18 junio, 2024

¿Es la depresión post work and travel real?

Tenemos entendido que vivir la experiencia de un Work and Travel es una mezcla de sentimientos y sobre todo nuevas experiencias, ya sean buenas y malas, pero, vivir fuera de tu país por cierto tiempo y llegar a adaptarte a una nueva rutina laboral, en la que tu única responsabilidad es el trabajo y sobre todo la emoción de recibir los pagos por todo tu esfuerzo, tener la posibilidad de comprarte las cosas que normalmente no puedes y vivir una vida “adulta” y lo pongo entre comillas porque digamos que un W&T es vivir una vida de independencia fácil.
En el momento que esto se acaba, así sea que tú intercambio no haya salido como querías, el hecho de regresar a la realidad, regresar a seguir estudiando, a no ganar el dinero que ganabas en el W&T, regresar a la anterior rutina y dejar de ver a esas personas que siempre veías en el trabajo, que es muy probable que ya nunca se volverán a encontrar, si afecta.
En mi caso, que ya terminé mi intercambio y estoy a punto de regresarme a mi país, las dos veces que lo hice, tuve momentos buenos y malos, momentos en los que sólo quería regresarme a mi ciudad y otros en los que disfrutaba estar allá y ganar dinero; a pesar de esto, siempre al regresar a Guayaquil, sobre todo las primeras semanas me siento un poco triste de hacerlo y siempre me quedan ganas de volver a hacer un próximo proceso.
En mi caso a esto no le llamaría depresión, pero así es normalmente conocido por todos los J1, depresión post work and travel y se asegura que casi todos los que pasamos por esta experiencia, lo sentimos.

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Emociones

Hablemos sobre las emociones. En la película nominada al Oscar “Silver Linings
Playbook”, hay una escena donde uno de los protagonistas, la reciente ganadora del
Oscar, Jennifer Lawrence, se dispone a entrenar con Pat (Bradley Cooper) para una
competencia de baile. Se encuentran en extremos opuestos del salón y ella lo invita a él
a acercarse lentamente hacia ella, con la mirada fija en el suelo y levantando la cabeza
únicamente cuando se encuentre a mitad del camino, permitiendo así que broten en el
ambiente las sensaciones de timidez, seducción y galanteo propias del encuentro con la
intimidad. Cuando sus frentes chocan ella le dice: “¿Sientes eso? Eso es una emoción”.

Las emociones forman parte de nuestra identidad. Somos seres emotivos que sienten
antes de pensar. Existe una fuerte tendencia occidental a pensar que mientras más
racionales, metódicos y realistas seamos, más inteligentes somos. Lo cierto es que
la emoción y la razón trabajan en conjunto. La emoción moviliza y la razón guía. En
cualquier situación, nuestras emociones se encargan de hacer una primera evaluación.
Examinan la situación desde el punto de vista de cómo afecta ésta a nuestro bienestar.
Luego ocurre una segunda evaluación, donde interviene la razón. Ésta nos ayuda a
valorar si la emoción presente es saludable o no y de ello depende nuestro curso de
acción. Así, la emoción es una señal interna que indica un cambio y el pensamiento pone
la emoción en perspectiva.

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