22 junio, 2024

La edad es un castigo

Normalmente no nos atrevemos a tocar el tema de la vejez, igual que el de la muerte; cuando somos jóvenes jamás pensamos que vamos a envejecer y peor aún, que algún día vamos a morir. Este tema lo ha abordado con amplitud la escritora francesa, Simone de Beauvoir, compañera inseparable de ese grande de la literatura universal, también francés, Jean-Paul Sartre. El libro La vejez que con razón se ha dicho que “Con su lucidez y su valentía proverbiales, Simone de Beauvoir encara uno de los problemas cada vez más acuciantes en la sociedad contemporánea: la vejez. ¿Los viejos son seres humanos?. El mundo actual parece negarlo, rehusándose a admitir que tienen las mismas necesidades, los mismos derechos que los demás. La vejez: víctima de una cruel marginación, amenazada por la soledad y la miseria. Muchas veces se pretende ignorar esta situación. Y no es infrecuente asociar la vejez a la enfermedad, a algo que ni siquiera puede nombrarse. Este libro intenta descubrir la verdadera condición de los viejos, trata de oír una voz que debe reconocerse como humana. La desdicha de los ancianos es un signo de fracaso de la civilización contemporánea”.

La vejez, es un libro extraordinario que denuncia el abandono a que son sometidos los viejos. “Decir viejo y pobre es casi un pleonasmo”, decía Simone de Beauvoir. Muchos de los ancianos viven de la caridad, especialmente de organizaciones de voluntarios, que se preocupan, especialmente de ancianos abandonados, pobres y desvalidos. Si bien es cierto, desde las más altas esferas de los gobiernos, abundan discursos falsamente respetuosos, frente al real tratamiento que se les da a los viejo, pura hipocresía. El anciano pasa a ser un estorbo, una carga, porque ya no forma parte de la población económica activa, por lo tanto, es condenado a “una muerte social”.

“La muerte social” se establece gradualmente, cuando nuestras facultades se nublan, la memoria falla y la salud es frágil, pero también puede ser porque el viejo y la sociedad tiene dificultad para comunicarse, para expresarse y para ocupar un lugar digno en la sociedad.

Algo totalmente diferente ocurría en las antiguas civilizaciones, ya que en ellas la vejez era honrada y reconocida como una etapa plena de sabiduría, por eso existía el Consejo de Ancianos, órgano importante que no podía prescindir el monarca; además, antes de tomar decisiones importantes debía consultarle.

El destacado columnista Diego Ordoñez, en su artículo Otro paquetazo tributario, señala:

“En esta cruzada impuestera ni siquiera se excluye a los ciudadanos de tercera edad. El beneficio de retorno del IVA en los hechos quedaría eliminado pues se devolverá exclusivamente el pagado en los consumos de productos de primera necesidad. Cambio tramposo pues la mayoría de esos productos no está gravado con el IVA”.

Vale la pena transcribir lo que señaló en el Japón el Doctor Marco Proaño Maya (un gran defensor de los ancianos) en el encuentro mundial de Seguridad Social: “Un país que no respeta a sus viejos, está muy lejos de la justicia y muy cerca de la vergüenza”.

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En enero del 2015 cumpliré 20 años como periodista. Y a lo largo de todo ese tiempo tengo el sano orgullo de decir que he servido más con el ímpetu con el que he vivido mi profesión que ocasionado daño con mis errores que sí, los he tenido y, sin lugar a dudas, los tendré. No he hecho periodismo para acumular medallas. Para que la gente me admire. Para adornar mi personalidad con el premio Pulitzer o el del ITV o las portadas de las revistas que aquí, principalmente “las peluconas”, siempre le dan la vuelta a los mismos. Mis causas en este camino han sido las de los menos favorecidos, las de aquellos a los que se les negó la oportunidad de denunciar. Las de los maltratados por el sistema. Las de los estafados. Las de los que fueron humillados por la indolencia y el sórdido quemeimportismo.

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