Señor Ingeniero
Roberto Cuero Medina
Gobernador de la Prov. del Guayas
Ciudad.-

De mis consideraciones:

Ha llegado usted a ser el gobernante de la Prov. del Guayas.

Ser Gobernador de una provincia es un honor y privilegio ciudadano y serlo de la provincia del Guayas, a más de eso, es un compromiso histórico.

Lastima y ofende que usted haya recibido tan noble nombramiento a la defensiva y como tal se manifiesta ofensivo.

Es entendible, que por no ser guayaquileño no conoce a sus ciudadanos, desde el mínimo, a los patriarcas que hicieron de Guayaquil “La Perla del Pacífico”-

Que “se creen dueños de Guayaquil” dice usted-¡Si! decía Sócrates, ¡Ay del ciudadano que no se crea dueño de su ciudad-¡Ay del Gobernante que no defienda su ciudad de los enemigos “con mucho valor y rabia” “Como un noble perro guardián…”

Así como el Alcalde Nebot defiende hoy a Guayaquil, por lo que todos sus habitantes lo respaldamos.

En cuánto al derecho de los guayaquileños en la provincia del Guayas es porque ellos la hicieron, desde sus haciendas cacaoteras, ingenios de azúcar, sembríos de arroz con sus piladoras. Señores montubios de a caballo, lanchas y canoas que subiendo y bajando por sus ríos, como medio de transporte y luego sus descendientes criollos, mezcla de patrones con hijas de peones, hijas de hacienda con inmigrantes, zafreros que bajaron de la Sierra, extranjeros que vinieron como carpinteros, hojalateros, zapateros, aventureros que lavaban su ropa los sábados a la orilla del Guayas, hombres y mujeres con piezas de tela al hombro o su atado a la mano, recorrían los barrios y los pueblos vendiendo “los cortes de tela”, vendedores de lotería y hasta lustrabotas-todos trabajadores honrados que llegaron a ser, ellos o sus descendientes grandes industriales, comerciantes o banqueros que movieren la economía del Puerto y de la Patria, toda honra y honor ciudadano.

Habría tanto para escribir de cómo se hizo el guayaquileño, que no conoce razas, porque desde el siglo XV en que se gestó el mestizaje en América, también llegó a nuestros lares. Mestizaje, cuya única diferencia es el color de la piel de su gente: blanca, negra o trigueña.

Y hay una cosa noble del guayaquileño, el respeto y aprecio al intelecto y la cultura, al que obtiene un titulo venga de cualquiera de sus esferas sociales y económicas, al hombre o mujer “preparados” como los antiguos llamaban a los que habían estudiado.

A buena hora que en pleno siglo XXI los guayaquileños siguen preparándose, las universidades no se dan abasto y en cada uno se siente las esperanzas de un futuro mejor para Guayas y Guayaquil.

¡Señor Cuero! ¡Reaccione! Usted es nuestro Gobernador, no se deje manipular.

Sabemos por qué lo nombró a usted Gobernador del Guayas, quien lo considera inferior, es él, no los guayacos.

Esté seguro que lo respetaremos y tendrá a todos los guayaquileños a su favor, desde “los que se creen dueños de la ciudad” hasta al más sencillo de nuestros barrios.

Si actúa con inteligencia, sin complejos, odios, ni sectarismo puede triunfar.

Demuestre su capacidad, si ha sido líder de barrio, puede serlo de esta Provincia. ¡Trabaje en función de Patria!

¡Entre a formar parte de las fuerzas vivas de la Ciudad y la Provincia, reconozca su patriotismo, ellos también necesitan de usted para defenderla del odio devastador de quien quiere aniquilarla… ¡No sea usted instrumento del mal!

¡Señor Cuero!

Haga historia de la vez que Guayaquil lo tuvo a usted como Gobernador!