23 abril, 2024

Estudios comparativos irreales

En días anteriores observé un reportaje comparativo entre países desarrollados y en vías de desarrollo sobre “el porqué la juventud latinoamericana no puede independizarse” cuando ha adquirido mayoría de edad. Enumeraba ciertas causales: bajos sueldos, vivienda cara, transportación difícil entre su domicilio y el trabajo, estudios no oportunos para los actuales requerimientos laborales, entre otras.

Al respecto me permito manifestar la existencia de otros que, personalmente, los considero de mayor relevancia a los enumerados por dicha investigación y no tomados en cuenta.  Enumeraré solo dos.

Esta clase de investigación entre países en vías de desarrollo y desarrollados, no reflejarían la verdad. No olvidemos que Europa tiene más años de desarrollo y crece acorde a su propio desenvolvimiento, los pueblos latinos no. Sin embargo, hay una excepción en el continente americano, la invasión inglesa de las colonias forjadoras del futuro Estados Unidos de América, sus fines y alcances fueron distintos.  

Latinoamérica no ha superado ni por educación, gobernanza, dirigencia y más, un sistema fundamentalmente centrista, personalista, unido a:

  1. Nuestros países proveen materia prima como productos agrícolas o recursos naturales a los desarrollados. En múltiples ocasiones imponen precios influyendo en la economía nacional; y
  2. El alejamiento de una industria incipiente con la universidad.

Este último lo ampliaré brevemente. En el extranjero pude observar a estos dos sectores compenetrase para superar deficiencias. ¿En qué sentido? Ejemplo, si una empresa necesitaba arreglar una dificultad con la llegada o despacho de sus productos, se acercaba a la universidad y le exponía dicha falencia.  

¿Qué hacía la academia? Procuraba atenderla mediante la posibilidad de que algún o algunos estudiantes de la carrera más afín pudieran estudiarlo y resolverlo. ¿Beneficios? De proceder con la resolución del problema empresarial, la universidad lo vendía con regalías para ella, para el estudiante y, obvio, para la compañía, con posibilidad de que ese estudiante tenga su empleo seguro, agregándose derechos de propiedad intelectual cuyas invenciones e innovaciones tienen plazos de vigencia. Todos ganaban, fundamentalmente la sociedad.

Siendo catedrática en una de Guayaquil, me ilusioné pretendiendo exponer y hacer conocer dicho emprendimiento, pero no prosperó. 

Retomando el motivo principal de este comentario, considero no son oportunas esta clase de estudios comparativos que se vuelven irreales cuyos orígenes y verdades socio-económicas y más, son distintas.  El índice o estadísticas de logros podría ser la medida adecuada.



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