22 junio, 2024

Balada en la Alameda

Siguiendo con los versos de José Ángel Buesa, quiero presentar ahora uno de sus versos más cadenciosos, un estilo antiguo de versificar, que es muy musical y agradable. Creo que en la poesía romántica en general, Buesa es un referente obligado para las almas que interiorizan los sentimientos.

Duele ver cómo el mundo ha ido dando la vuelta y del amor romántico y tierno, se ha pasado al deporte sexual, donde lo que importa es el placer, no el sentimiento.

Me da pena ver el camino que le queda a nuestros descendientes. Quizás soy un negativista por mi forma de pensar retrógrada, pero creo que el amor debe ser la base para toda relación humana. Si no se ama, no se vive. La vida puede tener todo el erotismo que le queramos poner, pero si no hay amor, no hay vida. Los sentimientos deben aflorar y por ello, creo que el leer poesías románticas ayuda a llevar ternura al alma y a la relación humana. La intimidad del hombre y de la mujer es el sitio más íntimo del ser humano. Si se lo presenta abiertamente a todos, deja de tener esa intimidad que nos lleva al deseo de conquista de la otra persona.

Siempre defenderé el amor como la capacidad más sublime que nuestro Creador le dio al ser humano. La capacidad de sentir, de hacer sentir, de volar, de llegar a un mundo de fantasía, como alega en un verso Juan de Dios Peza, al hablar de que el novio llevará a la novia a vivir al capullo de una rosa, es al menos para mí, necesario para poder sentir que estoy vivo.

Pero disfrutemos de la maravilla de la inspiración de José Ángel Buesa, en su “Balada en la Alameda”

Balada en la Alameda

José Ángel Buesa

Era el silencio miel sobre seda
y era un ungüento de paz, la brisa.
Yo iba del brazo con tu sonrisa
por la alameda.

Tu boca dulce como un olvido
me dio sus jugos bajo el follaje
y su chasquido
rozó mi oído
como el plumaje
de un cisne herido;
como un encaje
desvanecido,
como un celaje
loco de viaje
sobre un paisaje
desconocido…

Tu boca ungida de luz de trino
bordó una sombra de frases quedas,
tu boca tibia me supo a vino
y en la hojarasca de las veredas
se alzó el revuelo de un remolino
de áureas monedas…

Y fue el silencio como una gruta,
y la quimera fue como un río
donde bogaron tu amor y el mío…
y fue tu boca como una fruta
humedecida por el rocío…

Como amputando gestos sombríos
bruñó la luna su filo de hacha,
y retorciendo sus dedos fríos,
cruzó una racha…

Yo unté de besos tu boca roja,
tu boca dulce como un regreso
y en cada árbol fue cada hoja,
un eco verde de cada beso.

Tu boca intacta me dio sus rasos,
tu voz sin bordes me dio su seda,
y en la agonía de los retrasos,
moría el roce de nuestros pasos
en el silencio de la alameda.

Envío:
La vida pasa;
la vida rueda…
Quizás se aparten
tu alma y la mía,
pero el recuerdo
nace y se queda…
Y aunque el deseo
no retroceda
y nuestra llama
se apague un día,
mientras yo pueda
soñar, y pueda
regar mis sueños
en la vereda
de la armonía,
tendré la dulce
melancolía
de aquellas frases
entre la umbría
y aquellos besos
en la alameda

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Dolores Veintimilla de Galindo

Nació en Quito en 1830 y murió en Cuenca en 1857.

Esta escritora y poetisa ecuatoriana de altísima sensibilidad fue hija legítima de José Veintimilla y Jerónima Carrión y Antepara, lojanos acomodados residentes en la Capital. En su libro en prosa, “Recuerdos”, cuenta cómo fue su vida y cómo fue la engreída de su casa en su niñez. Allí relata el sentimiento que tuvo por un muchacho de 19 años, de quien fue amiga con el consentimiento de su madre, y a quien atribuyela mayor parte de sus buenos sentimientos. Al cumplir los 18 años, contrajo matrimonio en Quito con el Doctor Sixto Antonio Galindo y Oroña, Médico natural de Nueva Granada, quien vino a Ecuador a causa de las persecuciones políticas comunes en su Patria. Él se encargó de hacerle continuar su educación literaria. Tuvo un hijo y su esposo decidió viajar a Guayaquil, donde Dolores hizo numerosas y excelentes amistades, pues la ciudad le abrió las puertas. Luego de unos años, viajaron a Cuenca y luego su esposo viajó a Centroamérica, dejándola sola en Cuenca, donde resplandeció por su cultura.

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