19 abril, 2024

Qué le pide Cristo al Ecuador a través de Benedicto XVI

Bento XVI / Benedetto XVI / Benedict XVI

“Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?” Lucas (18,8)

Éticamente nos hemos convertido en un monstruo terrorífico compuesto por 14 millones de ecuatorianos que no respetamos la ética cristiana, a pesar de que el 95% de nosotros somos cristianos. ¿Es que acaso vamos a culpar al 5% no cristiano? No. La culpa es de todos nosotros que por no involucrarnos hemos permitido que un grupo escriba un código de ética anticristiano en un país meramente cristiano. Hemos permitido que se escriba una constitución mediocre y en contra de nuestros principios. Incluso en contra de los principios de la mayoría de los que la escribieron en un acto de ignorancia o soberbia.

Lo que nos dice Cristo es: respeten la dignidad de cada ser humano. Esa dignidad implica la libertad: el libre albedrío. Si alguien actúa mal que la ley lo juzgue. ¡Pero dejemos que la gente pueda actuar!, para que pueda actuar bien. Benedicto XVI dijo que debíamos estar atentos desde hace tiempos cuando se hacía la constitución en Montecristi, y nadie le hizo caso; por eso ahora tenemos estos resultados. Debemos involucrarnos para fomentar los valores cristianos en los que se ha basado siempre el Ecuador.

Con la Constitución tenemos obligados a los doctores a romper su ética de confidencialidad, porque el Ministerio Público de Salud los obliga a mandarle una copia de cada receta de ciertos medicamentos con el nombre y número de cédula de cada paciente. Esta es una prueba de que ya no solo se busca hacer público lo privado, sino que parecería que ahora también lo íntimo se lo quiere estatizar.

Tenemos una Constitución que obliga en ciertos casos en que la mujer esté “en peligro” por ley al doctor a ejercer un aborto (que es el crimen más cobarde hacia un ser humano). Tenemos coartada nuestra libertad de expresión cuando el Estado es dueño de prácticamente todos los medios de comunicación y los que no le pertenecen le temen porque están implícitamente amenazados. Tenemos nuestra libertad limitada cuando no se cumple lo que ganó en elecciones por mayoría abrumadora: las autonomías. Nuestra libertad está totalmente restringida cuando el salir a la calle es un peligro para nuestra integridad física por todo el crimen que hay.

Y yo responsabilizo de esto al Gobierno, a las personas influyentes del país y a todos los demás ecuatorianos. Ninguno nos salvamos. Todos fuimos partícipes de este atropello a la dignidad humana. Pero ahora que Cristo ha mandado al Papa y a mí a decirle al Ecuador que nos hemos equivocado, tenemos que corregir. Por eso hizo decir Jesús a Abraham en su parábola de Epulón cuando este le pedía que les avise a sus familiares vivos que estaban actuando mal y que iban a terminar en el sufrimiento como él, que ni aunque resucite un muerto y vaya a decirles lo escucharían. Eso ya pasó con Jesús. ¿Lo vamos a escuchar esta vez? ¿O la soberbia ya nos tiene completamente corroídos? Hemos perdido ya control de la seguridad ciudadana. Se nos fue de las manos a todos, incluso para los gobernantes. ¿Vamos a esperar que se nos vaya de las manos la economía, y hasta la ética? ¿O ya vamos a ser valientes para actuar?

Otra vergüenza a la que nos hemos dejado llevar son estas familias mixtas. Una familia no es conveniente que esté conformada por una pareja homosexual. Esta pareja puede unirse en un matrimonio civil sin problema. Pero no pueden conformar una familia con hijos (por razones que serían muy extensas de explicarlas aquí pero lo haré en una siguiente entrega). La persona es parte de la familia. Si la persona no tiene libertad ni dignidad no puede cumplir su verdadero papel en la familia. Y la familia que es el núcleo de la sociedad debe estar bien. Hay que tratar de dejar de ver a las familias disfuncionales como normales. Hay que hacer sacrificios para evitarlas. Porque si la familia no está bien, automáticamente la sociedad no lo estará.

Y cierro con palabras de san Pablo “Que nadie los engañe con vanas razones, pues todas estas cosas atraen la ira de Dios sobre los rebeldes. Así pues, no se hagan cómplices de ellos. Porque en otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por tanto, como hijos de la luz.” Podemos haber cometido mil errores y seguirlos cometiendo, pero lo importante es tratar de ser mejores cada día, para que entonces, en cualquier momento que nos sorprenda el fin, Cristo sí encuentre fe sobre la Tierra.

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