14 abril, 2024

Alianza mundial

La humanidad ve con estupor como parte de ella, 280 millones y más de personas está afectada por el consumo de drogas, ilícito en que intervienen: cultivadores, procesadores, transportadores, vendedores y financieros, todos en una organización criminal bien estructurada para que esa perversa llegue a todos los consumidores, convirtiéndose en uno de los negocios de más alto rendimiento: miles de millones de dólares.

Es indiscutible que en la logística de producción y consumo los jerarcas económicos son quienes, con el suficiente dinero realizan el pago a todos sus partícipes, por ello la sociedad intuye que aquellos afincados en los mayores centros de consumo no pueden pasar inadvertidos, son de conocimiento de sus propios líderes políticos: presidentes, primer ministros, etc., a quienes aportan para sus campañas electorales, ufanándose éstos en sostener tesis insuficientes como las de combatir su producción y transporte, en lugar de impedir y castigar con frontalidad su creciente consumo en casa. Son hipocresías brutales. Las raíces de este mal están en quienes con sus inmensas fortunas y poder fomentan que este mal se multiplique.

Nuestra humanidad: sociedad y personas, debe advertir a estos hipócritas que el combate debe comenzar por casa, esto es, en los lugares de mayor consumo para curar y salvar a los afectados: adictos o enfermos; pero sobre todo encarcelando a los poderosos e intocables, afincados en los grandes centro de poder y riqueza, desde donde con sofisticados sistemas fluye el dinero de las bóvedas bancarias. Si las fuentes económicas se encuentran en los mayores centros de consumo, lógico y determinante debe ser que sus líderes políticos diseñen políticas sinceras para terminar con esta ilícita actividad.

Entonces, combatir el narcotráfico, los negocios colaterales y eliminar a todos sus actores, no debe ser de prioridad de un estado pequeño como el Ecuador. Obligación ética y moral corresponde a todos los países que están afectados: productores y consumidores. Se debe instituir una sincera y efectiva alianza mundial para salvar esta generación y las futuras.

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Impuesto Verde

Bonito nombre, incluso en su contexto, por la situación actual que atraviesa el planeta, sería algo indispensable e incluso plausible, aunque en definitiva seguirá siendo un “metida de manos a nuestros bolsillos”, lo cual como siempre, perjudicará a los consumidores finales, porque todo costo que se aumente a algo, siempre será cargado de manera directa o indirecta al “común de los cristianos”, es decir a nosotros.

Quien podría estar en desacuerdo con un impuesto “verde o ecológico” que tenga como fin concienciar a las personas del daño que le estamos realizando a nuestro hábitat, y que finalmente los únicos perjudicados seremos los mismos que propiciamos el desorden, presumo que NADIE.

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