23 abril, 2024

Con el tiempo…

He aprendido que… como humanos tenemos derecho a equivocarnos, pero no tenemos derecho a justificar nuestros fracasos.

He aprendido que… desear o soñar algo no es suficiente; lo realmente importante es dedicarnos a hacerlo realidad.

He aprendido que… los “hubiera” no debieron haberse inventado; no hay peor manera de perder el tiempo que vivir en el pasado.

He aprendido que… es mejor morir en el intento que morir sin intentarlo; no hay causas perdidas… sólo quienes dan por perdidas sus causas.

He aprendido que… si me detengo a oír lo que el resto opina de mí, no tendré tiempo para demostrarles lo grande que puedo llegar a ser.

He aprendido que… si quiero ser inmortal, debo apresurarme a imitar a aquellos que aunque estén muertos… Resplandecen en la eternidad…

He aprendido que… el más grande de mis miedos es sólo mi enemigo más pequeño.

He aprendido que… lo más parecido al amor… es la amistad.

He aprendido que… no hay nada que no pueda derrotar si me decido a vencer.

He aprendido que… el que me quiere hoy, puede no quererme mañana; y en el caso de que eso ocurra no me culparé.

He aprendido que… tengo derecho a enojarme; pero jamás tendré derecho a desquitarme y volverme cruel.

He aprendido que… el mejor amor es el que podemos revivir en cualquier momento; sin importar el tiempo ni el lugar.

He aprendido que… Dios no me permitió escoger a mi familia, pero si tuviera que elegir… los elegiría nuevamente sin dudar.

He aprendido que… odiar es una carga; y que no me levantaré día a día llevando peso innecesario.

He aprendido que… a lo largo del camino encontraré a gente que quiera hacerme daño; por eso llevo conmigo dosis de perdón y serenidad.

He aprendido que… aún existen personas buenas.

He aprendido a… no llorar sobre mojado; las lágrimas son sólo lágrimas, pero jamás han resuelto nada.

He aprendido que… los atributos más bellos de alguien son: su alma y su corazón.

He aprendido que… debo estar agradecida con Dios por no haberme dado todo lo que le pedí; el bien sabe por qué me lo negó.

He aprendido que… si doy esperando recibir, tendré demasiadas decepciones que contar.

He aprendido que… muchas veces el silencio es mi mejor aliado.

He aprendido que… el miedo y la ansiedad me paralizan, pero que la fe me pone en el ruedo una vez más.

He aprendido que… mientras tenga aire para respirar aún me quedan razones para vivir, que mientras tenga camino por andar aun me quedan motivos para seguir… Y lo más importante que aprendí es: que mientras siga viviendo aún me queda mucho por aprender; muchas batallas que librar, muchas lágrimas que derramar, muchas risas por reír, muchas personas que conocer, pero que he de vivir de tal manera que al final del camino pueda decir: “Nada valió tanto la pena… como la bendición de vivir”

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Por los Padres (I)

Theo

Los que tenemos la suerte de a los casi 70 años, conservar a nuestro padre, podemos manifestar la alegría de contar, no sólo con su sus consejos, con su cariño y con la alegría de estar a su lado, sino además la satisfacción de sentir como nuestra vida se siente completa, por los recuerdos de sus amigos, por la alegría de nuestros hijos y nietos (y algunos, incluso, bisnietos), y por los recuerdos vividos, por las historias ancestrales, por las anécdotas de los tiempos idos.

Quiero, en homenaje a ellos, a esos padres de hace ya algunas generaciones, poner aquí unos versos que pueden traer nostalgia y pueden hacernos recordar tanto los años de infancia, como la época de nuestros inicios en la dura tarea de educar a nuestros hijos (que, al menos hablando por mí, delegamos a la mujer que llenó nuestra vida y que gracias a ella, nuestros hijos son lo que son: hombres y mujeres de bien, hombres que miran al futuro, no con ojos de incertidumbre, sino con mirada de decisión. Quiera Dios que nuestros hijos puedan llenar sus vidas como la pudimos llenar nosotros, con amor, con fe, con coraje y decisión, con honestidad, con respeto a los demás, con la frente alta y limpia y sobre todo, con amor a Dios y humildad.

¡Su corazón siempre te habla!

Aunque no escuches porque el ruido de la vida ahoga Su voz, aunque permanezcas sordo
al sonido universal de Su existencia, aunque creas que estás solo en el silencio doloroso
que a veces es la vida, no es así, Su corazón siempre te habla.

Al despertar, en el susurro de la luz del día, al atardecer, en el sonido de la naturaleza, en
la noche, en el murmullo de la oscuridad, Su voz dice algo para ti.

¡Mantente atento! Su corazón siempre te habla.

No hay comentarios

  1. Que sabia reflexión, que inteligente manera de resumir, que hermosa capacidad de aprender, que sublime capacidad para olvidar… Me acabo de enamorar… jajaja… mentira, pero si admiro mucho lo bien que escribes.

  2. Gracias… sabios pensamientos que encierran una gran enseñanza, que siempre ha estado ahi, pero nunca nos hemos detetino como ud lo hizo para observarlas.

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