29 mayo, 2024

«Tenés la experiencia»

Por dos años tuve una fundación. Durante ese tiempo, con mis cofundadoras, logramos ayudar a más de 200 migrantes que habían llegado a Guayaquil huyendo de su país. El tipo de soporte que les brindamos era “integral”, abarcaba desde temas educacionales hasta de salud. La fundación no opera más, pero me llevo muchísimos aprendizajes de todo lo vivido. Hoy quiero contarles una de las mayores lecciones que guardo en mi corazón gracias a esa experiencia. 

Es esencial a la hora de querer llevar un proyecto de este tipo, tener clara la diferencia entre querer realizar labor social y querer salir al mundo con una fundación. 

Realizar labor social es una actividad muy noble. Se requiere de varios recursos para poder realizarla: se necesita tiempo, materiales, preparación, transporte, entre otros. El fin de esta es mejorar la condición de vida de una persona, de un grupo de individuos o de la comunidad. Ejemplos de esto serían: apoyo escolar, visitas a asilos, visitas a centros de salud, actividades comunitarias, etc. 

Cuando hablamos de querer formar una fundación, hay que tener claro que en ésta no solo contaremos con actividades de labor social, sino que también hay muchos temas más que cubrir para poder ponerla a andar. 

Una fundación es una entidad legalmente constituida. Es indispensable que ésta cuente con una visión y una misión clara. Además, debe de poder ser sostenible económicamente, por lo que necesita ejecutar estrategias para recolectar fondos. Las fundaciones escalan con el tiempo y tienen diferentes actividades para buscar alcanzar su visión.

Hay fundaciones de todo tipo, de salud, de educación, de medio ambiente, del cuidado de los animales, de investigación científica, de cultura, y así podría decir cientos de ejemplos más. 

En mi fundación no tuvimos claras estas diferencias cuando recién empezamos, y en parte fue por eso que tuvimos que cerrarla. Sin embargo, cada vez que recuerdo todo lo que hicimos me alegro, porque me llevo grandes lecciones y grandes momentos en el corazón. Y, como me dijo alguna vez una profesora y colega, “tenés un montón ganado, tenés la experiencia”.

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