15 abril, 2024

Derecho planetario: Marco jurídico (III)

En las anteriores opiniones de esta secuencia, expuse los antecedentes jurídicos por los cuales el Derecho tuvo amplios cambios optando por lineamientos dirigidos a corregir aquellos excesos (finales de la II Guerra Mundial) que permitió a “gobiernos de derecho” volverse “gobiernos de facto o dictaduras” facilitando y originando verdaderos cataclismos de lesa humanidad.  

Ahora, resumidamente, mencionaré los dos pilares fundamentales, entre otros, para delinear la base cierta del posible Derecho Planetario, como son: la supranacionalidad o el supraestado, por medio del cual los estados renunciarían a su “soberanía nacional” considerando la vastedad del crimen que se cometiera hacia la Humanidad y a la estructura del Planeta; y, la sanción penal correspondiente facilitándose no solo la investigación sino la adecuación del delito y con justicia sancionar, debidamente, el cometimiento de utilizar los avances científicos, o ciencia en general de forma indebida, dejando sin efecto un dictamen de la Corte Internacional de Justicia de respeto a la soberanía nacional. 

Así mismo, manifestaba que el teórico Jean Bodin, su afianzador, sostuvo que el soberano encarnaba e identificaba al estado donde reinaba y administraba justicia, criterio que tuvo su evolución con el tiempo, sea por necesidad o buscar la terminación de guerras, permitió el surgimiento del Derecho Internacional como ocurrió con el Tratado de Westfalia (1648), dando inicio a cierta reforma a lo manifestado por Bodin, consolidándose la nueva visión territorial y la determinación de la religión por parte del soberano.  

El pacto social de Thomas Hobbes no solo ratificó la anterior tesis, sino que consideró que el soberano y el pueblo, unidos representaban la soberanía, dotándolo de facultades para dictar y ejercer el Poder pero aboliendo toda expresión en favor del ejercicio del pueblo. Sin embargo, John Locke restó importancia a la soberanía absoluta devolviendo al pueblo el derecho y no al soberano.

Rousseau afirmando las ideales de la Revolución Francesa, derogó toda duda al respecto determinando que el soberano es única y exclusivamente el pueblo, conjunto de ciudadanos libres, independientes, cuyo pacto social se debe apegar al estricto cumplimiento de las leyes, concretándose con la Declaración del Ciudadano y el Hombre (1789).

Carl Schmitt (s. XX) expuso que la soberanía era el eje central del Poder Político de un Estado, con lo cual facilitó el nacimiento del Derecho Positivo propuesto por Hans Kelsen, esto es, el Derecho debe originarse y ejercerse a través de las leyes promulgadas por el Estado incluyendo el uso de la fuerza siempre y cuando sea utilizada en forma legítima. 

El maestro Norberto Bobbio ratificó: la soberanía la ejerce el pueblo mediante la autodeterminación, lo cual afianzaba y rechazaba la injerencia de un estado contra otro, conforme consta en el prólogo de la primera edición de su obra cumbre Teoría General del Derecho: “En el Estado social contemporáneo, el derecho ya no solo tenía la función esencialmente negativa de proteger los derechos de los ciudadanos y de reprimir sus violaciones, sino que había asumido también la de impulsar las actividades socialmente útiles, recurriendo a las sanciones positivas (premios e incentivos) superficialmente considerados en la teoría tradicional”.

Es decir, se abrió en algo el cercado concepto de la soberanía nacional tomando en cuenta el impulso que había adquirido el comercio exterior en el siglo XX originando su intensificación o globalización. Muchos teóricos del Derecho consideran esta necesidad internacional la causa que fue allanando el camino para abrir conceptos de dominio mantenidos por siglos. (Marco Cobino, Susan Strange), teniendo en cuenta que el punto relevante de este sistema comercial fue el Descubrimiento de América (1492) y su posterior colonización lo cual no solo aumentó, sino que tomó carácter mundial por parte de los europeos hacia África, América y Asia con repercusiones que aún se viven.

El internacionalista ecuatoriano, Abelardo Posso Serrano, manifiesta en su obra El Derecho Internacional Privado y el Derecho Comunitario: “la soberanía no corresponde a los Estados, puesto que es propia de la Comunidad Internacional”, es decir, se dan pasos concretos hacia una disminución o influencia de la teoría de la soberanía nacional, encaminándonos a buscar asideros verdaderos para fundamental al Derecho Planetario, en caso de agresión a las estructuras del ser humano y del planeta, puedan ser sancionados sin que haya justificación para evitar investigaciones o sanciones como ocurrió con China y el virus originado en su territorialidad, al principio negando la visita de indagación a la comisión de la Organización Mundial de la Salud, aunque más tarde, lo permitió pero con restricciones. 

Al momento, no ha habido certezas quedando en el “limbo” de haber ocurrido intencional o no el surgimiento de una pandemia universal y sin ser sancionados.

Ante problemas de honda repercusión, hay que buscar soluciones.  Entre las tantas, en la próxima entrega ampliaré sobre la globalización, posiblemente, pretendiendo aliviar o mitigar la agresividad ambiental ante la imposibilidad de mantener un sistema de vida para los millones de seres que viven en pobreza.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×