23 julio, 2024

Primera creación

Los entendidos en la exégesis bíblica nos explican que el libro del Génesis es una narración mítico – simbólica. Esto quiere decir que, más allá de si existieron o no nuestros primeros padres, lo que se rescata es el mensaje de verdad contenido en la narración, que en el caso de los primeros capítulos sería la creación del ser humano y su consabida desobediencia.

Existen dos narraciones de la creación. La primera, la encontramos en el capítulo uno del Génesis donde se narra paso a paso y en detalle cómo fue creado todo. Los conocedores indican que este es un texto más actual, es decir más reciente. Esta narración es conocida como sacerdotal, pues posee un esquema litúrgico donde la palabra crea: “Dijo Dios”. Podemos pensar también en esa procesión litúrgica que vemos al inicio de la misa, donde primero entran los monaguillos, luego los seminaristas, después los diáconos y por último el sacerdote, siempre y cuando no tengamos un obispo que será el último en entrar. Así también veremos que la creación va de lo menos a lo más, con el ser humano en la cúspide de la creación.

A lo largo de cinco días vemos crear cielo, tierra, firmamento, lumbreras, mares, tierra, plantas, seres vivos en el aire y en el agua. Al sexto día Dios crea los animales terrestres y como cereza de la creación al ser humano. Pero hay que notar la importancia de esta creación. Todo antes del ser humano había sido bueno, pero su obra maestra fue “muy buena”, como si el mismo Dios se felicitara y se sorprendiera. Además, leemos la palabra “hagamos”, siendo un atisbo de la Santísima Trinidad. 

También hay que notar que en un solo versículo, tenemos el verbo crear tres veces: “Y creó Dios al hombre a su imagen y semejanza, a imagen de Dios lo creo, varón y mujer los creó” (Gn. 1, 27), esto es porque en hebreo no tenemos adjetivos superlativos, así que esa manera de contarnos la creación del ser humano significa la plenitud del acto. Más todavía, en un solo versículo vemos crear sus dos naturalezas: hombre y mujer, como subrayando la igualdad de condiciones y de dignidad entre ambos sexos. Vale resaltar una vez más, aunque parezca obvio, que fuimos creados hombre y mujer. Cada célula así lo indica, no solo está visible en los genitales, sino que está escrito en lo más profundo de nuestro ADN.

Es una lástima que médicos y psicólogos estén a favor de recetar bloqueadores hormonales a nuestros jóvenes que no tienen todavía permiso de conducir o tomar bebidas alcohólicas, porque creen estar atrapados en un sexo diferente al que nacieron. La transición sexual ya es una realidad con consecuencias nefastas para la salud de los adolescentes, con el visto bueno de sus padres y especialistas. Luego de eso viene la lamentable mutilación de genitales con la cirugía de reasignación de sexo destruyendo al ser humano en toda su belleza.

Atrás de esa problemática hay un fuerte engaño de organizaciones internacionales, pero sobre todo una herida profunda en el ser humano que no ha descubierto el verdadero significado de su sexualidad. A la luz de las enseñanzas de la Iglesia es posible aceptar nuestra naturaleza caída y encontrar un significado a nuestra experiencia humana. 


Artículos relacionados

Interpretación de un cuadro

Hoy voy a distraer mi atención, despertar
mi sensibilidad y recrear mi imaginación,
asomándome al encuentro de algo que
quizá no forme parte de la rutina diaria de
muchos de los que me estáis leyendo,
pero que quizá empiece a estarlo a partir
de ahora.

Y qué será ese algo que nos está
esperando, pues sencillamente una obra
de arte, la cual nos ayudará a acercarnos
sorprendidos a ese ente abstracto que es
la belleza, un ente que Schiller consiguió
atrapar en sus versos al decir que “su
encanto estriba en su misterio”. Pues sí,
vamos a desafiar las palabras del poeta
descifrando el misterio oculto en un lienzo
artístico y conseguir así terminar el día un
poco más bellas o bellos de lo que
estábamos al iniciarlo. ¡Nos vamos de
visita!

Acojo

Acojo el nuevo día, el sol de la mañana, el despertar de los niños para recibir sabiduría. Acojo el canto del gallo, el café hirviendo de deseo, los buenos días a todos. Acojo el agua que baña mi cuerpo, que limpia mi boca, acojo el beso del aire que es el mismo aire de Venus y los anillos de Saturno. Acojo y me acojo. Acojo tus ojos, la música de tus labios llenando de saliva mi nombre; acojo el horno de tu corazón y la fuerza con que ordenas “levantarse” a todos los muertos. Te acojo y regalo todo lo que acojo.

Acojo la voluntad que me ordena morirme y ver morir al otro y a los otros. Acojo la palabra nacimiento y el nacer de nuevas esperanzas y nuevos ahíncos. Acojo el arroz, la chicha y el dragón de agua que me regalo mi madre el día de todos los santos. Acojo el día que cumplí dos días de nacido y me regalaron un avión que se desarmaba y nunca más volvió a ser lo mismo. Acojo cuando te echas en mis brazos y puedo ofrecerte a la noche, a la dulzura de la sombra y a la mesa convertida en árbol de uvas.
Acojo el tiempo no vivido, lo que no ha podido hacerse, acojo a los que ya me olvidaron, los que salieron por la puerta trasera y huyeron por la puerta invisible. Acojo la oportunidad que nunca llego, la promesa que me hice mirando las estrellas, acojo mi pereza tu pereza la pereza del altísimo cuando ordeno que me pongan aquí.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×