23 julio, 2024

Contagiar Ilusiones

“En este mar de ilusiones/ donde las olas en su justa acracia/ cabalgan las cimas de lo imposible; donde el silencio es voz que no cesa/ clamando en este desierto de miseria/ y donde el olvido se hace presente/ dibujando mañanas que jamás llegarán; en este mar de ilusiones propias y ajenas/ quiero perderme sintiendo que me pierdo.

Aquí, en esta quietud que acaricia los recuerdos/acompañando las miradas que atraviesan los reflejos; en este sagrario de promesas y de anhelos/ donde el rumor del mar es el único consuelo; aquí erijo mi legado de sueños muriendo un poco más, aquí donde calla la voz esperando el alba.

A este mar de ilusiones/ llego con las alforjas del alma/ esquilmadas por la ceguera del mezquino/ las manos vacías de dar lo que tenía/ y un suspiro escapado como único/ presente en la llegada y en la partida; en este mar de ilusiones propias y ajenas dejo mi ayer y mi hoy… ….voy dejando todo lo que soy”.

(© jpellicer en: http://www.latino-poemas.net)

Lo bello de las personas es que se pueden comunicar de muchas maneras, no solo con la palabra sino con el testimonio de los gestos y de la historia de cada cual, independientemente de nuestras ideologías, de izquierdas o derechas, de nuestros éxitos o fracasos, de nuestras grandezas o miserias, todos los hombres y mujeres somos capaces de levantar sueños, contagiar ilusiones. Y esto es el trabajo de los educadores de todos los tiempos.

El antiguo colegio Javier, hoy Unidad Educativa Particular Javier, fundado por los padres y hermanos Jesuitas del Ecuador, entre ellos el padre Alfonso Villalba SJ, tuvo como uno de sus destacados alumnos al abogado Jaime Nebot Saadi. Destacado para unos, criticados por otros, todos somos perfectibles. Pero Guayaquil, sin la contribución de este hombre, con sus aciertos o errores, hoy no es “el Guayaquil de mis amores”.

Alfonso Villalba SJ como tantos otros educadores del Javier, P. Jorge Chacón, Pedro Barriga, Paco Cortés, lo único que han querido no es solo “enseñar gramática o la doctrina cristiana”. Sino encender corazones y levantar ilusiones en la fusión de las “letras y virtudes”. Hoy Guayaquil, es una de las ciudades que más ilusiones y autoestima de sus habitantes levanta por la gerencia de lo público. No solo remodelaciones de cementos o parques, iglesias y centros educativos, sino buscar armonizar contrarios y planificar el futuro de tanta gente que llega a esta ciudad de varios lados de nuestro Ecuador. Verdaderamente, Guayaquil es el destino de muchos, la casa de todos. Nos falta más equidad, es cierto, pero caminamos con otros, buscando “en este mar de ilusiones propias y ajenas ir dejando todo lo que soy”. Esto nos lo enseñaron Alfonso Villalba, Paco Cortés y otros al ser educadores de calidad humana. Nunca pensaron en forjar un alcalde, sino un cristiano y ciudadano responsable. Esto es lo que entendió Jaime Nebot, hace 50 años atrás, que 50 años después, comparte lo que un colegio Jesuita, como el Javier le enseñó. Lo dijo a los jóvenes de segundo y tercero de bachillerato el viernes 20 de diciembre del presente año, como el legado de sus educadores:

“A mí lo que me enseñó el colegio Javier fueron tres cosas: 1) un cristianismo bien entendido y nada espiritualizado, 2) un Humanismo Integral: ni capitalismo salvaje ni comunismo totalitario, sino el ser humano capaz de tomar decisiones y darse cuenta de la realidad y responder a ella con responsabilidad, jugándoselas el todo por el todo, y 3) lógica. Un colegio jesuita ante todo enseña a pensar. Contando una anécdota de su profesor de lógica el padre Villalba SJ, cuando fueron a interceder por un amigo que perdía la materia por un punto. Villalba respondió: “Regalar puntos, negado. Revisión de examen posible. Pero en lógica jamás”.

Para los que hoy estamos en el campo de la educación ignaciana/jesuita y no solo la confesional, ante tantos retos, desafíos y cambios más impuestos que consensuados, sin negar la necesidad de los mismos urge tener presente el para qué de nuestra misión de educadores: forjar corazones, clarificar inteligencias para ser ciudadanos y cristianos responsables ante el hoy de la historia. Ante todo nos toca despertar sueños y contagiar ilusiones: “en este sagrario de promesas y de anhelos/ donde el rumor del mar es el único consuelo; aquí erijo mi legado de sueños muriendo un poco más, aquí donde calla la voz esperando el alba”. Creo que es la mejor manera de prepararnos para el año nuevo, reflexionando sobre nuestra misión desde nuestra identidad. FELIZ AÑO.

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Había una vez dos princesas gemelas que vivían en el reino de los sueños. Cada una habitaba en un castillo junto al de la otra y habían tenido todo lo que su padre el rey les había podido regalar durante su vida.

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Por las tardes salían a caminar por su jardín y se encontraban. La una era muy insegura y solo pensaba en como aplacar su inseguridad. Todo lo que hacía debía servirle para que se sintiera menos insegura y por ello desconfiaba de todos. Siempre pensaba que la engañaban y por eso tenía que tenerlo todo bajo su control.

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