16 junio, 2024

Como cierran el año los que no tienen luz

Los que tienen problemas graves de salud, emocionales, psicológicos, económicos. Los que no encuentran una salida a sus problemas.

Me he sentado a pensar en la manera de regalar luz a todos aquellos que sufren. Lo primero que viene a mi mente son las oraciones de los fieles, en las misas de Juan Ignacio Varas en el AEI (Asilo de enfermos incurables) de Guayaquil, a la que asistimos como familia durante muchos años. Él siempre pedía por los que no encuentran un sentido a la vida. Y ese es el mayor sufrimiento que puede enfrentar un ser humano, no tener un por qué, ni un para qué. No amar a nada, ni a nadie, especialmente a sí mismo.

Entonces recordé uno de los libros que más ha marcado mi vida, El Hombre en busca de Sentido, de Viktor Frankl. El famoso psiquiatra alemán estuvo en varios campos de concentración y relata que pudo observar que dos personas sometidas al mismo sufrimiento, a la misma enfermedad grave, y en la misma deplorable condición física, respondían de diferente manera; uno moría sin más, y el otro sobrevivía. La única diferencia entre ambos era el sentido que le daban a la vida. El que creía en “algo”, el que tenía una espiritualidad, que creía en algún tipo de trascendencia, sobrevivía; mientras que el que no encontraba un sentido más allá del físico y material, y había perdido toda esperanza, moría. Dice Frankl al respecto: “el hombre debe encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual”.

Frankl explica que la única ilusión de los prisioneros era un pan, un baño templado, una sopa caliente. Que no escuchó de deseos sexuales en esas condiciones tan extremas, a diferencia de lo que el psicoanálisis postula. Al respecto, dice: “Una característica principal era la carencia fundamental de vida sentimental porque todo lo que no sirviera para conservar la propia existencia, carecía de interés. Sufríamos en el lager de una ‘hibernación cultural’ con dos excepciones: la religión y la política. Especialmente conmovían y enternecían las oraciones o los ritos improvisados en un rincón del barracón o en la penumbra del camión de ganado en que regresábamos al campo desde el lejano lugar de trabajo”.

Dice el autor que el sufrimiento asumido responsablemente no le quita sentido a la vida. Esto supone cumplir con las obligaciones que la vida nos asigna en cada momento. Esto implicaría asumir el sufrimiento como una de las tareas: nadie lo puede hacer por mí, ni debo abrigar falsas esperanzas, ni darle la espalda.

Frankl llegó a la conclusión de que el amor es la fuerza fundamental del ser humano. Dice que lo mantenía vivo el recuerdo de su esposa y el amor por ella y su familia: “el amor es la meta más elevada y esencial a la que puede aspirar el hombre”, y añade: “el amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su sentido más profundo en el ser espiritual del otro, en su yo íntimo”.

La propuesta de Frankl es que los seres humanos expuestos a sufrimientos extremos e inevitables conservan una elección: su libertad interior para elegir su actitud y su sentido, elige cómo sufrir, elige cómo vivir y para qué vivir.

Quiero también citar a Oprah Winfrey, en su libro “What I know for sure” (Lo que sé de seguro). Cuenta en su libro sobre su niñez en tiempos de apartheid, sobre los abusos sexuales que sufrió en esa época de su vida, sobre su libertinazgo sexual juvenil, acostumbrada a ser utilizada, y sobre la dificultad para conquistar amor propio, a pesar de sus éxitos profesionales. Dice que la conclusión más importante a la que ha llegado es que hay que vivir “la gratitud”. Todos los días despertarnos maravillados por la oportunidad de respirar, de mirar la maravilla del universo, inclusive menciona que agradece a aquellos que le hicieron graves daños, porque fueron sus mejores profesores. Ella recomienda llevar un diario de agradecimiento y anotar cada momento “agradecible”, desde las cosas más sencillas, un helado, una mirada, un abrazo, una llamada. Pues, aún en los días más oscuros experimentamos momentos luminosos.

Finalmente, quiero recordar otra vivencia memorable de mi vida, durante una parte de mi niñez y adolescencia: las misas con Pepe Gómez, los domingos a las ocho de la mañana, en una capillita de la Ferroviaria en Guayaquil. Pepe nos invitaba a todos los presentes a conversar sobre lo que nos decía el evangelio. Los pequeños alzábamos la mano y comentábamos al igual que los adultos y, claro, esos pasajes del evangelio nunca se olvidaron. Los cantos eran tan potentes; ahora sé que eran cantos protesta, yo pensaba que eran de misa. Y uno en especial me encantaba: “un mandamiento nuevo nos dio el Señor, que nos amáramos todos, como él nos amó”. Pepe siempre nos dijo que ese mandamiento era el más importante y que resumía a todos los demás: amar.

Vuelvo a los que cierran el 2014 sufriendo inevitable e irremediablemente, y elevo mis oraciones para que descubran su libertad interior. Para que encuentren en el sufrimiento a su mejor maestro, para que elijan cumplir con aquello que el sufrimiento obliga, para que descubran lo que aman, especialmente a sí mismos. Y para que descubran su dimensión espiritual, aquella que se vive en el silencio y en la soledad, en sintonía con el amor. Amén.

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3 comentarios

  1. Querida Mónica , más que excelente!
    Me encantò y ya tiene título mi próximo artículo , «la lista»
    Desde hace algún tiempo despertar cada mañana es un fastidio para mi … Pero leyendo lo que has escrito me he dado cuenta que me vendría bien empezar a escribir esa lista, larga por cierto , de todo lo bueno , bello y encima barato, que he recibido en mi vida.
    Gracias por tus palabras , me han movido las neuronas.

  2. Tía, gracias por regalarme ese libro maravilloso de Viktor Frankl que es un tesoro al que acudo cuando la luz parece lejos. Que en este año que empieza aprendamos a sufrir con calidad. La quiero siempre.

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