25 febrero, 2024

Cómo educar a los hijos en la libertad

La autoridad puede depender mucho del temperamento, de la forma de ser de cada hijo. No obstante, puede adquirirse, mejorarse o perderse conforme a normas seguras que conviene conocer.

Cuando a un padre o a una madre, o a un profesor, no le obedecen –en condiciones normales, me refiero–, la falta no está de ordinario en los alumnos, sino en quien manda. Repetir órdenes sin resultado, intervenir constantemente, mostrar dudas o falta de convicción y seguridad en lo que se dice, son las causas más habituales de la pérdida de autoridad.

No ha de confundirse autoridad con autoritarismo. La dictadura familiar requiere poco talento, pero es muy mala estrategia. Ser autoritario no otorga autoridad. Algunos creen que el éxito está en que jamás le contradigan una instrucción. Pero eso es confundir la sumisión absoluta de los hijos, con lo que es verdadera autoridad, no saber distinguir entre poder y autoridad.

El poder se recibe, la autoridad hay que ganarla en buena lid: se conquista mereciéndola.

Mandar es fácil. Conseguir que nos obedezcan, ya no tanto. Y lo que exige un auténtico arte es conseguir que los hijos obedezcan en un clima de libertad.

En edades tempranas era más fácil, pero con el tiempo las cosas se van haciendo difíciles, hay una mayor contestación, el chico se rebela con más fuerza ante lo que no entiende. Esto llega con la adolescencia, o antes; a veces, con motivo de la adolescencia de un hermano mayor; y, en cualquier caso, antes que en otras generaciones.

Si los padres hasta entonces han abusado de la imposición, el fracaso educativo se puede casi asegurar.

El chico tiene ahora diez o doce años. Ya no es un pequeño que obedece “porque sí”. Dentro de poco será un hombre biológica y psicológicamente independiente. Debemos prepárale para que pueda elegir libremente lo que más le convenga.

No tengamos miedo a la libertad. Enseñémosle a pensar y a decidir por si mismo. Educar en la libertad es difícil, pero es lo más necesario. Porque hay padres que, por esmerarse en dar a lo que ellos llaman libertad, no educan; y otros que, por afanes educativos, no respetan la libertad. Y ambos extremos son igualmente equivocados.

En muchos casos, el éxito de la autoridad ante el chico de esta edad está más en cómo se manda que en lo que se manda. El modo de mandar es lo que hace que valore esa autoridad de los padres, más que la importancia de lo que dicen.

Lo que mandemos ha de ser razonable. Y si es posible, que también lo parezca. A esta edad suelen ser muy razonables y un esfuerzo, un sacrificio incluso, será aceptado de buen grado si desde el principio se considera como una condición precisa para la buena marcha de algo (de la vida familiar, por ejemplo).

Otra regla básica del ejercicio de la autoridad es no multiplicar las órdenes o prohibiciones. Y más aún si se tratara de exigencias casi imposibles de cumplir. No se puede, por ejemplo, pedirle a esta edad que esté callado e inmóvil, un rato largo, o que no juegue cuando con ello no molesta a nadie, o que esté estudiando sin levantar la vista durante tres horas seguidas. En estos años, el niño es todo movilidad, y necesita expansionarse, debemos comprender su exuberancia vital. Debemos mandar, lo que razonablemente se pueda exigir.

Si actuamos con rectitud, no será preciso mentir. Todo tendrá su explicación natural.

No sería nada formativo, por ejemplo, –aunque sea en cosas de poca importancia– que vieran a su padre decir que no está cuando recibe una llamada telefónica inoportuna. O que no advierte al dependiente que le ha devuelto dinero de más. O que comenta cómo ha engañado con una tontería al hermano pequeño que no quería tomarse el biberón. O muchas otras actuaciones similares.

Si tienen alguna duda puede escribirme para compartir experiencias.

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No hay comentarios

  1. Estimado Señor Robayo:

    Como usted soy padre de familia, de dos niños de 5 y dos años respectivamente, y efectivamente hoy es mas complicado saber «ser padre». Tengo 33 años y en mi epoca los niños eramos mas dociles, quizas más temerosos e inseguros también, y hoy los niños no son nada asi. Tanto la escuela, como los programas de television les enseñan a ser mas independientes y seguros, asi lo vivo cada dia, con mi hijo de 5 años, que me sorprende con sus respuestas e inquietudes.
    La parte en que escribi que no se debe exceder las prohibiciones, me parece muy acertado, dado que los niños, son niños y no adultos, y en ocasiones esperamos que se comporten como adultos. Esto creo que exige mas conciencia por parte de los padres, en tratar de ser mas comprensivos y razonables, pero lo dificil es no perder la tolerancia con la permisividad.

    Saludos,

    Cristian D. Arambulo

  2. Tengo 43 años, estoy casada desde hace 24 años,tebgo 2 hijas adolecentes, la mayor tiene 20 y la menor 17. Me gustaria saber cual es la mejor manera de manejar una situacion de rebeldia de mi hija menor, todavia no es mayor de edad, pero me recuerda constantement que las cosas cambiaran mucho cuando cumpla 18. No obedece con facilidad.

  3. El articulista Dr. Gabriel Robayo ha tratado un tema que es de suma importancia, tanto en el hogar como en las instituciones educativas y su visión es la que siempere he sostenido dentro de mi trayectoria profesional. Compartiendo plenamente los criterios expuestos, felicito al autor por tratar el tema con mucho profesionalaismo, en una forma tan didáctica y clara.

  4. Tengo 22 años, tengo una hermana de 20 y otra de 17, pero la de 20 años está demaciado rebelde, le habla feo a mi madre, sale a bailar casi todos los fines de semana y llega casi a las 12 media noche, esto a mi madre no le agrada y se pone triste pero a mi hermana no le importa y la mayoría del tiempo sale y no llega a dormir a la casa, ella si bien es cierto es mayor de edad pero vive en mi casa y creo que debe respetarla.. Por favor quisiera saber que podemos hacer??

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