29 mayo, 2024

Breve diseño de las Ciudades de Quito y Guayaquil

Juan Bautista Aguirre fue un Sacerdote Jesuita, nacido en Daule, Guayas, Ecuador en 1725. Hijo del Capitán de milicias Carlos Aguirre Ponce de Solís y de Teresa Carbo Cerezo, ambos guayaquileños. Estudió y vivió 30 años en Quito. Ingresó a la Compañía de Jesús en 1758. Insigne poeta, orador y Profesor en la Universidad de San Gregorio Magno en Quito. En 1767 salió del Ecuador hacia Faenza, lugar de confinamiento para los Jesuitas quiteños, cuando fueron expulsados de Hispanoamérica y murió en Tívoli, Italia en 1786. Fue famoso en su época por su oratoria y su erudición.

Extinguida la Orden de los Jesuitas por la bula Dominus ac Redemptor de Clemente XIV (1773), Aguirre anduvo por varios lugares de Italia, hasta que fijó en Roma su residencia, bajo el pontificado de Pío VI, donde “los eminentísimos cardenales le buscaban como a teólogo y muchos de éstos se servían de su opinión en las congregaciones del Santo Oficio y de Propaganda Fide: de suerte que para satisfacer a la solicitud de todos, jamás salía de su casa por la mañana.”

De su oratoria tenemos preciosa muestra en la oración fúnebre pronunciada en las exequias del ilustrísimo Juan Nieto Polo del Águila, obispo de Quito. El habérsele designado en ocasión tan solemne es indicio de su fama de orador. Su poesía es principalmente de sus años mozos. Escribió gran número de versos que responden a una amplia temática que va desde los poemas religiosos y morales a los de tipo amoroso, a menudo mitológicos. Sigue la corriente gongorina. La mayor parte de su producción no fue descubierta hasta 1937, cuando se encontraron sus “Versos castellanos, obras juveniles, misceláneas”.

Entre sus versos más conocidos están la “Carta a Lisandro” y este “Breve diseño de las Ciudades de Quito y Guayaquil”, que sigue a continuación.

Breve diseño de LAS CIUDADES DE Quito y Guayaquil

Juan Bautista Aguirre, SJ

Dichoso paisano en quien,
con diversísimos modos
se miran los dones todos,
todas las prendas se ven,
perdona que en parabién
de tu carta no te da
algo mi amor porque ya
cuanto yo darte podía,
que era la voluntad mía,
tú te la tienes allá.

Demostrarme agradecido
hoy mi empeño viene a ser
y para poderlo hacer
de estos versos me he valido;
recíbelos advertido
de que si aún el don mayor
sólo recibe valor
del amor de quien lo da,
inmenso mi don será
pues es inmenso mi amor.

Contarte un pesar intento
por ver si puedo lograr
el que mi propio pesar
sirva de ajeno contento;
escúchame pues, atento,
que ya mi triste gemido
empieza a dar condolido
dos afectos a mi canto,
pues lo que en mi voz es llanto,
será música en tu oído.

Guayaquil, Ciudad hermosa,
de la América guirnalda,
de tierra bella esmeralda
y del mar perla preciosa,
cuya costa poderosa
abriga tesoro tanto,
que con suavísimo encanto
entre nácares divisa
congelado en gracia y risa
lo que el alba vierte en llanto;
Ciudad que por su esplendor
entre las que dora Febo,
la mejor del mundo entero
y hay del mundo lo mejor,
abunda en todo primero,
en toda riqueza abunda,
pues es mucho más fecunda
en ingenios, de manera
que, siendo en todo primera,
es en esto sin segunda.

Tribútanle con desvelo
entre singulares modos,
la tierra sus frutos todos
y sus influencias el cielo;
hasta el mar que con anhelo
soberbiamente levanta
su cristalina garganta
para tragarse esta perla,
deponiendo su ira al verla,
le besa humilde la planta.

Los elementos de intento
le miran, con tal agrado
que parece se ha formado
de todos un elemento;
ni en ráfagas brama el viento
ni son fuegos sus calores,
ni en agua y tierra hay rigores,
y así llega a dominar
en tierra, fuego, aire y mar,
peces aves, frutos, flores.

Los rayos que al sol repasan
allí sus ardores frustran,
pues son luces que la ilustran
y no incendios que la abrasan;
las lluvias nunca propasan
de un rocío que de prisa
al terreno fertiliza
y que equivale en su tanto
de la aurora al tierno llanto,
del alba a la bella risa.

Templados de esta manera
calor y fresco entre sí,
hacen que florezca allí
una eterna primavera;
por lo cual si la alta esfera
fuera capaz de desvelos,
tuviera sin duda celos
de ver que en blasón fecundo
abriga en su seno el mundo
ese trozo de los cielos.

Tanta hermosura hay en ella
que dudo, al ver su primor,
si acaso es del cielo flor,
si acaso es del mundo estrella;
es en fin ciudad tan bella
que parece en tal hechizo
que la omnipotencia quiso
dar una señal patente
de que está en el Occidente
el celestial paraíso.

Esta Ciudad primorosa,
manantial de gente amable,
cortés discreta y afable,
advertida e ingeniosa,
es mi Patria venturosa;
pero la siempre importuna
crueldad de mi fortuna,
rompiendo a mi dicha el lazo,
me arrebató del regazo
de esa mi adorada cuna.

Buscando un lugar maldito
a que echarme su rigor
y no encontrando otro peor,
me vino a botar a Quito;
a Quito, otra vez repito,
que entre toscos, nada menos,
varios diversos terrenos
siguiendo hermano, su norma,
es un lugar de esta forma,
disparate más o menos.

Es su situación tan mala
que por una y otra cuesta,
la una mitad se recuesta,
la otra mitad se resbala;
ella se sube y se cala
por cerros y quebradones,
por guaycos y por rincones
y en andar así escondida
bien nos muestra que es guarida
de un enjambre de ladrones.

Tan empinado es el talle
del sitio sobre el que estriba,
que se hace muy cuesta arriba
el andar por cualquier calle;
no hay hombre que no se halle
la vista en tierra clavada,
porque es cosa averiguada
que el que anda sin atención
cae, sino en tentación
en una cosa privada.

Hacen a Quito muy hondo,
una y otra rajadura
y teniendo tanta hondura,
es ciudad de ningún fondo.
Aquí hay desdichas abondo,
aquí el hambre y la sed se aúnan
y a todos nos importunan;
aquí en fin, ¡raros enojos!
los que comen son los piojos,
los demás, todos ayunan.

Son estos piojos taimados,
animales infelices,
grandes como mis narices,
gordos como mis pecados;
cuando veo que estirados
van muy graves en cuadrilla,
me asusto, que es maravilla,
desde que un piojillo arisco
solo con darme un pellizco
me sumió la rabadilla.

Las sillas de mano aquí
se miran como a porfía
y te aseguro a fe mía
que tan malas no las vi,
luego que las descubrí
por unos lados y otros,
viendo los asientos rotos
y quebradas las tablillas,
dije: Bien pueden ser silla,
mas yo, las tengo por potros.

En estas sillas se encierra,
llevando cualquier serrana,
mucho pelo y poca lana,
como oveja de la tierra.
Aquí, pues, en civil guerra
con femeniles enojos
son de los piojos despojos
y con dentelladas bellas,
los piojos las muerden a ellas
y ellas muerden a los piojos.

Estas quiteñas como oso
están así de cabello
y aunque tienen tanto vello,
nada más tienen de hermoso;
así vivo con reposo
sin ninguna tentación,
siquiera por distracción
me venga, pues si las hablo,
juzgando que son el diablo
hago actos de contrición….

Lo peor es la comida
(Dios ponga tiento en mi boca):
ella es puerca y ella es poca,
mal guisada y bien vendida;
aquí toda ella es podrida
y ¡vive Dios! Que me aburro
cuando imagino y discurro
que una quiteña taimada
me envió dentro una empanada
un gallo, un ratón y un burro.

Hay tal o cual procesión,
más con rito tan impío
que te juro, hermano mío,
que es cosa de inquisición:
van cien Cristos en montón
corriendo como unas balas,
treinta quiteños sin galas,
más de ochenta Dolorosas,
San Juan, Judas y otras cosas,
casi todas ellas malas.

Con calva, gallo y sin manto
un San Pedro se adelanta
y por más que el gallo canta,
no quiere llorar el Santo;
pero le provoca a llanto
de sus llaves la reyerta,
pues cuenta por cosa cierta
estando el Santo con sueño
que se las hurtó un quiteño
para falsear una puerta.

Va también tal cual rapaz
vestido de ángel andante
con su cara por delante
y máscara por detrás,
con tan donoso disfraz
echan unas trazas raras
dándonos señales claras
que, en el quiteño vaivén
aún los ángeles también
son figuras de dos caras.

De penitentes con guantes
salen los nobles por no
dar limosna y temo yo
que han de salir de danzantes.
Estos quiteños bergantes
¿Cómo harán tal indecencia?,
pues hallo yo en mi conciencia
que es muy grave hipocresía
vestir la cicatería
con traje de penitencia.

Después se ven unos viejos
beatos, brujos y quebrados
y algunos frailes cargados
con sus barbas y aparejos;
luego se sigue a lo lejos
una recua de cofrades,
después las Comunidades
y otras bestias con pendones,
porque aquí las procesiones,
todas son bestialidades.

Mil pobres despilfarrados
se miran a cada instante,
mas ninguno es vergonzante,
que son bien desvergonzados,
ciegos, mudos, corcovados
y enanos hay en verdad
tantos en esta ciudad
que yo afirmo sin reboso
que es este Quito piojoso
el Valle de Josafat.

Hermano, en aqueste Quito,
muchos mueren de postemas,
de bubas, llagas y flemas,
mas nadie muere de ahíto;
y hay serrano tan maldito
que al rezar la letanía
pide a la Virgen María
con grandísimo fervor,
que le conceda el favor
de morir de apoplejía.

A cualquiera forastero
con extraña cortesía,
sea de noche, sea de día,
le quitan luego el sombrero;
y si él no trata, ligero
de tomar otra derrota,
le quitan también sin nota
estos corteses ladrones,
la camisa y los calzones
hasta dejarlo en pelota.

Andan como las cigarras
gritando por estas sierras
que son leones en las guerras
y lo son sólo en las garras;
para hurtar estos panarras
con sutileza y con tiento
son todos un pensamiento,
de suerte que yo he juzgado

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15 comentarios

  1. Yo nací en guayaquil y vivo en españa. no tengo dinero ni soy de familia tradicional guayaquileña. pero soy guayaco…. y a toda honra….

    pero siempre me ha dado verguenza ver cómo los envidiosos y resentidos paisanos míos se pasan despotricando contra quito y contra la sierra…. y siempre me pareció que este cura aguirre, miembro de las tradicionales y desde siempre resentidas familias guayacas, fue un amargado como todos los guayacos de las familias tradicionales…..

    el guayaco de verdad, no el de las familias tradicionales, no es resentido ni tiene envidia a quito ni ala sierra. el guayaco de verdad trabaja sin fijarse en esas pendejadas de aguirres, avileses, arosemenas o los adoptados ilingwors y nebotes….

    a los mismos de siempre les apesta todo lo que no se halle inscrito en la Unión del Club. defienden a ultranza de labios para fuera la madera de guerrero huancavilca pero sería un sacrilegio sentar a un quijije o a un tomalá en su mesa o invitarlos a ser parte de la Presentación de las hijas cholas de aquellos, en las fiestas de 15 años de la fragancia impostada del Club.

    yo he vivido con serranos y los serranos son más directos cuando hablan y no son hipocritas como los guayacos…. el guayaco de apellido conocido cree que es «frontal» porque es agreviso y hasta malablado y a veces hasta grosero y vulgar…..

    el guayaco es extrovertido cuando tiene libertad económica, no así el pobre, en especial el habitante del suburbio que es introvertido y callado, pues su situación le limita a realizar los pronunciamientos en uso de su condición de librepensador que unicamente disfrutan los que en cualquier parte del mundo han logrado independencia económica….

    si guayaquil no se hubiera unido a quito, si no se hubiera mantenido en la geografia de la audiencia de quito, este rato seria parte de Perú y estaría envidiando a lima, hablando mal de lima y los limeños…… porque el guayaco puede que sea trabajador pero tambien es falto de humildad y de sentido comun….

    1. Caballero, de pronto su desconocimiento de la verdadera historia de la ciudad-puerto hace que escriba de manera peyorativa a este hermoso poema dedicado a Guayaquil. Recuerde que la historia ha sido escrita por seudohistoriadores, quienes siempre han soslayado las grandes proezas porteñas. De pronto la visión del padre Juan Bautista Aguirre sea más amplia, sólo le expongo un ejemplo de lo grandioso de la bella ciudad de Guayaquil: en tiempos de la Colonia la provincia de Guayaquil estaba conformada por las actuales provincias de Manabí, Santa Elena, Los Ríos y El Oro. La cuenca de Guayas, suelo fértil, convertió a esta parte del Ecuador en un suelo prodigioso, lleno de bonanza por lo tanto es clara la visión del padre Aguirre. Por favor antes de dar una opinión, investigue. Gracias.

  2. Pues Juan Bautista Aguirre SJ ha descrito sus realidades, propias de quien nació en Daule siendo hijo de guayaquileños, y que a su razón, la conoció y amó.
    También vivió en Quito, y por ello su descripción, habrá que ver, no se cómo, la razón de su desprecio, pero lo cierto es que eso, su desprecio, debe tener una razón. Tal vez la descripción se deba a lo que él vió, su sentir también lo dice en forma clara y tajante. No me atrevería yo, a tal distancia de años, pensar que en su verdad no hay pureza y claridad.
    Al amigo que dice y funge ser guayaco no come cuento, le ruego ser tan honesto, y decir como critica, claramente su nombre, pues es malo proceder de la manera que ha hecho al lanzar piedras y luego la mano esconder.

  3. Que poema tan pobre el de Juan Bautista Aguirre … no expresa mas que su odio y despotismo al Patrimonio Cultural de la Humanidad y a los serranos!
    Deja ver claramente lo reprimido que està y cuan sumido en su amargura se encuentra, realmente lamentable.

    Y asi tambien lamentable que recordemos este tipo de «arte» que nada bueno nos aporta.

    Ya los tiempos han cambiado, ya esto de regionalismos, de apellidos de alcurnia y linaje o de donde provenimos,es una ignoracia.. asì como tambièn es de mal gusto tomar en cuenta estos paràmetros para juzgar a una persona, hoy en dìa se debe valorar a una persona por su esfuerzo personal, sus logros, sus estudios,por su valor..

    No traigamos a la actualidad cosas obsoletas en todo el sentido de la palabra, ya evolucionemos!!!

  4. No hay q cargaersele mucho a J.B.Aguirre……recordemos q x esas mismas epocas Eugenio Espejo escribia «linduras» de los costeños……..quiza este solo le respondia a Espejo

  5. creo q este jesuita no se dio cuenta que todo lo que habla de quito, es lo que verdaderamente es guayaqil. lamentablemente se equivoco tanto al escribir barbaridades de las quiteñas

  6. Oli aver pues yo soy estudiante y me parece una forma media estúpida de denigrar a un grupo de personas (serranos), soy costeña de machala y me parece que no debería de haber este tipo de regionalismo….se ve tan tonto cuando somos de un mismo PAÍS

  7. Guayaco no come cuento no es de Guayaquil,sea honesto. En esa época me imagino Quito y sus callejuelas y como todo apretado, Aguirre de Daule, todo abierto, calles amplias como las de Guayaquil, calor aquí y frío allá. Juan Bautista escribe en ese momento su sentir y así sucedía en su interior. Yo nací en Quito, al mes me trajeron a Quevedo, estudié en Quito y Guayaquil y amo mi país, por lo tanto me encanta Quito y no hay como Guayaquil para la vida nocturna, ya que en Quito es muy cara la misma. Asquí lo importante es que Juan BAutista Aguirre le gustaba escribir y también era poeta, lo que implica aquello que sale de uno, aquí no hay otra cosa que el sentimiento del momento, Aguirre era un gran poeta y no va a escribir lo que no siente, lamentablemente estaba resentido por que lo habían enviado a ese lugar que el no quería estar y dijo lo que su corazón le dictaba en ese momento, ésq es la diferencia

  8. Como literato solo sostengo que el poema debe valorarse por sus características y no por su tema. Es un excelente poema, a la altura de Francisco Quevedo en cuanto a su tono irónico y burlesco y al arte de su composición, ritmo y rima. Lo demás es una opinión y todos tenemos derecho a opinar y disentir. Y por cierto, soy de Quito, orgullosamente.

  9. Todo texto tiene o debe tener un contexto: histórico, social,etc. este es un poema de casi 300 años de antigüedad , el contexto era distinto ,igual que las dos ciudades mencionadas , por favor debemos tener claro la época en que fue escrito , lo que se llama Historicidad, hay que contextualizarse para comprender la Literatura y la Historia

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