La vida es una historia marcada por un sinnúmero de circunstancias que se individualizan a cada persona.

Acontecimientos, sentimientos, pensamientos y cuestionamientos, son momentos que cada ser humano experimenta desde el principio de su tiempo. Estas generalidades que se particularizan en cada uno, son experimentadas por todas las razas pensantes. Sin embargo, cuando le toca a cada uno experimentarlas, se las vivencia individualmente como si fueran únicas en su sentir para cada quien.

Desde que el ser nace hasta que muere, se hace cuestionamientos y elabora preguntas que la mayor parte del tiempo tienen sus propias respuestas.

Sin embargo, las mismas preguntas obtendrán distintas respuestas a medida que pasa el tiempo.

Anota en un papel: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Es dios tal como nos lo enseñaron?

En el mismo papel anota tus respuestas y léelas después de varios años. Te sorprenderás de ver cómo cambian tus respuestas en relación a las respuestas que escribiste.

Pero si te vuelves a hacer las mismas preguntas y vuelves a anotar tus nuevas respuestas, después de que pase otro tiempo, vuelve a leerlas y te sorprenderás otra vez de que tendrás nuevas respuestas y serán diferentes a las últimas respuestas que escribiste.

La vida y sus incógnitas incomprensibles seguirán siendo las mismas; somos nosotros los que cambiamos nuestro punto de vista sobre ellas.

La primera palabra importante de nuestra existencia, aparece en la infancia y es el QUÉ.

El qué de los primeros años, es la clave para comenzar a tener la información que necesitamos para integrarnos al mundo donde viviremos.

¿Qué es el cielo? ¿Qué es el rojo? ¿Qué es el colegio?

Estos QUÉ, evidencian nuestro limitado conocimiento y la fragilidad que tenemos para desempeñarnos en el mundo que nos rodea.

Los QUÉ comienzan nuestro aprendizaje del vivir.

Esta es la época del aprender. Somos tan vulnerables cuando somos pequeñitos, que no sabemos ni siquiera subsistir por nosotros mismos. Nuestra existencia solo es posible gracias a las decisiones que otras personas toman por nosotros. Nos alimentan, nos visten, nos curan, nos protegen. Si nos dejaran solos; moriríamos.

Estas determinaciones tomadas por otros para nosotros, son buenas si nos gratifican y malas si nos perjudican.

Después de la etapa del QUE viene la etapa del PORQUÉ.

Estos son los tiempos del entendimiento y la comprensión de lo existente.

El porqué de todo y la necesidad de comprender los conceptos y su funcionamiento, es la razón que nos permite vivir lo mejor posible nuestra existencia.

¿Por qué existen los humanos? ¿Cuál es el principio y el fin del universo?

Nuestro crecimiento transcurre averiguando los porqués de todo.

El resultado de conocer los porqués, nos permite comprender la relación entre los seres y la naturaleza, la relación entre nosotros y los otros y la relación entre el hombre y dios.

Eso sí; la relación entre el hombre y dios solo le incumbe a su conciencia.

Los porqués contribuyen al entendimiento de la vida misma y las circunstancias que necesitamos enfrentar.

Posteriormente cuando somos adultos, viene la etapa del CÓMO.

La diferencia entre el éxito y el fracaso, será por el conocimiento de estas cuatro letras.

Muchos podemos conocer el porqué de las cosas, pero pocos sabemos cómo valernos de ellas.

Muchos sabemos que las cosas están mal; pocos sabemos cómo cambiarlas.

La diferencia entre los que logran cosas y los que ven cómo otros las obtienen, está en el conocimiento del cómo se lo hace.

Las justificaciones son para los perdedores, las consecuciones para los ganadores.

En saber el Cómo de las cosas, estriba la realización del ser humano.

Por último, en la vejez se sobrevive bajo la etapa de los Cuándo.

En esta palabra se encierra la incertidumbre del final y la incógnita sobre nuestro futuro.

¿Cuándo moriré? ¿Cuándo terminaré?

La tranquilidad para enfrentar la transición a lo desconocido, dependerá de los cómo hayas vivido y los hasta Cuando lo puedas.

Lo que deba suceder, sucederá…todo está contemplado en la velocidad del vivir.

¿Cómo saber si aquello que decides es lo correcto?...lo que decidas tiene que tener dos condiciones: la primera es que lo que decidas te de felicidad. La segunda es que lo que decidas no lastime a los que amas.

No es difícil hacer lo correcto; lo difícil es saber qué es lo correcto. Pero cuando se sabe que es lo correcto, es imposible no hacer lo correcto.

Todo lo que te puedas imaginar es real. La vida solo es una ilusión de realidad.

Al final, todo nuestro libre albedrío se reduce a la elección entre obtener el mayor placer o evitar el menor dolor.

Por eso, los silencios más ruidosos están llenos de todo lo que ya se ha dicho.