25 febrero, 2024

Desviar la atención

En los últimos días el gobierno de la revolución ciudadana trata de desviar la atención ante denuncias tan serias y contundentes como la relación con el narcotráfico y la guerrilla colombiana que tuvo el ex subsecretario de Gobierno de apellido Chauvin. A estas graves denuncias se suman otra similar donde se deja al descubierto que en la frontera norte la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos (ALDU) y el señor Chauvin habien estado repartiendo credenciales de refugiados a los ciudadanos colombianos.

Es importante aclarar que esas credenciales son falsas ya que la única institución autorizada para concederlas es el Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador. Sin embargo, hasta el momento que escribo este artículo la Cancillería no se ha pronunciado al respecto y lo que es más grave no se ha sancionado a nadie.

Por otro lado, ante estas graves denuncias que en otras épocas serian suficientes para que se caiga el gobierno, el Presidente Correa trata de desviar la atención expulsando a un funcionario de tercer nivel de la embajada norteamericana. Llama poderosamente la atención que el funcionario que expulsó abandonó el país y terminó sus funciones diplomáticas en el mes de Enero y que el Ministerio de Relaciones Exteriores debió tener conocimiento de esta situación y por lo tanto informárselo al Presidente de la República para que no expulse a alguien que no se encuentra en el Ecuador.

Asimismo, considero que antes de improvisar y hacer pública su posición a través de sus “celebres” cadenas radiales de los sábados, el Presidente Correa debería de haber actuado de acuerdo a las normas del Derecho Internacional citando a la Embajadora a su despacho para presentarle su formal protesta a nombre del país.

Por otra parte, me parece también que la acción tomada por el presidente Correa tiene tres enfoques:

Uno de orden interno pues la expulsión de un funcionario de cualquier Embajada o Consulado es una medida de carácter interno y otra de orden externo porque al expulsar a un diplomático norteamericano se unió al grupo de los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Nicaragua dirigidos por el presidente Chávez. Este grupo esta en contra del Gobierno de los Estados Unidos de América.

Por ultimo, el tercera enfoque es la intención del Presidente y del Gobierno de desviar la atención del caso Chauvin y de las credenciales falsas entregadas a los refugiados colombianos que poco se ha comentado en el país.

Pese a la reacción del Gobierno ecuatoriano, el Gobierno norteamericano ha señalado que cualquier diferencia se tratará por la vía diplomática. Henry kissinger ex Secretario de Estado menciona en sus memorias que situaciones como las que comentamos se dan para desviar la atención en asuntos internos y por lo tanto, no son consideradas como problemas internacionales por parte de los Estados Unidos de América.

Por los motivos expuestos, no se puede gobernar desviando la atención. Se debe gobernar investigando las denuncias con seriedad y castigando a los culpables. Esa es la verdadera misión de un gobernante.

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No hay comentarios

  1. Doctor Estarellas:

    No soy el autor, pero pongo en su consideración este artículo del colombiano residente en Ecuador Omar Ospina. No es santo de mi devoción ni mucho menos, pues la mayoría de cosas que escribe parece llena de resentimiento contra el medio en que se crió, pero esta vez… no queda más que reconocer que tiene razón.

    Por favor, léalo con OBJETIVIDAD. ¿Quién es el que más pierde con la EXTRA publicidad de los medios a una supuesta vinculación de Correa con el narcotráfico «por intermedio» de terceros? ¿Sabe quién?: usted, yo y nosotros.

    Luego, haga comparación entre el VERDADERO narcogobierno colombiano y el ex narcocolaborador del Ministerio de Gobierno.

    ¿NARCOPOLÍTICA O CASO AISLADO?

    Sí, es posible que la oposición y quienes han servido de caja de resonancia se estén anotando un pequeño triunfo en su confrontación con el Régimen, ad portas de las elecciones de abril. Pequeño en sus alcances, en sus motivaciones y en las miras que motivan el artificioso escándalo que ha suscitado un individuo posiblemente vinculado con el narcotráfico, seguramente partidario y amigo de los altos dirigentes de las FARC, empezando por el asesinado Raúl Reyes, y, por cierto, amigo y funcionario a las órdenes del ex ministro Gustavo Larrea, contra quien están apuntado las baterías con más sospechas infundadas que con razones válidas y comprobables. No se le perdona a Larrea su ideología izquierdista -de la que ahora parece que hay que avergonzarse- ni, mucho menos, sus acciones siempre del lado del socialismo y de los derechos humanos de quienes nunca han tenido ninguno.

    Sin embargo, se olvida que el Gobierno -cualquier Gobierno­ representa al país en su totalidad, a la nación, al pueblo. Y, por lo tanto, ese Gobierno es la imagen del país en el exterior. Imagen que está siendo deteriorada por un escándalo que no merece ni siquiera el nombre y que se remite, en su exigua pero magnificada importancia, a los hechos siguientes: el señor José Ignacio Chauvin, afiliado al partido Alianza País y ex subsecretario de Coordinación Política del Ministerio de Gobierno, conversó en algunas ocasiones con Raúl Reyes sobre asuntos que deben investigarse, como ha dicho el mismo Gobierno que tiene que hacerse. Y, posiblemente, tenga vínculos con una familia de narcotraficantes ecuatorianos, al igual que algunos miembros o ex miembros de la Fuerza Pública.

    Todo eso hay que probarlo y, de ser hallado culpable el acusado, ha de ser condenado a la pena que merezca y se establezca en los códigos, en unión de sus cómplices, si los tuviere. Pero el caso es que, hasta el momento, todo no es más que presunciones circunstanciales. Y me refiero a los motivos de sus charlas con los guerrilleros de las FARC y a sus posibles conexiones con el narcotráfico, no al hecho simple de haber hablado con Raúl Reyes media docena de veces, porque eso no es delito hasta donde se me alcanza. Como no lo es que algunos acusadores gratuitos de hoy hayan sido íntimos amigos y contertulios de Augusto Pinochet, por ejemplo, él sí comprobadamente un genocida y un ladrón. El caso debe dejarse a la Justicia: no son los propietarios de la inocencia y la virtud los llamados a juzgar y a condenar sin pruebas evidentes y sin que el reo haya sido escuchado en un juicio imparcial. Y menos pueden extenderse las presunciones a todo el Gobierno, por prurito oposicionista, sin pruebas en la mano.

    Quien debe estar feliz es el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, a quien se le dan argumentos contra el Gobierno ecuatoriano. No es lo mismo un funcionario quizás culpable de sedición y de narcotráfico, que medio partido político -el uribismo- interdicto por sus vínculos mafiosos, con la mitad de sus miembros en la cárcel y con un consejero presidencial que fue familiar y defensor del mayor narcotraficante de la historia de Colombia. No es justo que un caso aislado, por importante que sea y como en efecto lo es, se califique como ?narcopolítica? en términos tan generales.

  2. Cual gobernante? Aquí tenemos titiritero, bufón, charlatán de feria, locutor improvisado, cualquier cosa menos un gobernante. Las fotos de «la kermesse de los sábados» ha creado un nuevo vocablo: manófono: mano quebrada integrada con micrófono, para dar cátedra del más abyecto histrionismo.

    Irma.

  3. Hasta cuándo permitimos que Correa se pase de listo? Hipócritamente manda fuera del país al advenedizo de J. de D. Parra (se equivocó con el nombre su madre), para que no lo investiguen de todas las mañoserías e irregularidades que ha cometido y hace creer que está demostrando indignación por la corruptela generalizada en su gobierno y su ex-ministro de la Seguridad In y Ex. Lo mismo hizo con la guerrillera «estudiante» mejicana y seguirá haciéndolo cada vez que estalle un nuevo escándalo sobre la vinculación de su gobierno con la narcoguerrilla. Hoy en la página Editorial de «El Universo», hay un excelente artículo del Dr. David Samaniego que evidencia lo que ya desde hace tiempo hemos detectado: que Correa hace aparecer como buenas las cosas malas de su gobierno y el pueblo ingenuo se las cree. Igualmente, han aparecido unos comentaristas en este blog, que quieren hacer creer NO simpatizan con el pensamiento de un colombiano que le hecha estiércol al presidente Uribe para defender a Correa de su narcogobierno. Como si no fuera evidente que el colombiano y sus dos defensores son la misma persona. Hay que depurar este blog para que no se convierta en tomadura de pelo. En democracia se acepta toda postura, siempre que no se manosée la verdad y se insulte la inteligencia de los participantes. Sr. Estarellas, le ruego revisar el blog de Eduardo Insua NARCOGOBERNANTES? y comparar los comentarios de allí con el que aparece al inicio de éste. Atentamente,

    I. Hurtado Y.

  4. Señor o señora Hurtado, los artículos en los diario no evidencian nada, puede que expongan argumentos, pero no evidencias. Las evidencias se exponen en los procesos judiciales, e incluso en estos puede que sean desechadas.

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