19 junio, 2024

¿Qué pasa en la política internacional del Ecuador?

La política internacional debe estar definida con relación a los altos intereses nacionales, además estar orientada a la mejor defensa y afirmación de estos.

Ahora bien, en la configuración de la política internacional ecuatoriana no solo interviene, como erradamente se puede creer, el Presidente de la República, el Ministro de Relaciones Exteriores, sino también otros autores,  que de una manera u otra inciden por ejemplo el Ministerio de Comercio Exterior, La Función Legislativa, las Organizaciones  no Gubernamentales, las Universidades, etc.

Es verdad que hasta mediados del siglo 20 eran los Estados y las Cancillerías prácticamente los únicos a través de los cuales se realizaba la política internacional, pero ha cambiado con el correr de los tiempos. ¿Significa eso que la política internacional ecuatoriana debe estar regida por distintos conceptos, diversas directrices que se contrapongan la una con la otra? Definitivamente no, por la simple razón que entonces no existiría una política internacional coherente, entendiéndose por política en este caso, el arte con que se conduce un asunto, empleándose los medios idóneos para alcanzar un fin determinado.

Alcanzar el consenso es propio de los regímenes democráticos, pero al consenso se debe arribar mediante un plan previamente determinado en el que prevalezca la finalidad de alcanzar los altos intereses nacionales.

Por otro lado, mucho daño nos ha causado la falta de una clara política de Estado destinada únicamente a lograr el beneficio del país, y los cambios repentinos de objetivos o, las posiciones antagónicas, solo han retrasado nuestro avance institucional.

Un ejemplo de lo afirmado se encuentran en un comentario que realiza el ex Canciller Francisco Carrión Mena denunciando lo siguiente: “El 25 de mayo de 2010, la Cancillería abrió el Consulado del Ecuador en Nueva Orleans. Tres años y 6 meses más tarde, lo cerró. El 30 de diciembre de 2011 abrió el Consulado en Guadalajara y un año 11 meses más tarde, lo cerró. El 27 de febrero de 2013 decidió abrir el Consulado en Puerto Asís, Colombia, y antes de cumplir un año, el 4 de diciembre de 2013, lo cerró.

El 20 de mayo abrió el Consulado en Pamplona, España, y solo seis meses y 25 días más tarde, el 4 de diciembre del mismo año lo cerró. El 6 de septiembre de 2011, la Cancillería abrió la Embajada en uno de los países más caros del mundo, Singapur, y la cerró 2 años 8 meses después. Algo parecido sucedió con Portugal. Abrió la Embajada el 20 de diciembre de 2011 y la cerró el 12 de mayo de 2014, solo 2 años 4 meses después.  El asunto no queda ahí. No sé con qué peregrino criterio se han cerrado las embajadas ante Austria, Bélgica, Holanda y Polonia, todas el 12 de mayo de 2014 y todas de enorme relevancia. Se ha dicho, como justificación, que esos países no tienen embajadas en Quito y, por tanto, no están aplicando la reciprocidad. Pero ¡ironía de ironías! En Bélgica y Austria siguen las embajadas instaladas pero no están acreditadas ante los gobiernos de tales países sino solo ante organizaciones internacionales con sede en esas capitales. Un pequeño detalle al paso: ¡en Bruselas hay 5 embajadores y uno solo es jefe de misión! Paradójicamente, el principio de la reciprocidad no se ha aplicado a las embajadas que el Gobierno ha abierto en Angola, Argelia, Etiopía, Nigeria y Senegal, que no han abierto las suyas en Quito y cuya relevancia es relativa para nuestros intereses”. Comparto la preocupación del Embajador Carrión.

El otro punto consistente en el nombramiento de Embajadas ecuatorianas en algunos países de África, merece un amplio estudio, especialmente médico que le indique a nuestras autoridades las medidas profilácticas que son tan necesarias cuando la pandemia del Ebola esta diezmando países, a tal punto que la Organización Mundial de la Salud ha dispuesto una serie de medidas sanitarias y de prevención, a las que las consideran muy necesarias.

Por los motivos expuestos, ratificamos que la política exterior debe estar dirigida a la defensa de los más altos intereses nacionales sobre todo tipo de interés o de ideología.

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