era el que le daba de beber al chofer, para que se abrigue del frio y no se duerma en  “la bajada de la montaña”.

El pullman, paraba en Santo Domingo, donde uno se bajaba a almorzar; fueron los primeros restaurantes en asumir la servida de las comidas como en las Universidades americanas, bandeja en mano sobre las “rieles”, que servían los ayudantes del “Chef”, a cada pasajero, según su deseo, respecto del menú exhibido. Media hora después, continuaba el viaje hacia Guayaquil.

El frío se convertí en calor, ventanas abiertas, música suave, que llamaba al sueño.

Las carreteras -Santo Domingo/Quevedo y la Quevedo/Balzar,- etc., cuentan con larguísimas rectas. Los conductores ponían el control de velocidad a 60 km, (velocidad de crucero), y empezaba la “siesta” del chofer, frente al volante.

Era el tramo de mayor preocupación para mi, que viajaba en el primer asiento detrás del chofer y veía como, este chofer, manejaba casi dormido pero con los ojos abiertos.

Años después, las autoridades de transito obligaron a los choferes de estas unidades a pasar la prueba de alcotec, pero, sólo al inicio de los viajes, pero no lo exigían al termino del mismo.

Después de muchos sustos a lo largo de estas vías y el cansancio de llegar a mi destino, opte por viajar en avión, y volé en todos esos aviones de aquella época, que lamentablemente colapsaron antes de llegar a su destino, para mi, esos 35/45 minutos de vuelo, era un infierno -aviones de élise- que no “capeaban” los vacíos como los de propulsión, sino que parecía que se caían.

Pero, superé el terror y me acostumbre, después de todo, eran 30 minutos de vuelo o 6 horas de viaje por tierra.

No había la menor duda, que volar era preferible.

Hoy, es mas cómodo y mas agradable viajar en avión a Quito u otro destino.

Gracias a Dios, esos viajes a Quito en ocasiones, de ida y vuelta, en el mismo día, eran sinceramente para mi, un verdadero martirio, aún cuando, en aquellos días, las azafatas, en ocasiones servían algún whisky, o algún licor para pasar el estrés -y se permitía fumar en los aviones-, si alguien lo requería, y en otras ocasiones eran parte del servicio pagado extra, si alguien solicitaba alguna otra bebida.

Vi en aquellos días, durante aquellos viajes a muchas señoras llorar y gritar desconsoladamente durante el vuelo, y a muchos hombres importantes, llegar a Quito temblorosos y con el rostro convertido en un papel blanco.

Tiempos idos que al menos para mi, ya no volverán.

(Continuara)…

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